# Remates

Columna dominical que se publicó durante dos años en la revista de La Nación (Argentina)

Feb 2016

http://www.lanacion.com.ar/autor/esteban-feune-de-colombi-5052

TODOS LOS REMATES

5-10-14

1

No es noticia que el cineasta yanqui Steven Soderbergh se hartó del cine y dirigió los cañones a las series, género en el que la descose con The Knick, que protagoniza Clive Owen. Ahora bien, pocos junan la confidencia que lo vincula sentimentalmente con Singani 63… un aguardiente boliviano que lo flechó durante el rodaje de Che y que, muy entusiasta, comercializará en Estados Unidos. En Tarija, de donde proviene el destilado, lo preparan con Coca, hielo y limón bajo el epíteto de “Chuflay”.

2

¿Qué une a Francisco Acuña de Figueroa con un mirífico canal de YouTube? Verán, el hombre es el letrista del himno uruguayo, al que agregó en 1845 la primera, célebre y poética estrofa, que reza “Tiranos, ¡temblad!”. Esa arenga bautiza una suerte de noticiero freak que se transmite los lunes por el canal más navegado del globo en forma de jocosas cápsulas de 8 minutos. El factótum es Agustín Ferrando, un montevideano que cocina su propio programa editando todo tipo de videos charrúas subidos a YouTube.

3

Van a volver a visitarnos y nos verán vibrar –así, todo con “v”– los vigorosos Calexico, esta vez en Niceto, el 22 de octubre. Abrevando en su peculiar nomenclatura (contracción de California y México), la dupla de músicos fronterizos que lidera la banda enarbolará su estrambótico batido de jazz con Carlos Fuentes, funk, algún fotograma de un spaghetti western, mariachis y Nancy Sinatra. No faltarán una pizca de su refinado antibelicismo y sobradas pruebas de que el indie puede ser otra cosa.

4

Volví a tener una campera de jean. Me siento como Seinfeld con su flamante chaqueta de cuero (segunda temporada, episodio 3). Mi adolescencia no hubiera sido lo mismo sin mi Levi’s azul, que tuvo más noches que Moria Casán (que, dicho sea de paso, tituló Memoria su autobiografía) hasta que fue engullida por algún fantasma en Ave Porco. Soy feliz con mi Cheap Monday, que podría usar con todo, incluso en cueros y descalzo. Pensar que ayer a la tarde estaba vagamente triste, con inapelable saudade, y ahora la vida me sonríe.

5

El 5 de octubre de hace muchísimos años, Andy Warhol escribió en su diario: “Diana Vreeland me llamó y me dio las gracias por haber comprado diez ejemplares de su libro Allure. Saqué a pasear al perro y juraría que vi a una exhibicionista, te aseguro que llevaba una gabardina y nada más. Pasó a mi lado y luego dobló en la esquina. Parecía un poco rara, pero, a lo mejor, había tenido una pelea y había salido corriendo de su casa. Si lees el Post, te das cuenta de que hay mucha gente rara”.

12-10-14

1

El zarpado pedigrí de Melingo –apellido griego que significa “hijo de la palmera”– incluye un largo lumpeneo por Brasil blandiendo el clarinete, toques con grosos (de Milton Nascimento a Jaime Torres) y la fundación de Los Twist y los Lions in Love, hasta que su filón rioplatense chocó con el gotán y ¡coup de foudre! Adorado en Francia, el tipo anda de yira por Europa presentando Linyera, su opus más reciente. Con bufanda enroscada al cogote, hoy canta en el mítico Trianon parisino, mañana en Viena, pasado en Londres…

2

Resulta loquísimo abismarse en la galaxia de WhatsApp, que trafica la friolera de 25.000 millones de mensajes por día (y pensar, si me permiten la cursilería, que, pese a eso, aún nos cuesta mirarnos a los ojos y decir lo que sentimos). Al grano: estas palabras liminares para llamarles la atención sobre un video que circula por WhatsApp y cuyo protagonista es un pescador del río Bermejo. El tipo engancha un surubí de proporciones homéricas, se mete al agua a abrazarlo y luego lo libera entre llantos.

3

Chez Castel, el legendario nightclub de Saint-Germain-des-Près, fue comprado y relanzado por un grupete de 16 emprendedores, entre los que figuran Thierry Costes (sí, el del hotel) y Mr. André, el grafitero que mueve la noche parisina y que además decoró el lugar. Templo hedonista, el 15 de la rue Princesse reabrió sus puertas –que se vulneran con tarjeta de socio luego de colgar el iPhone en el guardarropas– y se rumorea que refinados mocasines de charol ya lustraron la pista por la que otrora se deslizó, extática, BB.

4

Juan se analiza, Martina toma clases de yoga, Lucio hace reiki, Abril va al quiropráctico, Nicolás no se pierde las terapias multifamiliares, Dolores confía en su maestra espiritual, Patricio se hace leer las manos, Emilia es vegana, Marcos se anotó en boxeo, Sofía constela, Facundo medita, Mía corre, Jorge reza, Aurora nada, Javier canta, Teresa es homeopática, Eduardo está probando con el acupunturista, Violeta adora Pilates… Ya sé, suena muy new age, pero todos estamos en trance de mejorar.

5

Aprendimos a hacer el nudo de la corbata o, en su defecto, le sacamos la ficha imitando a otros. Ahora bien, en materia de moño, cuyo uso resucitó, muy pocos se tomaron a pecho la ciencia. La cosa va más o menos así (y corre el riesgo de comprobar que las instrucciones escritas son completamente estériles): levantá el cuello de la camisa y pasá el moño alrededor dejando que los extremos –uno más largo que el otro– cuelguen por delante. Formá un nudo simple con las puntas y ajustalo. Hasta acá llegué, me doy por vencido.

19-10-14

1

El escritor catalán Enrique Vila-Matas, indómito en su afán por borrar las rancias fronteras que dividen ficción y realidad, inauguró el FILBA con “Intensa sed de venganza”, una conferencia que leyó con notable parsimonia en el auditorio del Malba y se pesca por YouTube. Para él, de nada vale separar vida de literatura y así lo fijó: “Escribo mis viajes antes de hacerlos, consciente de que tratar de vivir lo escrito me ayuda a modificar mi destino”. Después, citó una frase de ¡Javier Mascherano!

2

Hablando de escritores, los hay que escriben chistes para chicles, al tiempo que aparecen, cada tanto, directores de cine que filman publicidades como si se tratara de versiones bonsái de sus propias películas. Un caso paradigmático es el de Wes Anderson. El cineasta tejano –que ostenta en su documento tres nombres de lo más bizarros: Wesley Mortimer Wales– dirigió piezas para Hyundai y American Express y hasta se dio el lujo de contar con actores amigos (Brad Pitt y Jason Schwartzman, entre otros).

3

Se llama El Boliche de Roberto y se lo conoce –las cosas buenas tienen varios apodos– como “Lo de Beto”. Antaño despensa, hoy ícono almagrense del tango afónico y arrabalero, se dice que allí cantó el Zorzal y que Pugliese convirtió a la pulpería en su bodegón dilecto. Jueves a la noche: los ladrillos centenarios, las rumorosas heladeras y los apretados visitantes amortiguan, totín con sifón mediante, la voz carrasposa de algún cantor que, de dorapa y sin micrófono, te eriza las pestañas.

4

El argentino Gaspar Libedinsky presentó Vitraux en la Bienal de Arte Contemporáneo de Rennes. Se trata de un entramado zurcido con 64 trapos que el artista y arquitecto recolectó luego de estacionar su auto en la calle la misma cantidad de veces y convertir la experiencia en una transacción. Cuando les pedía el paño a los trapitos a cambio de propina, ellos contestaban “¿ahora cómo sigo trabajando?”, como si esa tela les sustrajera la identidad. La obra mide 500 x 250 cm., dimensión ideal para parquear un vehículo.

5

Mirando la serie Homeland con mi novia, ella sostiene que me parezco al londinense Damian Lewis, el actor principal, y a cada rato enfoca la pantalla y después a mí para fortalecer su argumento. Yo defiendo, en cambio, que Brody es absolutamente idéntico a mi ex psicoanalista y que mirar un capítulo equivale a una sesión de terapia. ¿#Tripplegänger? Googleamos a quien me tuvo echado en su diván durante años y descubrimos, absortos, unos videos en los que el tipo interpreta canciones de Georges Brassens (¡en francés!).

26-10-14

1

Algo pasa con la calle Guardia Vieja, llamada así en tributo al combate del mismo nombre, que tuvo lugar en el contexto de la independencia chilena. ¿O será que su denominación se alinea con cierto linaje del dos por cuatro? Se dice, también, que hay un proyecto para rebautizarla “Luca Prodan”. En fin, la cosa es que en el corto trayecto de la arteria titila Guarda la Vieja, un histriónico bar que hace esquina con Billinghurst, además de La Vieja Guarida, una casa chorizo en la que se leen poemas humeantes.

2

La realidad, una vez más, le mueve el piso a la ficción: un hombre de origen holandés intentó vender en eBay su pierna amputada… convertida en lámpara ¡de pie! Resulta escalofriante ver, en las imágenes difundidas, el lívido miembro flotando en un frasco transparente. A ningún guionista se le hubiera ocurrido una idea así. El precio, módicos 128 mil dólares. “Preferiría quedármela, pero necesito la plata”, dijo su dueño, si bien el célebre portal de ventas no permite la transacción de “humanos o partes del cuerpo”.

3

Ladrillo a ladrillo, así se erige una vida. Frank O’Hara (1926-1966), su nombre; Nueva York, su amante. Operó sonares en la II Guerra. Compartió cuarto con ¡Edward Gorey! en Harvard. Urdía poemas hablando por teléfono. Era un gran pianista que trabajó como crítico de arte. Íntimo de De Kooning, murió en Fire Island. En su jauría poética aullaba John Ashbery, por ejemplo. Lean “Personism”, su manifiesto. Huesos de Jibia publicó hace poco su Meditaciones en una ambulancia, misal de Don Draper en Mad Men. Cómprenlo.

4

Recibo un mail paranoico de un amigo cineasta. La misiva se titula “no se puede escapar de Google” e incluye desopilantes links a mapas de Street View que lo tienen como protagonista (en una imagen, por ejemplo, la lente del Gran Hermano lo retrató cuando sacaba una alfombra a ventilar al balcón). Algo parecido, pero a nivel nacional, se pesca en Facebook, en la página Street View Argento, adonde aparecen múltiples bizarreadas, desde grafitis con horrores ortográficos a ovejas pastando en la vereda.

5

Entre el asombro y la dificultad y con la intención de que los espectadores experimenten algo –lo que sea– en una obra, el londinense Peter Brook sigue investigando, muy orondo, los no-límites del teatro y corriéndolos como si se tratara de finos velos, de celofanes que impone la soporífera tradición y que a sus 89 años, bastón en mano, es menester atravesar. Esta vez, sus ojos rajados, color glaciar, se posan sobre la sinestesia para crear The Valley of Astonishment, la última pieza de su trilogía neurológica.

2-11-14

1

En una apostilla a una foto de Instagram le exigieron con inquina a un cocinero icónico que se rasurara de una vez –y por todas– la insurrecta barba. Pasmoso el auge del que gozan chivas, bigotines y patillas, ¿no?, y cuyo efecto secundario es, por fortuna, el rescate del oficio de barbero, otrora revisitado por Tim Burton. Algo similar ocurre con los bicicleteros: el mío, por ejemplo, restauró mi maltrecha Raleigh de 1923 usando grasa de la época (que sólo se consigue acá, claro) y un curioso artefacto odontológico.

2

Marginal, no necesariamente “literario”, mestizo, estéticamente sexy, osado: así es el catálogo de la editorial Caja Negra. “Promover una escritura experiencial y cargada de afecto con el objetivo de elaborar un repertorio de discursos críticos que nos ayude a leer las transformaciones del mundo que nos rodea”: así se presenta Futuros Próximos, la flamante colección de ensayos de la editorial que se estrena con dos inquietantes títulos de autores alemanes: Volverse público y Los condenados de la pantalla.

3

He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por… la tecnología. De ese modo pincho la línea inicial del aullido de Ginsberg. Al decir del urbanista francés Paul Virilio, la tecnología crea sus propios accidentes; pensemos, si no, en las últimas tragedias aéreas. ¿Será que el abuso de telefonitos nos fritará el cerebro?, ¿hará que los niños del porvenir nazcan con mini pulgares? Vuelvo al profético poeta beat, circa 1955: “hipsters con cabezas de ángel ardiendo por la antigua conexión celestial”.

4

Esta noche y después en Córdoba, el cantautor más clásico de todos los modernos y más moderno de todos los clásicos nos dará otro abrazazo de los suyos, uno blanco y negro, uno agnóstico y creyente. Lo hará acompañado de los músicos coetáneos de su hijo Moreno, con los que grabó una trilogía de discos de rock alucinado y alucinante. Tiene 72 años, es al mundo de las canciones lo que Herzog al mundo del cine y dice cosas como ésta: “El lunfardo carioca está totalmente ligado al lunfardo porteño”. ¿Lo sacaron?

5

Alguien dijo que el turismo es la industria que transporta a gente que estaría mejor en su casa a lugares que estarían mejor sin ellos. En ese sentido, poco tiene que ver un turista –criatura moderna– con un viajero –criatura eterna–. Pensándolo bien, quizá ésta sea la época del movimiento que no cesa, como el rayo en el celebérrimo poema de Miguel Hernández. Arengaba un amigo en temporadas de reality shows: “¿querés tener una experiencia realmente loca? Encerrate en un Fiat 600 durante una semana”.

9-11-14

1

En épocas en que el goce parece haber sido permutado por su obsesivo registro a través de costumbres cada vez más chocantes (verbigracia, los drones, y con resultados siameses), no hay refrán que mejor le calce al hoy que unas líneas de Pompeyo que luego le birlaron la Liga Hanseática, D’Annunzio, Pessoa y Caetano: “Navigare necesse est, vivere non necesse”. De eso se trata, en parte, el menudo intríngulis en el que nos bamboleamos como niños sin madre. Navegar resulta indispensable, vivir no.

2

No me mueven el amperímetro los dictámenes de quienes, en la Real Academia Española, velan por nuestra riquísima lengua (la tercera más hablada del mundo) y levantan o bajan el pulgar desde mullidas poltronas. Después de 13 años de modorra actualizaron su diccionario, en el que aparece por primera vez la contracción noventosa “amigovio”, definida como “persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”. La pifiaron, otra vez. Se imponían “amigarche” o “follamigo”.

3

Domingos atrás escribía –desde un lugar incierto, como siempre– acerca de la rotundidad con que la hibridez ha venido a copar nuestros corazones. En ese sentido, bravo por las propuestas que desafían, alterándolos, el orden de ficción y el orden documental, y osan establecer que el género no es más que… una tela. Vale la pena, pues, recordar al documentalista brasileño Eduardo Coutinho (asesinado a principios de año por su propio hijo), director del superlativo film Jogo de cena, disponible en YouTube.

4

¿Qué pasa con Miami, eh? Se rumorea que la ciudad está cada vez más ciudad, que los estadounidenses cancheros todavía no la descubrieron y que su carácter frívolo y consumista al mango –ícono noventoso por excelencia– se empata, ahora, con suculentas propuestas culturales. Tanto es así, que el parador La Huella exportará sus elixires al barrio de Brickell, pero con otro nombre. Se llamará Quinto, estará dentro de un mall y contará, para el sorpresivo periplo, con socios de capitales anglo-chinos.

5

Habrán oído del renacimiento de los cineclubes, ímpetu del que se han contagiado las editoriales independientes, que florecen a la sombra de las grietas –el verso del himno de Leonard Cohen– que dejan los grandes monopolios de libros, pero ésa es harina de otro costal. El BAMA arrancó con dos salitas (una en San Telmo y otra en el subsuelo del hotel Elevage) y ahora se afincó en el lugar que ocupaba el Arteplex del centro, a pasiiiiiitos del Obelisco. Vayan: no extrañarán el susurro de los pochoclos.

16-11-14

1

Hay gente, me contó una arquitecta que viaja a menudo a Uruguay con su loro Edgar en la guantera del auto, que decora las bibliotecas de sus casas con libros que se compran por metro (en MercadoLibre cuestan alrededor de $100 c/u). Los exhiben a la manera de trofeos en lustrosos estantes, pero sin jamás haberlos leído u hojeado. Me viene a la memoria un decreto de John Waters –hombre del bigote-ciempiés– que suavizo por decoro: “No te acuestes con alguien que no tiene libros en su casa”.

2

El couchsurfing como sinónimo de apolillar en casas ajenas, el carsharing para compartir aventones, el crowdfunding como forma de “micromecenazgo” y ahora el mealsurfing, palabra que define la plataforma digital que une a quienes aman comer con quienes adoran cocinar. Los hermanos porteños Magdalena y Tomás Bermúdez fundaron Cookapp, una aplicación que permite degustar, solo o acompañado, un tremendo menú en la casa del cocinero que elijas (en plan chef’s table). ¿El secreto? Ser un noble anfitrión.

3

¿Se afligieron? Sosiéguense: el cine no ha muerto, sólo cambió de formato. El cuarto capítulo de la primera temporada de la serie Fargo –según Noah Hawley, el guionista, “un tributo a los Coen”– no tiene desperdicio. Al margen de que Billy Bob y Martin Freeman den una soberbia clase de actuación, el podio es para la dupla de matones Numbers y Wrench. Interiores de un diner. Día. Uno de los dos es sordomudo, así que charlan mediante señas, que se traducen como subtítulos, pero en mitad de pantalla.

4

Hace algunos fines de semana, el Kun Agüero le estampó un póker de goles al Tottenham. Terminado el encuentro, entrevistaron al santafesino Mauricio Pochettino, director técnico del equipo derrotado, quien comparó al delantero del Manchester City con… Mozart. Luego, los periodistas fueron a buscar al Kun; consultado por la analogía, contestó, radiante, que no conocía al vienés. ¿Qué procuraban? A los pocos días, una modelo sublevó las redes sociales moviendo los pechos al ritmo de la Serenata nº13.

5

“La única vez que me aplaudieron fue cuando vivía en una casa sin timbre”, dijo el hombre embolsado cuando me acerqué a conversarle. Dromómano de ley, el señor de polietileno recorre la avenida Santa Fe con demoníaca parsimonia. Me recuerda a Moondog, que, pese a tener un pied-à-terre en Manhattan, fue durante décadas el méndigo más célebre de NY, ciudad que trajinaba vestido como Odín. Era ciego, se codeaba con Toscanini y hacía una música preciosa con instrumentos inventados y sonidos callejeros.

23-11-14

1

Mañana lunes, en el marco del Music Wins Festival (¿cuándo dejaremos de lado el inglés en un país hispanoparlante?), tocan los Kakkmaddafakka, una banda de noruegos cuyas presentaciones en vivo son descocadas. Hest, su segundo disco, fue producido por el fértil Erlend Øye, otro escandinavo oriundo de Bergen que se presentará, también mañana, en el Mandarine Park (¡ay!), pero acompañado de The Rainbows. La invasión vikinga podrá contrarrestarse con el francés Yann Tiersen y los australianos de Pond.

2

Mi novia, que es una cocinera sublime, trabajó hace un tiempo con Mauro Colagreco. Resulta que el único chef argentino en cuyo palmarés titilan dos estrellas Michelin –y que abrirá en Lorenzo de Agrelo, la bodega de Tinelli, su primer restaurant en tierras celestes y blancas– le hizo descubrir una semillita arrugada del tamaño y el aspecto de una pasa de uva. ¿Su nombre? Tonka. ¿Su origen? Las zonas tropicales del continente. ¿Su gracia? Un perfume almendrado con acento a vainilla. ¿Su uso? Secreto.

3

Ayer tuvo lugar en Malasia la segunda carrera de la Fórmula E, novísima categoría automovilística que se desarrolla en circuitos urbanos de distintas ciudades. Los monoplazas son eléctricos –todos marca Renault en la primera temporada– y revolotean por delante del público como zumbidos de mosca; por eso, un DJ fogonea el evento en vivo. El estreno fue en Pekín y pronto llegará al Sur: el 13 de diciembre copará la Brava de Punta del Este y el 10 de enero, las femeninas calles de Puerto Madero.

4

Un editor me explicó la diferencia entre un best seller y un long seller: un libro que se vende en un tris (o no, y pasa a engordar las filas de las ofertas) y otro que se esfuma con paciencia, como el dolor. Desconozco la relación entre eso y la salida de Poetamenos, un libro del “concreto” Augusto de Campos que acaba de publicar N Direcciones en formato de estuche y firmado por el autor. La tirada es de 100 ejemplares y se acopla al sereno furor con que vinilos colonizan bateas de algunas disquerías.

5

La SUBE fue trending topic días atrás porque su millonaria auditoría pasó a manos de la Facultad de Económicas de la UBA. Parece que, por razones obvias, el uso de la tarjeta es cada vez más popular. Entre otros desencadenantes, eso suscita que un montón de chetos que viajaban en taxi se suban ahora, sin pruritos, a un bondi y protagonicen, entre bandazos, cacareos desfasados y sin gollete. “Gorda, decime, ¿en qué parada me bajo?”, interroga una y objeta la otra: “Tipo ni idea, preguntale al chauffeur”.

30-11-14

1

Ambientada en los 50 y publicitada con el sello “basada en hechos reales”, la serie Masters of Sex sigue de cerca a un ginecólogo que estudia, junto a su bella asistente, la conducta sexual de las personas. Comprometido con la investigación, el dúo estelar también se entrega a la ciencia y se revuelca en una camilla, los cuerpos sembrados de ventosas. El sexo que vemos consta de cuatro fases –excitación, meseta, orgasmo y resolución– que el doctor Masters y Ginny anuncian quirúrgicamente, trenzados, conforme suceden.

2

Uno de los tantos intríngulis al que nos enfrenta la tecnología es el del almacenamiento. De aquí a poco tiempo necesitaremos mucho más que unos modestos roperitos portátiles para acopiar los gigas que producimos a través de fotos, videos y otras creaciones digitales. Ya somos presa de nuestros dispositivos de bolsillo y más aun, nos someten con látigo a la hora de, por falta de espacio, borrar mails o comprimir imágenes. Y todo eso, ¿para qué? Al parecer, “¿para qué?” es la gran pregunta del psicoanálisis.

3

Conozco a un hombre soltero que hace unos años se mudó a Colonia, a una chacra situada a pocos kilómetros del casco histórico. Sabio y jubiloso, el tipo oscila entre estar solo y estar acompañado, cosa, esta última, que sucede cuando una suiza o una israelí ocupan el cuarto de huéspedes, publicado en Airbnb. Ahora bien, a este señor lo han ido rodeando los sembradíos de soja transgénica, cultivo que le mató prácticamente todo, menos una planta mágica que crece a raudales, luminosa. ¿Cuál será?

4

Aterricé en un festival de música tumultuario en el que tocan diez bandas por día. Como estoy crecido para hacer pogo y frotarme con espaldas húmedas, me acomodé a una distancia prudencial del escenario. Una horda de celulares extáticos colaboró para que me distrajera. Sin embargo, más me distrajo (o me atrajo: ¿acaso la distracción no es atracción pura?) la enorme pantalla del evento por la que seguí los tics del líder de Arctic Monkeys. A mi lado, farfulló una mujer: “prefiero verlo en DVD en el living de casa”.

5

El supino desafío de internet pasa por clasificar la desquiciada mole de informaciones que pare por segundo. Uno de los deportes más entretenidos es empalmar datos de la red que a priori no se corresponden entre sí. Divertimento igual o mayor asesta Google con sus diccionarios surrealistas. Si proceso en la página del Translate la estrofa inicial –en francés, claro– del poema “Canción de otoño”, de Verlaine, obtengo lo siguiente: “Los largos sollozos / Violines / Caer / Daño a mi corazón / En languidez / Monótono”.

7-12-14

1

Diviso con frecuencia, a mi alrededor, serios apetitos –religiosos o heréticos, depende– de ubicuidad. “El tiempo existe para que no todo pase a la vez y el espacio, para que no todo te pase a vos” es una sencillísima frase de Susan Sontag que revoca la ambición omnipresente y zanja, de refilón y con llanura, dos conceptos filosóficos de magnitud. ¿Se entiende algo? Considero que andamos ensimismados: trenzamos los segundos, solapamos las horas, entretejemos los días y licuamos, así, la memoria.

2

Jesús es fotógrafo y vive en Punta del Este junto a sus dos hijos y su mujer, una pintora que hace lecturas de aura. Una tarde compraron un terreno cerca del mar. Lo visitaron varias oportunidades y decretaron que imitarían al laborioso hornero que levantaba su nido sobre un poste de luz aledaño. Pusieron, literalmente, manos a la obra. En familia pisaron barro con agua, paja y arena y erigieron, de a poco, una casa ecológica y térmica que no precisa equipos de aire acondicionado ni calefacción.

3

Escribo con frenesí adolescente una palabra que vengo de descubrir y que quizá no hayan leído nunca: girocóptero. Se trata de una suerte de mini coche-avión con pala de helicóptero y ruedas de triciclo. El auténtico “auto volador” del futuro que tantas veces presagió la ficción científica se concretó por iniciativa de PAL-V, una compañía aeronáutica holandesa. Preso de un embotellamiento, el grácil modelo “One” es un bicharraco capaz de plegar las alas y levantar vuelo en lo que canta un gallo.

4

En época de copiosas ofertas (sexuales, telefónicas, políticas…), las listas vienen al dedillo para organizar el deseo consumista, rotor de un capitalismo cada vez más pachucho. En internet las hay para todos los gustos en variopintos portales. Un pionero del asunto fue el escritor francés Georges Perec, célebre integrante del movimiento OULIPO y muy leído por estos lares. Atisbó el autor de la insoslayable novela La vida instrucciones de uso: “Nada resulta tan único como para no entrar en una lista”.

5

Qué tristeza, hace un mes murió Alicia Oliveira, aguerrida defensora de los derechos humanos e íntima del Papa. La conocí en calidad de intérprete de un periodista suizo que entrevistó a varios allegados de Bergoglio; congraciamos de inmediato en sucesivos almuerzos en una fonda de Almagro. Tres días antes de partir, la visité en su casa. Estaba muy callada, supuse que no me reconocería. Hice un chiste, pasaron unos minutos y me señaló profiriendo un “Esteban” jocoso. Fue la mejor de las despedidas.

14-12-14

1

Dejó dicho Kurt Vonnegut –el novelista yanqui de Matadero 5, libro joya– que existen pocas tramas literarias (prueben: son extensibles a otras disciplinas). Verbigracia: “Alguien se mete en un lío y después zafa; alguien pierde algo y lo recupera; alguien es víctima de una injusticia y se venga; alguien empieza a ir cuesta abajo y así continúa; dos se enamoran y mucha gente se entromete; acusan falsamente a una persona virtuosa de haber cometido un crimen; alguien inicia una investigación para conocer la verdad de un asunto”.

2

En épocas de sujetos polifacéticos, circula por Vimeo un documental dedicado a Brascó, ese hombre vuelto apellido que le dijo “chau” a este mundo hace unos meses. Durante el estreno del vino con el que la bodega Catena Zapata le rinde tributo, proyectaron un fragmento de la película en la que el más renacentista de los modernos recuerda a su mascota Killer, un temible guanaco que, ante el asedio de algún compañero de escuela, expelía sus teledirigidos escupitajos “malévolos-verdes” con la orden “kill”.

3

Quizá debido al furor exhibitorio que nos asedia viene resurgiendo con ímpetu la performance en distintos formatos, desde las propuestas multitudinarias de los neoyorquinos de Improv Everywhere a las intervenciones para un único espectador que el porteño Matías Umpiérrez urde con TeatroSolo. En una rancia mansión –otrora iglesia, otrora editorial– del turbulento barrio de Bushwick, en Brooklyn, dos cineastas franceses abrieron Bizarre, un bar en el que todas las noches se asiste a descarriadas performances.

4

De padre paraguayo y madre argentina, Elena nació en Francia, pero su pasaporte, por un extraño acaecimiento diplomático, es uruguayo. Ella lo exhibe en las aduanas con mucha honra. Ahora está con su hija y su marido, de origen canadiense, en el aeropuerto de Casablanca, esperando un vuelo que los depositará en la capital sudafricana, adonde visitarán a una pareja de artistas: una se crió en Cuba, la otra en Sudán, y ambas adoptaron a dos hermanitos rusos. Así las cosas, ¿cómo puede ser que todavía pensemos en fronteras?

5

En las sierras cordobesas, sin señal de teléfono, TV ni wi-fi. Apenas despiertos, llenamos una canasta con ciruelas que se convertirán en mermelada. Mi novia quiere subir a Instagram una foto de la dulce cosecha; no hay forma: “sin servicio”. Me propongo, entonces, rasguear este parrafito a mano, sin acceso a internet, un poco como Henry David Thoreau, liberado o preso –depende del cristal con que se mire– en el corazón de la más pura analogía y confiando (¿confinado?) únicamente en mis instintos y mi memoria.

21-12-14

1

Los románticos alemanes usaron el concepto “zeitgeist” para referirse al “espíritu del tiempo” (con ese nombre Google elabora un informe anual de las palabras más buscadas). Un signo del presente –un presente escurridizo como una anguila– es el de la languidez con la que ciertos cuerpos zigzaguean por zambras ocultas que se penetran con bisbiseos. Híbridos, andróginos, histéricos: da igual el rótulo, las siluetas, vestidas con jeans comprimidos y remeras inertes, se contonean a la manera de fantasmas.

2

Hace años escuché –de boca de un diplomático, esos nómadas de traje y corbata– que el inglés “mal hablado” sería el idioma del siglo 21. El dictamen me pone a prueba cuando, frente a un extranjero que no habla castellano, me veo forzado a negociar un punto medio farfullando la lengua de Shakespeare. Alguna inquietud no exenta de estupor me visita al constatar la fama de Duolingo, una aplicación creada por un guatemalteco para aprender idiomas acatando la voz robótica de una profesora virtual.

3

Me provoca mucha intriga lo que acontece, por decirlo así, debajo de los pies: alcantarillas, desagües, sumideros, pasadizos, túneles… Pues bien, la estación de subte Leandro N. Alem –la sigla reservada del político y masón oculta un “Nicéforo” apócrifo, al parecer–, de la línea B, sonríe a diario con un selvático mural, obra del artista misionero Ignacio de Lucca. El hermoso trabajo integra la serie Arborescencias, inspirada en la idea de “rizoma”, uno de los hits de los filósofos franceses Deleuze y Guattari.

4

Charlaba con mi hermana, que me hizo tío de dos sobrinas encantadoras, de lo pacatamente heterosexual que sigue resultando la educación. ¿Qué les voy a decir a mis hijas –me preguntó– cuando, dentro de poco, se topen con un par de mujeres apretándose en la esquina o con una pareja de hombres empujando un cochecito? Mejor sería que en la TV exista, por ejemplo, un animé en el que una niña se enamore de otra. Rememoraba la conversación en la divertida casa de una yunta de amigos gays que adoptaron a un hijo.

5

En tren de ventilar mis frivolidades diré que hoy, a mis 34 años, accedí por primera vez a un par de slippers. ¡Ah, el placer de la vez primera! Son de terciopelo azul Francia y se usan con todo. Nos examinamos, nos gustamos. Los describiría como una suerte de mocasín principesco, en las antípodas de las botas de Van Gogh. Por lo que veo y leo, se trata de los tamangos “último grito”, sobre todo desde que se subastaron los de Bernie Madoff, que tenían, bordadas, sus iniciales en las punteras.

28-12-14

1

Oigo que los campos de hoy no se asemejan a los de antes, que zorros y lechuzas han desaparecido y que las tierras, diezmadas por plantaciones transgénicas, pronto lucirán yermas. En casa de amigos, en Pilar, diviso una liebre bajo un plátano. La percibo fofa, casi sin reflejos e imagino que ella y miles de otros animales partirán de sus madrigueras hacia Buenos Aires; achanchadas, ciclópeas, nos terminarán devorando. Para otras fantasías del estilo, lean Caza de conejos, del uruguayo Mario Levrero.

2

Yvonne, mi bisabuela materna, era una loca genial de origen suizo, amante de los animales, las excentricidades y los guantes. Según me contaron, recomendaba no hacer regalos que fuesen útiles. Esa consigna siempre me pareció bárbara (además de muy estimulante). Para mí, cualquier presente debe ser fruto de delirios efímeros o de alguna manufactura propia: desde un poema manuscrito, hasta una foto, pasando por una torta. ¿Cómo pensar en la inutilidad en temporadas signadas, justamente, por lo contrario?

3

Me fascina tanto caminar, que hice una obra de teatro a pie cuya inspiración abreva en El paseo, un librito admirable del suizo Robert Walser, un escritor que Kafka leía tronchándose de risa. Me apena pensar que las ciudades expulsan cada vez más a los peatones y que la caminata como medio de transporte está en vías de extinción porque abole la lentitud y la urgencia de resultados. Rumien esta idea: a razón de 40 kilómetros por día, cualquier peregrino uniría Ushuaia con Alaska en menos de dos años.

4

Con el furor espacial que nos han inoculado Rosetta y Orion –los nombres podrían servir para bautizar a una pareja de perros callejeros, ¿no?– aprendí palabras que desconocía, como el bello verbo “amarar” (según la RAE: “posarse en el agua”). Estas noticias inverosímiles producen en mi ineptitud terrenal más metáforas e imágenes que novedades científicas. Péguenle un vistazo, si no, a la cuenta que la Misión Rosetta tiene en Twitter, desde donde, muy oronda, la nave transmite en primera persona.

5

Después de publicar sus diarios bicicleteros, el escocés David Byrne –creador del sello multicultural Luaka Bop y otrora líder de Talking Heads– expone sin pelos en la lengua, en su libro Cómo funciona la música, las mutaciones que suscitaron la tecnología, los negocios y la arquitectura en nuestro modo de crear y escuchar canciones. Escribió: “Ayer pagábamos por la música: tocarla, escucharla y experimentarla era una experiencia extraña y especial. Hoy, el silencio es la rareza por la que pagamos”.

4-1-15

1

Vivía en Ginebra y debía viajar a Atenas en plan gasolero. Luego de un largo periplo que no escatimó meneos terrenales, aéreos y marítimos, una sabia mujer del mar Egeo soltó al viento, desde un velerito destartalado, el siguiente apotegma: “Mientras el espíritu de un hombre esté libre, no habrá forma de retenerlo físicamente”. Cavilé en esas sílabas salinas yrecordé al poeta inglés Rupert Brooke, que murió en 1915 en Grecia por la picadura de un mosquito cuando iba de camino a tomar Constantinopla.

2

La notable afición ¿porteña? de referirse a la flacura o la gordura de cuerpos ajenos con ligereza. Me flanquean por la derecha, en el bar señero del microcentro, cuatro valetudinarios ingleses que comentan, con estupor rubio y longilíneo, cómo los ciudadanos de Buenos Aires trotan o corren por las veredas, hacen ejercicio y se ensopan –al borde del espasmo– en combinados deportivos último modelo. Por la izquierda, una pareja de señoritas tirantes se felicitan antes de saludarse: “¡Qué flaca estás!”.

3

No sólo los geeks levantan online. Hace rato vienen suscitando un reputado, temerario runrún las simplísimas aplicaciones Tinder y Grindr, ideadas, básicamente, para tener sexo en modo hetero, gay o bi, al que se accede luego de un epifánico “alcoyana-alcoyana”, un chateo de lo más directo y la consabida cita. Como suele suceder, internet redobla su apuesta y contraataca, ahora con 3nder, una plataforma social que ofrece la posibilidad de organizar tríos y que ya coronó 80.000 revolcones.

4

Es perentorio que hablemos de Lana Del Rey, pseudónimo de Elizabeth Woolridge Grant. ¿La conocen? Caso negativo, deberían. Se trata –como tituló la revista Rolling Stone en su reciente edición– de la última femme fatale del rock. Dubitativa, tristona, chúcara, ambivalente, frágil, tortuosa, desconfiada: así se presenta esta joven cantante neoyorquina que compuso dos temas para Big Eyes, la nueva película de Tim Burton, una biopic que gira en torno a la vida de la pintora Margaret Keane y su marido.

5

En los 50, de vacaciones en Salzburgo para visitar a su amante, Coco Chanel se hospedaba en el hotel Schloss Leopoldskron, un palacio rococó del siglo 18. Allí, la diseñadora quedó flechada con el uniforme del botones, que la inspiró para crear su mítica chaqueta de tweed (luego popularizada por la actriz Romy Schneider). Esa historia quedó plasmada en un corto que dirigió Karl Lagerfeld, que además acaba de presentar la colección –totalmente artesanal– Métier’s d’Art, de Chanel, en la ciudad austriaca.

11-1-15

1

Gran porcentaje del arte contemporáneo más ridículamente oneroso se hornea en galpones con aire a fábricas, fruto del sudor de operarios que se hacen llamar “asistentes” y que muchas veces son más artistas que sus patrones. “Jamás el arte se había despojado tanto de las metáforas”, decretó la crítica mexicana Avelina Lésper, siempre mordaz. La aseveración cae por su propio peso en los pellejos de un siglo más habituado a asimilar que a discutir, más encandilado con la estética que con la ética.

2

Veo con asiduidad en el barrio del zoológico jaurías de caniches toy de pelaje nieve-virgen que penden de una correa de cuero chillona tironeada por sus amos, a menudo ordinarios: hombres y mujeres de mediana edad, de humor inverso al de sus mascotas saltarinas. Veo, también, afiches caseros fotocopiados que abrazan postes de luz con la intención de recuperar a perros perdidos. Por desgracia, casi todos los caniches toy blancos e impolutos –un can antiguamente cobrador y aristócrata– son un calco.

3

¿Oyeron hablar de los hikikomori? Si la palabra no les suena, va de nuevo así no reculan: hikikomori (en japonés, “estar recluido”). Se trata de aquellas personas que encarnan, a veces por años, el más fóbico de los ascetismos. Confinados en la redundante geografía de sus cuartos y enchufados al exterior mediante la tecnología, estos “célibes parásitos” –al decir de algunos sociólogos– fueron literaturizados por Vila-Matas y se asemejan a la máquina soltera que ideó Marcel Duchamp hace un siglo.

4

Ludmila me recibe en su consultorio de Balvanera, regado de objetitos indescifrables. De origen ruso, esta mujer de unos 45 años se dedica a la decodificación biológica, una de esas terapias alternativas que sacuden el interés de esotéricos (y no tanto, como yo). Salteadas las preguntas de rigor, sigo las instrucciones y a los bifes: cierro los ojos y me encuentro en algún lugar del inconsciente con mis padres, de niños. Los perdono, los abrazo, los convierto en “pulgarcitos” y los almaceno en el corazón.

5

Es un físico sudafricano que nació en 1971 y cofundó tres empresas revolucionarias: PayPal, Tesla Motors y SpaceX. Con una se adelantó al boom de la banca online, con la otra puso a los autos eléctricos en la picota y con la última se anotó un poroto en materia de vuelos espaciales. Con ustedes, Elon Musk, el emprendedor que dejó a sus competidores patidifusos cuando en junio liberó las patentes al resto de los fabricantes de vehículos sustentables. ¿Su próxima locura? Hyperloop, el tren del futuro.

18-1-15

1

¿Notaron que varias de las míticas esquinas porteñas están empezando a oler a palo santo? Ese perfume osado y dulzón proviene del humo de la madera quemada del bursera graveolens, un árbol que crece en gran parte de la costa pacífica de Sudamérica y que peruanos o ecuatorianos –a veces chamanes– venden en, pongamos, Corrientes y Callao. La especie fue descrita en 1872 en la revista francesa Annales des Sciences Naturelles y sus palitos ardientes se usan para espantar mosquitos y malas energías.

2

La poesía circula hoy por inspirados recovecos como un bien de lujo. Cuando trasciende el mote de inédita, se publica en modestas tiradas –muchas de ellas, pagadas por los autores– de 50, 100, 200 ejemplares que se agotan al cabo de muchísimos años. Se llega, incluso, a fotocopiar algunas páginas (recuerdo “La gran salina”, de Ricardo Zelarayán, volando por los aires) que viajan de ojo en ojo hasta pulverizarse. ¿No pasa lo mismo con un reloj heredado o con una cupé de la que existe un puñado de unidades?

3

De los miles de actores estadounidenses que monopolizan las pantallas del globo, no hay, a mi entender, uno como Bill Murray (sí, hay otro: Harry Dean Stanton, pero roza los 90 y se lo ve, por desgracia, cada vez menos). Sucede que el protagonista de Broken Flowers actúa en Olive Kitteridge, la aclamada miniserie de cuatro horas que tiene a Frances McDormand como productora y figura principal y que descolla en el último episodio cuando tropieza con Murray tumbado en el piso, junto a un banco de plaza.

4

Al menos una decena de editoriales independientes tiene en su catálogo una novelita de César Aira, estrategia que el mago de Coronel Pringles usa desde siempre para desperdigar su copiosa obra: nada por aquí, todo por allá. Se dijo hasta el cansancio que escribe una página por día, a mano, en algún café del barrio de Flores, pero, ¿por qué será tan gozoso repetir y revindicar sus condiciones de producción? Ésa y otras razones encontraron en Francia para distinguirlo con el premio Roger Caillois.

5

Reparaba hace algunos domingos en el busilis –palabra recién descubierta– al que nos somete el almacenamiento “virtual”. Con neurótica prolijidad viene Spotify a amansar, como un ansiolítico, el fárrago musical de archivos que suele acometernos, jubilándolos (a destajo labura la tecnología, envejeciendo todo lo que toca). Ahora descubro que en el titánico repertorio de la aplicación sueca hay canciones que no fueron escuchadas ni siquiera una vez. Para rescatar esos 4 millones de temas se inventó Forgotify.

25-1-15

1

Este quinteto de miniaturas no se propone captar la novedad strictu sensu –quimérico afán– sino un aire de época (y sus discordias). Un primo arrinconó a un DJ en un casorio: “Si la canción no tiene un negro en la banda, no la pongas”. Fiel a ese adagio, desde hace un par de años me obnubila Brittany Howard, la líder de Alabama Shakes, una banda de cepa Motown que suena infernal en ruta o en hogar. Una vuelta de LP a Boys and Girls y no quedan dudas, la música ES negra, tan negra como Spinetta o Bowie.

2

Se dice entre freudianos que la histeria –vistosa palabra de raíz griega que en sus orígenes significaba “útero”– es sinónimo de no consumación y que ahí radica su goce perverso. Hoy en día la tribu histérica no deja de centuplicarse, justo cuando se propagan referencias eróticas en formatos variopintos. Yendo al grano: en Punta del Este, puro simulacro, se arrima, se seduce, se besa, pero se concreta poco. Como placebo para superar cualquier síntoma lean el Diario de un seductor, de Kierkegaard.

3

Creo –puedo estar equivocándome sin que el equívoco sea catastrófico– que el marketing gobierna tristemente nuestras vidas y que así como hay empresas que se presentan de una manera, existen personas que se venden de otra. Resulta hasta comprensible que mientan las empresas (y fabulen sobre cómo les gusta vestirse a sus consumidores más fieles), pero no tanto que lo hagan las personas porque entramos directo y sin escalas en un fangoso malentendido en el que chapoteamos sin esperanzas. ¿Ideas de salvataje?

4

La actriz, cineasta y escritora Miranda July se define como un ser analógico que recientemente apostó al mundo de la tecnología para provocar interacciones “reales”. Creó Somebody, una aplicación que, como decenas de otras, consiste en el envío de mensajes, salvo que en este caso el recado llega “ao vivo” en el cuerpo y la voz de un usuario-mensajero que se encuentra cerca del receptor. Si el cuento los intriga, rastreen en YouTube el corto de July que auspició Miu Miu y explica la inaudita plataforma.

5

Hace tiempo que los grafitis –cuando era adolescente, creo recordar que se llamaban “pintadas”– depusieron las catacumbas y coparon, sin tabúes, paredes de baldíos, puentes o confiterías abandonadas, muchas veces con la venia de marcas y festivales. Pues bien, hay uno muy sugestivo que adornó durante años la puerta de mi casa y que siempre me llamó la atención por las conjeturas que suscitaba: “bardeaste”, decía en letras negras. ¿Lo había pintarrajeado un amante iracundo? El caso es que no lo vi más.

1-2-15

1
Mañana se cumple un año de la muerte de Philip Seymour Hoffman, uno de los actores más singulares de Hollywood, industria versada en decapitar talento. Por fortuna, el protagonista de la refinada The Master paseó su arte por dos películas un tanto menores que se estrenaron póstumamente: God’s Pocket y A Most Wanted Man. Además, lo veremos en la próxima entrega de la saga The Hunger Games, un film cuyo rodaje su partida interrumpió, pero en el que, para algunas escenas, su personaje fue ¡digitalizado!

2

Una amiga se casa en las sierras uruguayas de Rocha. Antes de la ceremonia –decorada con los fulgores de un atardecer à la Turner– hago migas con Zachary. Mide dos metros, se especializa en compost y parece salido de una vista de Kaurismaki. Promediando la charla, saca un canuto del bolsillo y lo espolvorea en el dorso de la mano, que lame. Se trata de esencia de cannabis preparada por él, pero “sin THC”, aclara. Me da de probar y accedo sin preámbulos a todos los perfumes concentrados de la marihuana.

3

No es la primera vez que salgo a hacer las compras y me topo en la vereda con un grupo de extáticos corredores en pleno trote: llegan a la esquina, tocan el semáforo y, jadeantes, rajan disparados hacia la otra bocacalle. Tomado por la curiosidad, espero a que liquiden la rutina para entender de dónde salen, hacia dónde van. En pocos minutos el misterio queda revelado: son abducidos por un gimnasio de luces fosforescentes en el que se practica CrossFit, un tipo de entrenamiento de alta intensidad.

4

Espoleado por el cotorreo de unos turistas porteños que oí en un bolichito de Punta del Este, acometo una extraña práctica. Ellos se asombraban del sabor de los tomates charrúas, nada que ver con los vernáculos. Llego a casa, agarro un tomate, lo rebano a la mitad y lo miro de cerca recitando el poema “23”, de Alejandra Pizarnik: “una mirada desde la alcantarilla/ puede ser una visión del mundo/ la rebelión consiste en mirar una rosa/ hasta pulverizarse los ojos”. Permuto “una rosa” por “un tomate” y listo.

5

Iba a hablar del músico yorugua Martín Buscaglia –vienen muy “país vecino” estos textos–, pero me voy a referir al artista yorugua Antolín, un personaje en todo sentido que está casi virgen de internet, de modo que escribir sobre él viene a ser doblemente retador. Se sabe que Martín está por sacar un disco a dúo junto a esta especie de bigotudo dadaísta con aspecto de Don Ramón que canta agitando las manos y moviendo el cuerpo, de improvisación en improvisación. A no confundir con el Antolín argento.

8-2-15

1
Luego de llevarse el premio del público en el Bafici y de un fugaz paso por un par de salas porteñas, el documental que el fotógrafo Marcos López le dedicó a Ramón Ayala desembarcó en la red (vimeo.com/65182062). Se trata de una oportunidad soñada para entrar en el fantasioso mundo del letrista y cantor litoraleño que compuso odas como “El cosechero” y que inventó el gualambao, único ritmo latinoamericano que se escribe en compás de 12/8. Una rareza: Wallas, el líder de Massacre, es su sobrino.

2

Presentan a todo trapo unos flamantes Aston Martin en casa de Eduardo Costantini, en Punta Piedras. Converso de bueyes perdidos con la “musicalizadora” del evento, cuyo catering está a cargo de Fernando Trocca, hasta que reparo en dos mujeres de unos cincuenta años echando humo de sendos cigarrillos –aprendo entonces– electrónicos. Estos “eCigar”, como se los llama, funcionan a batería, liberan nicotina y su espeso humillo puede contener distintos perfumes, desde almendras hasta pócimas propias.

3

El fotógrafo alemán Juergen Teller retrató a la escritora estadounidense Joan Didion para la más reciente campaña de Céline, la marca francesa que dirige creativamente la diseñadora británica Phoebe Philo. Al margen del juego de las nacionalidades, la enjuta novelista de 80 años posa blasée, melena canosa y gafas negras enormes. Otra casa gala, en este caso Saint Laurent, anunció que la modelo de su próxima colección será la cantante Joni Mitchell, fotografiada en plan folk por Hedi Slimane.

4

No hago apología del autodidactismo, pero, en tiempos en que la educación es un commodity que revolea diplomas y maestrías que los graduados cuelgan en casas de sus padres, vendría bien, como sugiere Christian Boltanski, cultivarse a través del oído y el encuentro. En un edificio gótico de Palma de Mallorca, el proteico y despistante artista francés situó su fantasmático teatro de sombras, una instalación que se puede visitar hasta el 20 de febrero y que, en sus palabras, “es un juego de niños”.

5

Hace unos días murió Arnaldo Calveyra, el poeta con los ojos celestes más celestes que conocí en la vida. Había nacido en el pueblo entrerriano de Mansilla y desde 1960 vivía en París, ciudad que caminaba a diario para después escribir sus textos desconcertantes, feéricos y divinos. En una entrevista que le hice hace diez años y que jamás se publicó, me contó con mirada de niño pícaro de sus peroratas con la lluvia y pactamos redactar juntos un hipotético Diario de tormenta que queda, ahora, trunco.

15-2-15

1

Dejó de gotear, el cielo es azul desde la ventana de mi living; si quieren hacerme creer que llueve, adelante, y todo será como en el poético final de Molloy, la novela de Beckett: “Entonces entré en casa y escribí: Es medianoche. La lluvia azota los cristales. No era medianoche. No llovía”. ¿A qué me refiero? A la obcecación que hemos desarrollado por la meteorología, errática ciencia detrás de la cual nos encuadramos, testarudos, blandiendo pantallitas que profetizan vientos, temperaturas y ciclones.

2

Le pregunto a mi hermano, que tiene 17 años, qué está viendo en la televisión. “Nada”, contesta, “miro YouTube”. Ipso facto exijo una sarta de recomendaciones, de la que descuella Good Mythical Morning. Se trata de un dinámico talk show diario conducido por Rhett y Link, dos amigos de la infancia oriundos de Carolina del Norte que se autoapodan “internetainers”. La dupla creó un programa genial en el que inventan palabras, adivinan los pensamientos de un perro y se entregan a retos descabellados.

3

Talibanes carnívoros y talibanes veganos: los extremos se tocan –¿bife versus lechuga?–, es cierto, pero yo, que todavía funambuleo por los andariveles del centro, aprendí a tomar lo bueno de ambos bandos. Amparado en esa filosofía y en pos de una desintoxicación amateur (cero alcohol, cero comida empaquetada, etc), me aboqué durante dos días a ingerir un colorido repertorio de jugos que prepara el cocinero crudívoro Diego Castro, incluyendo leche de almendras, pócimas violetas y brebajes inmunológicos.

4

Recibo este mail en la casilla de spam (palabra surgida en la Segunda Guerra –cuando los soldados recibían latas de carne de idéntica apelación– que ancló en la cibernética gracias a un sketch de ¡Monty Python!): “Mi más querido, le hago saber mi deseo de establecer una fundación de caridad en su país con la suma de U$S 4 millones que heredé de mi difunto marido (el señor H. Johnny). Lo declaro heredero en el nombre de Dios y, si usted es una persona sincera, transferiré los fondos a su cuenta”. No soy sincero…

5

En el segmento “viejos copados y productivos”, encumbro al longevo Manoel de Oliveira. Con 106 tacos recién cumplidos, el cineasta portugués estrenó hace unos meses su cortometraje “O Velho do Restelo” en el festival de Venecia. En épocas de cámaras ajetreadas, vale la pena escuchar –imaginar una voz sabia, apenas quebrada– la defensa de su cine de planos estáticos: “¿Acaso movemos la cabeza a lo loco para mirar algo? No, las cosas se mueven delante de nosotros y las seguimos, a veces, en una panorámica”.

22-2-15

1

Fin de semana de pesca en el Delta profundo. Cosecha magra, poco importa: la carnada es pretexto, señuelo de prédicas fluviales y meditaciones. Dormimos en una modesta cabaña al borde del arroyo Diablo. Sorpresivamente amarra frente a nuestro sueño una lancha miedosa. Dentro, una pareja: él viejo, ella joven. Un baqueano cuenta, al despertar, que el hombre no pegó un ojo en toda la noche: “caminaba, poseído, de acá para allá”. El pícaro diagnóstico establece que el Viagra prolongó su embrujo.

2

Si por algún motivo que no merece elucidación amanecieron con ganas de sobrevolar las poliédricas vida y obra de Nick Cave, este texto les viene como anillo al dedo. Abran el explorador de su computadora, tipeen peliculasid.biz y siéntense a ver –si las deidades del altruismo digital todavía se los permite– 20.000 días en la tierra, el ¿rockumentary? que celebra los 50 años del icónico músico australiano. Volcánicas sus rumias psicoanalíticas, cautivante su manejar à la chofer privado por Brighton.

3

En fachadas y cornisas de edificios paulistas se ven pintadas hechas con singulares jeroglíficos inspirados en los alfabetos rúnicos. Se trata de la pixação, un método grafitero-tipográfico que se realiza clandestinamente, en altura y que surgió en los 60 como protesta frente a la dictadura. Hoy, su carácter vindicativo e ilegal se las agarra con la pobreza, la delincuencia y la corrupción. Dicen que un “pixador” arrestado debe comerse el pico de su aerosol porque, si no, la policía lo usa para pintarle la cara.

4

Instrucciones para preparar la cera orgánica que cuidará tus rastas: 1) Herví agua en una cacerola y colocá dentro un cazo con cera de abejas; 2) Cuando la cera se haya derretido, agregá aceite de cáñamo y manteca de karité; 3) Al rato sacá el cazo, esperá que la mezcla se enfríe y revolvela con gel de aloe vera; 4) Disolvé bórax en un vaso de plástico con agua tibia; 5) Añadí 15 gotas de aceite de árbol de té y 10 gotas de aceite de menta; 6) Vertí el bórax en la cera, luego raspala y ponela en un frasco de vidrio.

5

Esto merece a todas luces ser dicho. Perdonen la solemnidad (sustantivo al que el refinadísimo escritor hondureño Augusto Monterroso enfrentaba con el término “humorismo”), pero la omnipresencia de televisores en bares y restaurantes mató el dandismo y la conversación, entre otros crímenes modernos. Basta con circundar una taberna de esquina para reconocer –a través de las ventanas y en plan pecera de acuario– que la gran mayoría de catecúmenos mira hacia arriba boquiabierta, como hechizada.

1-3-15

1

Entro en una farmacia, saco número y espero. Papo moscas cuando oigo un súbito ffffst proveniente de un estante con toallitas femeninas. Mientras trato de adivinar de dónde salió el silbido, me abruma un perfume artificial (“suavidad de algodón”, “solo para ti” o “momentos déjà vu”, según una poética marca de limpieza). Estoy ante un aromatizador digital. Lo que empezó con el inofensivo “pinito” que regalaban los lavaderos de autos escaló hasta el paroxismo. Ah, deploro la industria de la higiene.

2

Iluso, me gusta pensar que detrás de todo jugador de fútbol profesional hay un agazapado lingüista que lo obliga a memorizar algunas frases-comodín dependiendo, claro, de las circunstancias. Por ejemplo, si suenan rumores de una transferencia al exterior y los periodistas acosan al futbolista exigiendo respuestas, el guionista avisa: “es lindo que piensen en uno, pero eso lo maneja mi representante’”; si el mentado cambio de equipo se concreta, propone: “voy a volver, este club me dio muchas alegrías”.

3

Subterfugio para hablar del escritor mexicano Mario Bellatin: le concedieron el premio honorífico José María Arguedas por su novela El libro uruguayo de los muertos. El tipo es sufí, manco de nacimiento (se dice que arrojó su prótesis al Ganges), amante de los perros, fotógrafo, creador de la Escuela Dinámica de Escritores –cuya única prohibición era, precisamente, escribir–, adicto a tipear sus textos en un iPhone y protagonista de Salón de belleza, una película que sólo se proyecta en su presencia.

4

En el entierro de una amiga muy viejita veo llegar a un tío que tiene un atolondrado romance con la impuntualidad. Se me pone al lado y su aspecto sudoroso me hace concluir que vino a las corridas, así como su tostado caribeño me obliga a pensar que recién volvió de vacaciones. El cura habla de cierto amor transfronterizo cuando una gota naranja se desprende del pelo de mi tío. “Estás transpirando en color”, le digo. Me calla con un chistido y retruca: “No digas nada, estoy usando crema autobronceante”.

5

Me escribe por Whatsapp un fervoroso cuate veracruzano: “casi te marco”. Quiere decir que estuvo a un tris de llamarme. ¿Si me dejo trajinar por los elixires latinoamericanos del castellano, primera lengua de unas 420 millones de personas, adónde desembocaré? Me abstengo, pero diré que un concheto equivale a un cuico en Chile, a un fresa en México, a un gomelo en Colombia, a un pipi en Costa Rica, a un pelucón en Ecuador, a un caquero en Guatemala, a un yeyé en Panamá y a un sifrino en Venezuela.

8-3-15

1

Tiene apenas 26 años y ya rodó la friolera de cinco películas: cuatro se estrenaron en Cannes y una en Venecia. La última, de hecho –Mommy– se coronó en el legendario festival francés (ex aequo con Godard, que ganó por Adiós al lenguaje, film que no se puede pasar por alto), cuyo jurado presidía Jane Campion. Además escribe, actúa y produce. Es quebequés, neurótico, corrosivo, insaciable, se llama Xavier Dolan y dice cosas como ésta: “Creo que la diferencia es el principio de todo en la sociedad”.

2

Me convierto por tres semanas en el casero de un chalet racionalista de Vicente López. En la mesa de luz del cuarto en el que duermo me topo con un ejemplar de El loro de Flaubert, de Julian Barnes. Lo zampo. El novelista inglés cita al novelista francés haciendo una refunfuñante lista de las desgracias de la modernidad (siglo 19): “ferrocarriles, venenos, tartas à la crème, la realeza y la guillotina”. Me pregunto, indiscreto, qué habría en la lista si el artífice de Madame Bovary la escribiera hoy.

3

Converso con un amigo ilustrador que se gana la vida desde hace 18 años registrando, cámara en mano, casamientos y Bar Mitzvah. Me cuenta que el negocio está más competitivo que nunca porque la crisis hizo que fotógrafos que se dedicaban a otras labores empezaran a mirar con adinerados ojos ese tipo de festejos. Ante mi inquietud de saber si las reglas de juego cambiaron, él me dice que sí, que, por ejemplo, ahora hay prestigiosas retratistas que bajan línea y no aceptan hacer “fotos posadas”.

4

Una cosa es elegir cómo querés que te entierren y otra cosa, muy diferente, es entregarle el control de tu página de Facebook a un tutor… ¡cuando hayas estirado la pata! Sí, tal como se lee. La fisgona red social acaba de introducir una mórbida función llamada “legacy contact” mediante la cual los usuarios podrán nombrar a una suerte de sucesor que navegará por su perfil. Según la Product Manager del cachalote cibernético, uno de los beneficios de la idea es comunicar la información del velorio en el muro.

5

De adolescente pescaba con mis primos en Uruguay. Equipados hasta las muelas, acampábamos al alba, después de bailar, en la playa de la Posta del Cangrejo. Encarnábamos religiosamente cinco cañas con chipirón fresco y Elliot –el más osado del linaje– partía mar adentro con las líneas en su tabla de barrenar. Las soltaba, urdía una seña y, antes de hacer orilla, los piques ya nos atrapaban. Anoche hablé con Elliot por FaceTime y me contó que el “drone fishing” suple con creces su colosal tarea de antaño.

15-3-15

1

Con un millón de usuarios a nivel mundial, presencia en unas 600 ciudades de 18 países y 4 continentes y una flota de más de 30.000 vehículos (en su mayoría, eléctricos), el “carsharing” surgió en Suiza en 1987 y apunta a convertirse en el modo más económico de acceder a un auto por horas o por días. ¿Cómo funciona? Simple: se gatilla una cuota anual y luego se paga en función del uso. En línea con el sistema de préstamos de bicicletas de la ciudad, se rumorea que la idea pronto llegaría a Buenos Aires.

2

Viaje rutero a Uruguay con mis amigos músicos, la adorable pareja que forman Marcin, el pianista polaco, y Candi, la cantante argentina. En un momento dado, cerca de Nueva Helvecia, Marcin apaga la radio y me pregunta a quemarropa hace cuánto que no escucho un disco entero de un tirón, con auriculares. La respuesta tarda en llegar porque no sé qué contestar, pero abre un sinfín de posibles exploraciones. Sin ir más lejos, ahora mismo me extasío de pé a pá con Coisa Boa, el último disco de Moreno Veloso.

3

Nosotros, lectores profanos, juzgamos y enjuiciamos muchas veces un libro por su portada, ¿verdad? Pues bien, ahora existe un libro muy original que propone una inversión de roles y juzga la cara de su hipotético lector: si éste lo enfoca sin prejuicios, la tapa se abre; en cambio, si éste se aproxima con preconceptos, la tapa permanece cerrada. El prototipo es obra del director de arte holandés Thijs Biersteker y no va más allá de una cuestión de apariencias. Si quieren pispear, thecoverthatjudgesyou.com.

4

El concepto se llama “farm-to-table” (en criollo: de la granja a la mesa) y establece básicamente que un restaurante ofrezca un menú en el que prime un considerable porcentaje de platos elaborados con materia prima sustentable, orgánica y de estación producida por agricultores locales. ¿Por qué debería un choclo viajar durante horas antes de posarse sobre tu plato? Algo semejante sucede en varios restaurantes porteños a puertas cerradas que tienen una huerta propia de hierbas aromáticas y legumbres.

5

Se presenta en sociedad Casa Cavia, un espacio con múltiples propuestas (desde una pâtisserie hasta una editorial, pasando por una tienda de flores) erigido en una residencia diseñada por el noruego Christophersen en 1927 y restaurada por el estudio inglés Kallos Turin. Llego junto a un grupo de periodistas a un cuarto de la casa, adonde nos recibe la arquitecta Stephania Kallos a través de una grandiosa pantalla touch. Conversamos con ella vía Skype como si estuviera aquí, en Palermo Chico, y no en Londres.

22-3-15

1

Sería estrafalario encasillar a Alejandro Jodorowsky en un puñado de oficios: escritor, psicomago, marionetista o cineasta, por caso. Este místico chileno de 86 años abrevó en la plataforma de crowdfunding Kickstarter con el objeto de reunir USD 350.000 para financiar Poesía sin fin, su próxima película. ¿Qué reciben los contribuyentes a cambio? Billetes “poéticos” con inscripciones así: “El dinero es como el Cristo: te bendice si lo compartes”. Están a tiempo de colaborar, la convocatoria vence hoy.

2

Me pasa con mucha frecuencia que conozco a personas que tienen dos pasiones. Tiendo entonces a pensar que vivimos de algún modo en la nueva era del renacimiento y veo a émulos de Da Vinci por doquier. Mi dentista también es mago (casualmente, el dentista de mi padre trabaja, además, como actor de teatro). No sé qué conocido diseñador de modas se desempeña como enfermero. El ilustrador de esta página, por ejemplo, vende maquinaria industrial. Tengo una tía traductora-carpintera y un primo contador-cantante.

3

Terminemos de una vez y por todas con la exaltación que suscitan los números redondos. ¿Por qué no homenajear intempestivamente la obra de un pintor que nació hace 116 años? De los billones de episodios que engrosan a diario la memoria del mundo y la vuelven cada vez más densa e inasible, ¿quién recordará, por ejemplo, que Adolfo Bioy Casares chocó contra un tranvía el 28 de diciembre de 1959 y debió convalecer durante una semana en su hogar a causa de una fisura en la rótula de su pierna izquierda?

4

Evoco a un visionario tecnológico augurando –ante la incredulidad de los oyentes que colmaban el auditorio– que en un futuro no muy lejano acabaremos imprimiendo los objetos que nos vengan en ganas: una taza de café, un par de anteojos, una sombrilla. Resulta que un ignoto tucán costarricense que perdió parte del pico en un ataque lo recuperará gracias a una impresora 3D. Por otro lado, investigadores australianos presentaron un motor de avión construido con el mismo artefacto que salvó al ave herida.

5

Silban los pajaritos como en un concierto inolvidable, parecería que sonríen las mascotas, los niños andan libres y sin miedo en bicicleta, se mecen gustosas las ramas de añejos árboles y parejas trotan muy orondas frente a casitas más o menos idénticas, rodeadas de medianeras electrificadas y puestos de control con hombres armados. Describo sin pruritos uno de los oxímoron (según la RAE, “combinación de dos palabras de significado opuesto”) más notables de este comienzo de siglo: barrio cerrado.

29-3-15

1

Recibo un mail con un link a YouTube. Lo abro de inmediato. Me topo con “LOL”, una canción de la banda sueco-española Los Ganglios, que hace música “porc”. El cantante repite, con diapasón robótico, algunos acrónimos ingleses que son furor en la red: el del título del tema, además de OMG y WTF. En nuestro idioma se admiten abreviaturas (mejor dicho, ¡calamidades!) del estilo “bss” por “besos” y “abz” por “abrazo”. Ante un sobrio ahorro de un par de letras, mejor escribir la palabra entera, ¿no?

2

Viendo por quinta vez uno de mis documentales favoritos, ese que expone a la genia de Fran Lebowitz departiendo como una cacatúa sardónica, elijo esta idea: en los 70, lo más depravado que se hacía en Nueva York era ser gay y lo menos, fumar. Hoy en día –cuenta la autora de Social Studies con pelos y señales– existen boliches para homosexuales con ventanas transparentes y valet parking, pero no queda otra que salir a la vereda para echar humo, así que fumar se ha vuelto la gran herejía del siglo.

3

Por si usted no lo sabía, voy a contarle de frente manteca que la droga del momento goza de un candoroso apelativo (“dedito”) y de un nombre real que mete miedo: MDMA (en científico, metilendioximetanfetamina). Se trata del afamado “éxtasis”, pero en versión polvito mágico, idéntico al que producían clandestinamente Walter White y Jesse Pinkman en la serie Breaking Bad. Lo del epíteto naïf viene a cuento de que los consumidores mojan un dedo, lo hunden en una bolsa y luego se lo llevan a la boca.

4

“El puesto de Fabio” es un foodtruck que cuenta, en el sitio Guía Óleo, con un puntaje fuoriserie. De hecho, un comentarista explica que el dueño de casa “tiene mucho carisma y ofrece una atención excelente”. La cuestión cobra visos de surrealismo cuando uno se entera de que el anfitrión es el mismísimo Fabio Alberti. El actor atiende su propio carrito de comidas en el Bajo de San Isidro y bautizó las suculentas hamburguesas que vende con nombres como “Boluda con queso” o “Peperino completa”.

5

La primera palabra que pronunció Ulises Schreiner en su vida no fue mamá ni papá sino luz. El adolescente de tan sólo 17 años desarrolló en su escuela de El Palomar un procesador de microalgas para extraer aceite vegetal y producir combustible biodiesel a partir de esa materia prima. El conejillo de indias de la idea fue la camioneta del padre del joven, que sobrevivió al experimento. El proyecto fue galardonado en el país y resultó finalista en el Premio Fayed Energía de Futuro, que se entregó en Dubái.

5-4-15

1

Ando en testarudeces con el flamante disco del trovador quebequés Jean Leloup (o Juan El Lobo, si se quiere). En síntesis: lo escucho en modo cotorra. Hace rato quería que uno de estos textos versase sobre placeres sencillos. Lo hago ahora a través de unas palabras del músico de A Paradis City: “De joven supe que lo mejor es sentarse junto a un lago y saltar al agua. Hace poco entendí que no hay nada más aburrido que tener una casa enorme, mil autos, trabajar a destajo y jamás bañarse en el lago”.

2

La historia es bastante conocida. A fines de noviembre de 1974, Lotte Eisner –suerte de hada madrina del Nuevo Cine Alemán– bordea la muerte en París. Werner Herzog, uno de sus más fervientes discípulos, se entera de la noticia estando en Munich y decide ipso facto cubrir a pie la distancia entre ambas ciudades para estirarle la vida a su amiga. Lotte se salva y el cineasta troca veinte días de cruzada en Del caminar sobre hielo, un obligatorio librito que acaba de publicar la editorial Entropía.

3

Hace unos días tuvo lugar el Murray Bros. Caddyshack, un torneo caritativo de golf que Bill Murray y sus cinco hermanos organizan desde 2001 en Florida. La facha de los partícipes era cuantimenos chocante y eso me da pie para contar que Bill Murray protagoniza St Vincent, una película que tiene uno de los mejores finales de película –la repetición es adrede– que haya visto en mucho tiempo. Activo los spoilers: él regando el jardín y cantando, entera y mal, la canción “Shelter From The Storm”, de Dylan.

4

Hay palabras o expresiones que copan la parada y uno se ve envuelto en o entre ellas como subyugado ante un psicópata de libro. ¿Vieron que ahora la gente dice –decimos, aunque no queramos– “como que esto”, “como que lo otro” a la hora de dar explicaciones o de contar una anécdota? También caímos bajo el dudoso y despótico influjo de la palabra “exclusivo”, cuyo significado reza “que excluye o tiene fuerza y virtud para excluir”. Si todo cobra visos de exclusividad, ¿qué queda de verdaderamente único?

5

Ensayo un sostenido hurra para celebrar la reapertura de la sala Lugones, que estuvo cerrada durante más de un año. Casualmente, hoy termina el ciclo que la reinauguró y que tuvo como estrella al cineasta japonés Seijun Suzuki, un rebelde de pura cepa. Hay pocas experiencias en la ciudad como llegar de nochecita al Teatro San Martín, viajar en uno de sus ascensores hasta el piso 10 y entrar en una ermita cincuentenaria que exhibe films de culto, inéditos, disruptivos, inhallables. Aventúrense y verán.

12-4-15

1

No tengo ganas de conversar con el peluquero, pero él insiste. ¿Gremio similar al de los taximetristas? De hecho, su insistencia convierte esta singularísima práctica –un tipo que no conozco maniobra veloces tijeretazos sobre mi cabellera– en un soliloquio. Una de sus líneas dice, textual: “es chamuyo eso de que importa lo de adentro, hay que darle pelota a la onda exterior”. Lo miro por el espejo: tatuajes enroscados, un yapa mala, pelo wachiturro, aros expansores, pulseras, gafas y un reloj-alfajor.

2

Thierry Frémaux trabaja a contrarreloj (ése podría ser el título de un cuento de Carver). El responsable del Instituto Lumière está hasta las manos porque, en calidad de director artístico del Festival de Cannes, ve montañas de películas por hora. A su maratón se suma la curaduría de una muestra dedicada a los hermanos que inventaron el cine hace 120 años. En el Grand Palais se proyectan las 1.500 películas que Louis y Auguste dieron a luz. En algún momento, tras un largo periplo, desembarcarán en Argentina.

3

Veo, en un video de YouTube, una construcción de ladrillos perforada por decenas de ventanas de tamaño calcado. Veo a una turba de gente trepando por las paredes del edificio. Veo a otras personas esperando abajo que los escaladores les tiren sogas para subir. Veo, dentro de la construcción, a una plétora de jóvenes rindiendo examen. Veo a sus padres entregándoles machetes por las ventanas. Veo a profesores patidifusos, a policías atónitos. Todo esto que veo sucede en India, en la provincia de Bihar.

4

Sentado a la mesa de un barcito de barrio, me percato de que son furor los volanteros. Caminando hacia acá, en varias vidrieras ofrecían trabajo para ellos. Ahora mismo, un pendejo cenceño y ágil esparce un hilo de Voligoma sobre un poste de luz y pega un rosario de papelitos que promocionan a prostitutas –perdón por la profusión de pes–. Pasan sólo ciento veinte segundos (¡parece guionado!) y un cura fofo de esmerada calvicie despega uno por uno los volantes, los hace un bollo y los tira a la basura.

5

Barcelona, lo dicen sus habitantes históricos, desde bohemios anónimos hasta escritores, artistas y empresarios, ha cedido su encanto en pos de un turismo “low cost” y descerebrado que arrolla con todo lo que tiene enfrente: Sagrada Familia, gambas, ropa en oferta y buses turísticos. El colmo de la tendencia son los hoteles-cápsula, importados de Japón: se trata de baratísimos albergues “patera”. Allí, los viajeros se hacinan en cuartos –14€ la noche– en los que proliferan camas dispuestas en forma de nicho.

19-4-15

1

El arte contemporáneo señala que el objeto de interés no es la obra sino el artista. Para darle contexto a ese aserto reviso The Interview Project, la titánica iniciativa del suizo Hans-Ulrich Obrist, crítico y curador de la Serpentine Gallery. La idea surge de la tertulia de Pierre Cabanne y Marcel Duchamp y resulta titánica porque Obrist lleva más de 2.000 horas de plática con artistas. Atentos, Ediciones Universidad Diego Portales publicó una selección de esas chácharas traducidas por Alan Pauls.

2

Me cuenta un amigo que edita una revista de casas que los argentinos hacemos un gran esfuerzo de edición visual –tachando medianeras, por ejemplo– para encontrar belleza arquitectónica en nuestras ciudades. A veces pienso que las urbes latinoamericanas se parecen: uno está en La Paz estando en Córdoba. Para ratificar o rectificar esa idea viene al pelo la muestra que el MoMA le dedica a los edificios más emblemáticos de la región, con especial cariño por la Brasilia de Lúcio Costa y Oscar Niemeyer.

3

Hay barbas, hamburguesas vegetarianas, bicicletas, camisas escocesas, panderetas y cigarrillos armados. Además: un flaco hirsuto que dice “la piba me flasheó” y una flaca enjuta que dice “no da que salgas con un yonqui”. Sobre el modesto escenario del Open Folk Nights –un ciclo de música a micrófono abierto, como advierte el título– se presentan intérpretes de calañas variopintas. Cada cual toca tres canciones y luego el siguiente. Son quince artistas y yo vine, si no entendí mal, en calidad de groupie.

4

Hoy termina la edición invernal de la feria Masticar, especie de cónclave glotón que reúne a hedonistas, chefs, tenderos y productores. Me confiesa un celebérrimo cocinero que, ante el aluvión de fanáticos que asediarían su conferencia, escondió premeditadamente un cuentaganado en el bolsillo izquierdo del pantalón. Empezó a sumar, por deporte, la cantidad de fotos que le sacaban. Una vez terminado el evento, se petrificó al comprobar que había recibido 1.511 disparos a lo largo de quince minutos.

5

Me ha dado por elucubrar acerca de los nuevos modos de trabajo que alumbra el siglo 21. Al hábito por acopiar dos o más oficios en un mismo envase se suma la tecnología, vedette ducha en ubicuidades. Si salgo a la caza de un paradigma, ¿qué mejor que éste?: escribo la columna en un campo mendocino, la revoleo al éter usando el 3G del celular y sé con certeza que, mediante algoritmos de inusitada poesía, se posará de prepo en el voivodato de Pequeña Polonia, adonde la espera el ilustrador, y de ahí al diario.

26-4-15

1

A una cuadra del Parque Centenario hay una modesta esquina –Ambrosetti y Franklin– que no tiene desperdicio. Se trata de la panadería de Franck Dauffouis, un francés originario de Bretaña que se casó con una argentina y que exhibe mucha mano para la pastelería. El financier, el mini budín de mandarina, el muffin de banana y nuez y la originalísima kouign-amann –típica tarta bretona– se ganaron mi estima (¡agua la boca!) al punto que, agnóstico como soy, comulgaría religiosamente con ellos a diario. Amén.

2

Como adiestra la libertina Wikipedia, el Café Racer es un estilo de motociclismo que tuvo su auge en Inglaterra en los 50. Así redujo esa moda el inefable Hunter Thompson, al que vale la pena evocar de tanto en tanto: “Es una mentalidad atávica, una peculiar mezcla de estilo bajo, alta velocidad, pura tontería y una desdeñosa dedicación a la vida de café y sus peligrosos placeres”. Traigo esto a colación porque la movida –equivalente al tuneo de los autos, pero más canchera– ha resurgido y acá anda de buenas.

3

El mundo está chalado y de prueba sirve esta nota de voz que recibí por Whatsapp (leer con acento mexicano): “Ella es mi todo. Una pequeña loca. La que está escuchando esto. Es hermosa y cariñosa, con un estilo fuerte y prudente. Es la niña de los ojos de muchas personas. El hombre que la tenga a su lado es muy afortunado y el que la deje ir, un tonto. Ámate, amiga: en nueve minutos algo te hará muy feliz, pero tienes que decirles a doce amigas que las quieres. Yo cumplí contigo, se vale regresar. Te amo”.

4

Hace años me topé con esta frase en Los demasiados libros, un lúcido ensayo del mexicano Gabriel Zaid: “Los libros se multiplican en proporción geométrica; los lectores, en proporción aritmética. De no frenarse la pasión de publicar, vamos hacia un mundo con más autores que lectores”. Algo de esa desmadrada conjetura se conecta, a la inversa, con la Biblioteca Brautigan, nombrada así en honor a un genial escritor yanqui, situada en la ciudad de Burlington y afamada porque cobija manuscritos rechazados.

5

San Marcos Sierras es el poblado paz y amor por excelencia. Queda en Córdoba, tiene alrededor de mil habitantes y produce una miel exquisita. Allí vive Peluca Domínguez, quien instaló en su casa con forma de hongo el primer y único Museo Hippie (palabra que deriva del inglés “hip”, o sea “popular” en criollo) del mundo. La gran obra de la institución es un imponente mural hecho con botellas de vidrio que contienen un deseo por cada una de las 32.000 personas que visitaron el lugar a lo largo de una década.

3-5-15

1

“Que quede claro ya desde la primera línea: sois rematadamente tontos”. Así empieza la carta que Rodrigo García, dramaturgo y metteur en scène argentino-español que dirige el Centro Dramático Nacional de Montpellier (y que no tiene nada que ver con el hijo de García Márquez, que se llama igual), escribió en respuesta a un grupúsculo de gente que intentó censurar su performance Accidens al grito de “la tortura no es nuestra cultura”. Resulta que en la obra el actor mata, cocina y come un bogavante en escena.

2

La teoría de los seis grados de separación postula que yo y Björk, por elegir a alguien, estamos ligados a través de cinco intermediarios (o menos). ¿A qué distancia estaré de Julito, cuyo “¡dale, Ingrid, dale!” se viralizó en cuestión de segundos? El joven está en la picota y doy por cierto que se desvanecerá en poco tiempo. Me pregunto qué será de él: ¿lo habrán entrevistado? Quizá todo esto –incluido, por supuesto, mi texto– le dé lo mismo, salvo que lo convoque Tinelli para bailar un malambo.

3

La realidad aumentada se remonta, al parecer, a 1962, cuando un director de fotografía yanqui creó Sensorama, un complejo simulador de moto. Tres décadas después apareció el alias que la define hoy y recién ahora se perciben los creativos frutos de su alcance, que en los 90 despuntó con el futbolero Telebeam. En el caso de los soportes gráficos este invento permite que el papel trascienda su condición: con un catálogo de Ikea uno puede previsualizar cómo quedará un sillón en el living de su casa.

4

En septiembre de 2014, el inigualable Richard Cheese avisó que renunciaba a los toques en vivo. Qué pena, pensé, ya no podremos verlo por estos pagos animando terrible fiestón. Al frente de su banda, la Lounge Against The Machine –en la que los músicos se ocultaban detrás de pseudónimos queseros: ricota, azul y feta–, el muchacho oriundo de Nueva York hizo, sin ningún tupé, “fondue” con celebérrimos temas, convirtiendo un ícono del grunge en canción melódica, por ejemplo, o un hip-hop en cumbia.

5

Con la aparición estelar de las ciclovías el skate ha vuelto a copar el asfalto. Sea en plan longboard o en plan mini patineta de dos ruedas, los desenfadados amagan bondis bestias o le sacan chispas a bajadas zigzagueantes como las de la callecita República del Líbano. La otra noche, en un semáforo, ensayé un raudo palique con un skater y le ofrecí llevarlo a la rastra en moto por avenida Córdoba. La surcamos desde Once hasta Palermo a la manera de dos viejos amigos que se juntan a almorzar después de años.

10-5-15

1

Si lo kitsch, como pretendía el atinadísimo ensayista mexicano Carlos Monsiváis, es “lo fallidamente bello”, pateen un domingo por ese gabinete de curiosidades llamado Barrio Chino. En esa meca de perversiones estéticas se ostenta artillería pesada –desde monederos con la forma de un gato persa hasta ropa interior comestible– en góndolas de las que cuelgan carteles así: “rompe, paga” o “por fabo no robe”. A la hora de discernir lo lindo de lo feo, vi una pareja de metaleros comprando una orquídea.

2

Kevin Spacey, uno de los actores mesmerizantes del ahora por su protagónico en House of Cards –serie que también produce–, supo dirigir el teatro Old Vic de Londres. Hablo en pasado porque, después de una década, el hombre de Nueva Jersey dijo basta. A modo de epílogo, interpretó en Clarence Darrow a un abogado que en nada se emparienta con Frank Underwood. Se despidió de las tablas inglesas el 11 de abril; unos días más tarde recibió un premio Olivier por su contribución para recuperar el fulgor del Old Vic.

3

En el estado brasilero de Minas Gerais, a 70 kilómetros de Belo Horizonte, hay una obra digna de la megalomanía del ciudadano Kane. Se trata de Inhotim, uno de los mayores museos de arte contemporáneo al aire libre del mundo, con más de 80 esculturas esparcidas en 140 hectáreas y custodiadas por 800 especies de palmeras. ¿El factótum? Bernardo Paz, un millonario siderúrgico que no terminó el colegio. Si llegan a ir no se pierdan Piscina, una peculiar instalación del artista argentino Jorge Macchi.

4

El rapero Jay-Z y su mujer, la pulposa Beyoncé, encabezan el listado de 17 accionistas de Tidal, una plataforma de descarga musical que desafía el sistema que proponen Spotify, Vevo o YouTube. Niños y niñas, ¡la guerra del streaming empezó! Entre los otros 15 dueños, todos músicos, hay pesos livianos: Madonna, Daft Punk, Jack White, Chris Martin, Rihanna y Arcade Fire. La industria del sonido cambia de reglas día a día: los DJs embolsan fortunas, los discos se venden poco y las viejas glorias salen de gira.

5

El etólogo británico Richard Dawkins acuñó el término “meme” en 1976 por su parecido fonético con la palabra “gen”, pero usando las primeras letras de “memoria” y basándose en el concepto griego de “mímesis”: el hombre popularizó su visión evolutiva enfocada en la genética y en la transmisión cultural de generación en generación. En los tiempos que corren un “meme” es –al margen de la mamadera, je– un invento multimedia que ilustra cómicamente cualquier situación y que se propaga como sismo por la red.

17-5-15

1

Pulula por la red –ese vertedero narcisista– Spoof, la iniciativa paródica de Nathalie Croquet, una estilista francesa que, luego de tres décadas de trabajo en la industria de la moda, decidió copiar al dedillo, en calidad de modelo, algunas campañas gráficas de grandes marcas como Lancôme o Givenchy, protagonizadas por Penélope Cruz o Kate Moss. El efecto resulta intelectual y frívolo a la vez, puesto que cuestiona la belleza “obvia” y ridiculiza las poses al espejarlas sin ningún retoque digital.

2

Siempre queda un blend por crear: José James, un yanqui de origen panameño, tomó partes iguales de jazz y hip hop y forjó su propio género. El multiinstrumentista de 37 años viene de sacar del horno su opus con el sello Blue Note. Se trata de Yesterday I Had The Blues, un repaso a la obra de Billie Holiday, esa extraña fruta que nació hace un siglo. Hablando de potentes cruzas, anoten otro nombre ineludible, el del canadiense Chilly Gonzales. Nota bene: su piano y nuestra piel de gallina son íntimos.

3

Una muerte por desnutrición, un accidente en una ruta mal asfaltada y sin luz, un niño que deja la escuela, un adolescente frustrado que emigra, una familia inundada, un trasplante que no llega, un crédito que no aparece, un hospital sin camas, una universidad sin profesores, un preso muerto de frío, un viejo sin futuro, un voto trucho… Que todos esos horrores caigan sobre los hombros de los impunes, los caraduras, los nefastos, los mediocres y los retrógradas que vacían las arcas del país con sonrisa de piedra.

4

La mirífica lealtad de algunos objetos que permanecen –estoicos y pasibles de ser reparados– junto a nosotros como amantes que no exigen nada a cambio: un pantalón, una vieja tostadora, un tapón de bañadera o incluso algo más nimio y en apariencia descartable, como un alicate o un sacapuntas. Escribo esa morosa oración y pienso, en contrapartida (poner negro sobre blanco es uno de los duelos del pensamiento), en los 42 millones de toneladas de basura electrónica que, según la ONU, produjo el mundo en 2014.

5

¿Por qué las obras de teatro se presentan casi siempre de noche?, ¿por qué se desarrollan, en su mayoría, en salas en las que debemos, cuando se levanta el telón, apagar el celular, dejar de toser, olvidarnos de los demás espectadores y luego, una vez acabada la fábula, aplaudir como autómatas? Comparado con otras disciplinas artísticas, el teatro se quedó en el tiempo. Por eso hay que desamodorrarlo y volverlo íntimo y real como una fiesta de cumpleaños en la que el público es el invitado de honor.

24-5-15

1

En aras de vivir una experiencia heteróclita en las calles de nuestra caótica ciudad, hagan lo siguiente. Esperen un día de lluvia. Sepan esperarlo, ¿eh? Llegado el momento, salgan a la calle y compórtense al revés de los demás: no corran, no se paralicen. Caminen a ritmo normal, como si no lloviese. Miren al cielo y sientan cada gota deshacerse contra los pómulos. Vayan a una plaza, siéntense a sus anchas en un banco –cuando llueve, los bancos de plaza están libres– y sáquense lentamente los tamangos. ¡Ahora canten!

2

El gran tema de hoy, dice un primo que trabaja como chef en una exótica playa brasileña, es la disponibilidad. Dice también que borró de un plumazo su cuenta de Facebook y que pasó a tener un celular ultra básico. Lo conozco bien: no estamos ante un fundamentalista. Pablo se hartó de que todos sepan con quién está y dónde (“¿dónde estás?” ocupa el primer lugar de las preguntas más hechas durante las conversaciones telefónicas). Aun así, sabe que ocultarse es también un modo de estar a la vista.

3

Cacé en YouTube el documental dedicado a Vivian Maier, la eximia fotógrafa estadounidense que se desempeñó toda su vida como niñera y cuya infatigable obra (más de 150.000 negativos, la mayoría sin revelar, además de innúmeras filmaciones y cintas de sonido) fue dejada al albur y apareció de casualidad unos días después de su muerte. Experta en borrar huellas, cambiaba muy rápido de trabajo y en sus horas libres salía a pasear con una Rolleiflex al cuello, desde donde retrató todo lo que se les ocurra.

4

Tras el cierre en 2011 de El Bulli y un fecundo período de cavilación desde las trincheras (en el que convirtió su caballito de batalla en un laboratorio rupturista de ideas con el lema “comer conocimiento para alimentar la creatividad”), Ferrán Adriá comandará otra vez las hornallas. Dentro de cinco días abrirá un restaurante en Ibiza junto a su hermano Albert. Se rumorea que será la hostia y el propio cocinero-gurú catalán lo definió como “un parque de atracciones cultural-artístico para adultos”.

5

Imaginen un viaje irreal por edificaciones inauditas, ilusiones ópticas y geometrías improbables –dignas de un cuadro de M. C. Escher– que estimulan la tridimensionalidad. Se trata de Monument Valley, un juego para Android y iPhone que cuesta 4 dólares y que popularizó Frank Underwood en la reciente temporada de House of Cards. Ganador de un premio Apple al diseño, este adictivo entretenimiento de inspiración japonesa fue pergeñado por el estudio indie Ustwo y les volará seriamente la peluca. Yo les avisé.

31-5-15

1

Se sabe, la performance carga con la vocación de transformar al público: perturbarlo, incomodarlo, pincharlo, emocionarlo. Si asistieron a una performance y no les pasó nada de eso, les vendieron gato por liebre. Maurício Ianês será una de las atracciones de la galería paulista Vermelho en arteBA. Presentará la acción “El escritor”, en la que pintará con la lengua, mediante buches de tinta azabache y sobre una hoja blanca, la primera palabra que al espectador que lo aborde se le cruce por la cabeza.

2

Una crisis azota la región italiana en la que se produce el queso Parmigiano-Reggiano. A Massimo Bottura, mandamás del restaurant modenés Osteria Franciscana, se le ocurre que en todas las cocinas del país se prepare un risotto Cacio e Pepe la misma noche para que se vendan las 360.000 hormas estancadas. El gesto salva a cientos de pequeños productores. Historias así se cuentan en Chef’s Table, una serie de documentales dedicados a las vidas de seis cocineros, entre los que se cuenta, además de Bottura, Francis Mallmann.

3

¿Andan alicaídos, pachuchos, apocados, tristones? Anoten este consejo de lo más pavote: abracen. De forma imprevista, pero natural, péguenle un abrazo a algún compañero de oficina, a la kiosquera o a un árbol. Un musicoterapeuta me contó –y yo le creí– que cuando abrazamos o somos abrazados se activan todos los órganos de nuestro sistema. Ahí están, para corroborarlo, los voluntarios de Free Hugs, el movimiento creado por el australiano Juan Mann que reparte enérgicos y desprejuiciados abrazos por la calle.

4

¿Qué van a hacer cuando internet ponga a vuestro alcance todos los libros y todas las películas habidas y por haber? ¿Se van a paralizar antes de sonreír? Yo me paralizaría antes de sonreír. Después, como lo primero que falta y lo último que sobra es el tiempo, buscarán listas, también en internet, que les indiquen qué leer y qué ver (me temo que hacen falta editores, ¿no les parece?). Resulta muy probable que, al final del día, un final que se parecerá al final de la vida, no hayamos visto ni leído casi nada.

5

Suelo preguntarme quién fue el perverso –si es que lo hubo… ¡debe haberlo habido!– que inventó esos bares fotocopiados que afean tantas míticas esquinas porteñas. Para escaparle a mi chinchudez, camino Buenos Aires mirando para arriba. El auto, al decir del centenario Nicanor Parra, es una silla de ruedas. Descubrir, pues, joyas racionalistas, frescos ocultos, riñas de balcón y el hechizo de la palabra inglesa “wanderlust”, prestada del alemán y que significa “impulso de deambular por el mundo”.

7-6-15

1

Domingo a todo Japón, empezando por mi apetito de dromómano que pronto saciaré: quiero caminar los 488 kilómetros que separan Tokio de Kioto desandando la antigua ruta Tokaido, construida al borde del mar del Este por orden del primer shogun del clan Tokugawa y cuyas 53 postas fueron magistralmente dibujadas por el pintor Hiroshige. Atesoro una cita del escritor británico J. G. Ballard –que pasó parte de su infancia encerrado en un campo de concentración ponja–: “creo en la historia de mis pies”.

2

Este inusitado país insular produce pasmo segundo a segundo. En la mochila de su honorable embeleso hay toneladas de vanguardia tecnológica. Una noticia reciente postula un singular contramano, los “dumbphones”. Capeando el vendaval de celulares demasiado sofisticados, estas maquinolas tontas e irrompibles proponen el acceso a resoluciones de lo más básicas –allá lejos y en el tiempo, ¿recuerdan?–, como llamar o mandar un SMS usando un teclado con letras ¡reales! que hacen, oh sí, plif y plaf al apretarlas.

3

Vuelvo, subyugado, a flirtear con el sempiterno satélite de YouTube en busca de algún pasatiempo absurdo que practiquen en la tierra del sol naciente. Raudamente me topo con Miniature Space, una extravagante colección de videos nipones de cocina en los que todo (menos las manos), desde las sartenes hasta las mesas, pasando por las hornallas y la morfi, es de dimensiones liliputienses. Irrisorias reducciones gastronómicas que, fruto de la minuciosidad obsesiva de sus creadores, resultan de algún modo hipnóticas.

4

Hace casi dos meses, un tren de levitación japonés traspuso la osada barrera de los 600 kilómetros por hora. Dicen que el monte Fuji esbozó perplejidad al verlo discurrir, maratónico, como un perdigón un tanto inquieto por llegar al blanco. Estos fulminantes aparatos –también conocidos como “maglev”– vuelan a diez centímetros de los rieles. En rigor, los rieles son cosa del pasado: su lugar lo ocupa una guía de hormigón en forma de U sobre la cual se propulsa el tren, que levitaría oficialmente en 2027.

5

El último suspiro de los cinco que me tocan cada domingo iba a ser para Hayao Miyazaki, que le dijo chau chau adiós al cine con El viento se levanta, pero será, sin embargo, para Aiko Chihara, una robot recepcionista creada por Toshiba. ¿Qué demonios pensaría Philip K. Dick de esta humanoide que aparenta tener 32 pirulos y, ataviada con un yukata, saluda a los visitantes de un shopping, les indica la ubicación de cada tienda y les bate la cartelera de películas? La idea ulterior es que estos androides cuiden a los ancianos.

14-6-15

1

Les traigo un placer de talante analógico: lacerar un libro intonso como quien se abre camino en la selva a machetazo limpio. Compré La tierra purpúrea, de W. H. Hudson, en una librería de viejo de Colegiales, y descubrí al llegar a casa que la edición, de 1961, mantenía los pliegos vírgenes. Los fui rajando –jrrsss– con un cuchillo afilado, viendo cómo se iluminaban los párrafos fotofóbicos por primera vez, cómo se hinchaba, resistente, el lomo cosido, y cómo soltaban las páginas su perfume agrio.

2

Mi mocedad está jalonada por las canciones del disco Odelay, de Beck. Sin embargo, no fue hasta hace poco que retomé la senda del músico californiano, al que desde 1996 había prácticamente sepultado. La modorra me la sacó Record Club, el proyecto experimental con el que versiona, en sólo un día de grabaciones, un álbum entero de algún colega. Pasaron por su tamiz, por ejemplo, Songs of Leonard Cohen y Kick, de INXS, que contaron con la colaboración de Wilco, Devendra Banhart, MGMT y Feist, entre otros.

3

En Pueblo Abierto, la iniciativa chupi&morfi que congregó a cocineros estrella y a productores locales en Cachi, provincia de Salta, me crucé con Roberto Iermoli, un médico encantador. En la Facultad de Medicina dirige una cátedra que enarbola las bondades del vino a través de sus polifenoles, que contienen resveratrol, defensa ideal ante el ataque de los temerarios “radicales libres” que nos oxidan. Este escudo natural también está presente en las ostras, el maní, las moras, el arándano o las nueces.

4

Periscope es una aplicación de Twitter que permite emitir videos en directo como si vos o yo fuéramos nuestro propio canal de televisión. Uno de los problemas estriba, al parecer, en la pornografía, que estalló con internet. Tiene que ver con la soledad y el fisgoneo, encarnadas en seres que espían desde sus casas y encuentran en la pantalla el largavistas perfecto. El otro problema: cualquiera puede retransmitir, por caso, un capítulo estreno de Game of Thrones, y los canales ya pusieron el grito en el cielo.

5

Canal Encuentro emite los miércoles a la noche Cartas del pueblo, un programa documental muy interesante que revisita algunas de las 70.000 epístolas que recibió el gobierno peronista a principios de los 50. En las misivas se leen propuestas e inquietudes delirantes y megalómanas que Perón había prometido integrar al Segundo Plan Quinquenal. Uno de los petitorios más locos plantea la construcción de un vinoducto que una Mendoza con Buenos Aires para que los obreros abran la canilla y obtengan totín.

21-6-15

1

Memoricen este imperdible relato de Kafka traducido por Wilcock, de quien La Bestia Equilátera acaba de reeditar El caos: “Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo”.

2

Las siete de la tarde cerca del Botánico. Un vecino que salió a pasear su Schnauzer miniatura se pega a la vidriera y pregunta “¿qué carajo es esto?”. Una vecina que salió a pasear su Weimaraner quiere saber si hay un “explicativo” para entender lo que vemos desde la vereda. Vecinos: vieron una turbadora performance de Mondongo en la PB de su búnker. El actor era el enmascarado José Fogwill –hijo menor de Quique– y la escenografía lyncheana, versallesca, obra de los dueños de casa, los artistas Juliana y Manuel.

3

“Porque la distancia existe / volvamos a encontrarnos” canturrea Colombina Parra en una de las preciosas baladitas de su disco Flores como gatos, de médula folk y casi secreto en estas costas. Estoy de acuerdo con ese verso, muy de acuerdo… ¡tan de acuerdo! La música y arquitecta es hija del inmortal antipoeta Nicanor y sobrina de Violeta, ex vocalista de la banda Los Ex –amasijo grunge de rabia corrosiva y desgarro sincero– y una de las pocas rockeras que le quedan a Chile. Aviso a Spotify: reclútenla ya.

4

Remo, un amigo pintor que vive feliz y contento en las sierras cordobesas, me escribe un mail diciendo que el mundo se ha tornado “adolescente, pura demanda, cero responsabilidad”. Le doy la razón y le contesto que parecería que nos definimos por números: pesos que ganamos, autos que tenemos, likes que ostentamos, países que perdimos, etcétera. El único desenlace que consumamos –contra nuestra voluntad, por supuesto– postula que no hace falta verse tête-à-tête para pulir este tipo de desenlaces.

5

Mamá, papá: las leyes del cortejo están rematadamente trastocadas. Basta de llamar a un fijo, esgrimir un cortés “¿con lo de Navarro?” y dar con ella. Creo que una de las obcecaciones de la tecnología reinante pasa por generar emoción. En el país del levante, la cosa se ha democratizado: ligan todos, digamos. Happn es una aplicación “facilitadora” que parte de un hecho real (un flechazo mudo en un bar, un topetazo hechicero en un ascensor) para llegar –y dopo, chi lo sá, cautivar– a tu hipotético amor.

28-6-15

1

Encomio del picante. Al decir de una popularísima cocinera argentina acá engullimos, muy orondos, comida de hospital: anémica, sosa, triste, sobrecocida. De alguna tradición ramplona nos habremos colgado, ¿verdad? Sin embargo, el picante, como su nombre lo previene, es escabroso, inmoral, provocador y obsceno. Abre en vez de cerrar, oxigena en lugar de asfixiar. Con él llorás y moqueás y chivás y puteás. Copiémonos un ratito de México o de Perú, naciones de paladar picoso y lenguas de pólvora.

2

Barcelona acaba de ganarle a Juventus la final de la Champions. Veo a jugadores con peinados mohawk, tatuados casi de pies a cabeza. De todos ellos, me engancha la historia de Carlitos Tevez, que visitó al Papa y, como quedó maravillado con la Capilla Sixtina, resolvió tatuarse un fragmento del fresco bíblico en la espalda. La aguja polaca de Piotrek Taton esculpió “La resurrección de los muertos” en la humanidad del Apache a lo largo de un año de sesiones peliagudas. Ojalá Miguel Ángel juegue la final de la Copa América.

3

En los firmamentos de la gráfica, el diseño y la publicidad, empachados de imágenes, a menudo se habla de “refes”. Apócope de “referencias”, se trata de inspiraciones que fotógrafos, estilistas y directores de comerciales usan a modo de puntapié creativo. Ocurre que las “refes” operan como filosas tentaciones pues a la postre tienen demasiado peso en el resultado final, que suele bordear el plagio con sorna inimputable. Si bien estamos todos infectados, ¿por qué mejor no confiar en ideas primarias?

4

Un pasatiempo intelectual, pero también lúdico, radica en fabricar palíndromos. El término es de origen griego y quiere decir “volver a ir hacia atrás”: palabras, números o frases que se leen igual de izquierda a derecha, como de derecha a izquierda. El genio olímpico fue el cordobés Juan Filloy, uno de los secretos mejor guardados de nuestra literatura, que llegó a plasmar ¡8.000! “Allí tápase Menem esa patilla” escribió poco antes de partir, con 106 abriles sobre el lomo. Uno de mi factoría: “Es raro, man, enamorarse”.

5

¿Vieron en plazas de la ciudad una soga elástica uniendo dos árboles por el tronco y, encima, a equilibristas consumados o neófitos? Es un deporte. Se llama slackline. Fue inventado en 1976 por Adam Grosowsky, un joven escalador yanqui que buscaba una alternativa frente a la escalada. A diferencia de la cuerda floja, la disciplina no usa cables de acero sino una cinta de poliéster que permite realizar saltos, mantener posiciones estáticas y ejecutar acrobacias aéreas. Enchúfense: en primavera hay Mundial.

5-7-15

1

¡Basta de salmón! Evitemos el hastiado sándwich que lo encumbra, junto a falso Philadelphia y palta. Miremos hacia adentro: el salmón no nos es propio. Nuestro ADN culinario acarrea ingredientes autóctonos que –aunque no queramos– nos galopan por la sangre. Clemencia si ando moral o evangelizador, pero creo menester que enfoquemos más allá. Paradójicamente, la lejanía está demasiado cerca, alrededor de nosotros. “Jamás tan cerca arremetió lo lejos”, escribió el peruano César Vallejo en un verso iluminador.

2

Muchas veces en la vida una demanda viene disfrazada de oferta y uno queda ahí, suspendido en la espera. Aquello del disfraz lo pesqué en el diván. Hace un par de sesiones mi analista me contó un chiste. “¿En qué se diferencian una madre judía y una madre tana? En que una dice ‘comé o me muero’ y la otra, ‘comé o te mato’”. Les cuento, de paso, que la argentina Virginia Ungar fue elegida presidenta –la primera mujer que accede a ese puesto– de la Asociación Psicoanalítica que instituyó Freud hace 105 años.

3

Se va perdiendo la lectura a viva voz, desmesurada, íntima y pasional. Se disipa porque le ganan el tiempo o la pereza. Sin embargo, afanan por goleada las notas de voz. Juntemos ambos fenómenos y logremos que poemas leídos con timbre analógico circulen de teléfono en teléfono en acto heroico. Elijan un texto breve que los conmueva, enciérrense en un cuarto, léanlo en voz alta como quien descifra el misterio del universo y grábenlo. Ahora mándenselo a amigos lejanos, a amantes, a enemigos cercanos, a jefas.

4

Viene de cumplir 49. A un tris del medio centenar, está en su punto caramelo. Majestad indiscutida del lo-fi, estuvo al frente de Smog, una banda que editó un puñado de discazos (Red Apple Falls, por caso). Ya en modo solista, el sello Drag City le editó cuatro álbumes del carajo. Fue noviete nada menos que de Cat Power y de Joanna Newsom, publicó una novela epistolar, su plan preferido es tocar la viola debajo de un árbol y crea aforismos en una baldosa con su vozarrón barítono. Se llama Bill, Bill Callahan.

5

Cuando tengan once minutos libres y alguna pantalla a mano, sintonicen la serie animada Adventure Time: de lo mejor que se ha visto últimamente en TV, apta para chicos e ideal para grandes. Protagonizada por el niño Finn y el cascarrabias perro Jake, lleva siete temporadas de éxito cabal y su creador es el joven-viejo Pendleton Ward, un hombre con aspecto de oso y mente surrealista. En la post-apocalíptica Tierra de Ooo, las princesas más bizarras del reino ruegan no caer en las gélidas manos de Ice King.

12-7-15

1

Allá viene mi amigo. Viste pantalones verdes y campera negra. El iPhone entreverado en los dedos, la vista posada en él. Un segundo. No es mi amigo, lo confundí con otra persona. Acontece con asiduidad que nos parecemos más y más entre nosotros, como reproducciones. ¿Nos aterra la diferencia? En invierno, el objeto unánime es la campera negra estilo muñeco Michelin que Uniqlo engendra a raudales en China. La marca japonesa auspicia al tenista Novak Djokovic y su nombre proviene de unir “unique” con “clothing”.
2

El movimiento Stop A Douchebag –según el españolizante traductor de Google, “detener a un gilipollas”– surgió por empuje de unos jóvenes moscovitas. Hartos de que los conductores perpetraran sus barbaridades (lo peor: manejar sobre la vereda) sin que intervenga la policía, los activistas encaran sin recatos, pero con gentileza, a los dueños de los autos instándolos a cambiar de actitud. Los más ofuscados ligan stickers enormes en el parabrisas. Todo lo filman y lo suben a YouTube. Los videos son fenomenales.

3

El arquitecto roterdamés Rem Koolhaas convirtió una vieja destilería de Milán en la nueva Fundación Prada. Anfitriona de la colección de arte de Miuccia y su marido, Patrizio Bertelli, alberga espectáculos variopintos y se mantiene lejos de la moda. El espacio es puro cristal y en él sobresalen una torre de oro –que refleja de mil maneras el sol– y el bar kitsch, diseñado por Wes Anderson. El día del estreno, los mecenas contaron que se trata de un proyecto privado, sin auxilios del gobierno ni desgravaciones fiscales.

4

En la Fundación Klemm pueden visitar una muestra que conmemora el cincuentenario de Besos brujos, la inhallable novela plástica-performática de Alberto Greco, uno de nuestros creadores más radicales y osados. Vale la pena zambullirse, en pleno centro porteño, en ese collage de hipervínculos avant la lettre. Artista de la mancha y la señalización, recuerdo ahora, a bocajarro, que antes de suicidarse escribió, agónico, la palabra “fin” en la palma de su mano izquierda y “esta es mi mejor obra” en la pared.

5

Hace unos meses sucedió en Mar del Plata algo inédito: la ley reconoció a la primera familia de filiación triple de América Latina. Antonio tiene un año, es hijo de sus dos madres –unidas en matrimonio igualitario– y, al mismo tiempo, de Hernán, su padre biológico mediante el procedimiento de fertilización asistida. Hay algo muy interesante en esta novedad y viene a ser que el derecho se muestra menos derecho que de costumbre, adaptándose a los nuevos formatos de familia que procura la actualidad.

19-7-15

1

Si se apoltronan frente a un guaso banquete, dispuestos a embuchar sin fondo cualquier porquería y a filmarse mientras lo hacen, entonces son coreanos, practican mukbang, integran el voraz gremio de los “broadcasting jockeys” y, como si fuera poco, se forran. El freak de Benzz tiene 26 años, vive a 150 kilómetros de Seúl, convierte todas las noches su living en una cocina y ya cuenta con 300.000 suscriptores en YouTube. Uno de ellos aseguró: “soy obeso, estoy a dieta y me sacio sólo con verlo comer”.

2

El surrealismo liberó el inconsciente e hizo arte con el azar, aun a sabiendas de que la libertad muchas veces resulta un oscuro calabozo. OuLiPo es un grupo de experimentación literaria surgido en Francia en 1960. Sus siglas son el acrónimo, en castizo, de “taller de literatura potencial”, y su lema radica en crear textos bajo precisas restricciones. Novelas de Perec, Calvino y Queneau lo demuestran cabalmente. Desde hace un año, un escritor argentino integra sus lúdicas filas. Se llama Eduardo Berti.

3

Internet se asemeja a un pegadizo cogollo en el que trillones de personas vierten sus opiniones sobre cualquier tema posible. No por nada la babélica Wikipedia cobró en estos días aspecto físico, a instancias del artista yanqui Michael Mandiberg. A la deriva por la red me topé con foros dedicados a temas pasmosos. Por ejemplo, en locosxelasado.com se discute desde la limpieza de la parrilla usando limón hasta cómo preparar chimichurri y hay quiénes se enquistan con el precio del carbón o el origen de la leña.

4

Apenas se hablaba de ella y hoy está en boca de todos. La elástica burrata –“mantecosa”, en tano– es uno de los mejores quesos frescos de la esfera y vio la luz, como tantos otros hallazgos culinarios, de casualidad. Surgió en la Puglia, al Sur de Italia, gracias a los sobrantes de la producción de mozzarella. Pocos placeres como el de tajar en dos una burrata, lloverla de aceite de oliva, pimienta negra y cristales de sal marina. Cuanto más se desgrane en hilos su blancura de leche de búfala, the better.

5

Sospecho que, a fuerza de presurosos tictacs, ciertos avances tecnológicos influyen en algo aparentemente nimio como el tono de las luces que nos iluminan. En los últimos tiempos caí en la cuenta de que, por las noches, suele pasar que nuestras caras se tiñen de un blanco mortecino, plano, frígido, casi azulado y un tanto, no sé por qué, perverso. Es el color al que nos someten las temibles lámparas de bajo consumo, esos rulos que usurparon oscuridad y penumbra. Ahorran electricidad, sí, pero linchan poesía.

26-7-15

1

Si leen este textín hoy antes de las 20 y andan en o cerca de Buenos Aires, no se pierdan la muestra Fan, de Nora Lezano, en la sala Cronopios del Recoleta. Cierra en un rato. En mi recuerdo, Nora es la única fotógrafa con la que trabajé que no usa referencias y se las arregla con lo que hay. En el fondo, así es la vida, ¿no? Pila de músicos se plegaron a sus clics modernos, siendo Charly García uno de los que más y mejor retrató en un cuarto de siglo de disparos. 401 imágenes que combinan locura y entusiasmo.

2

Si leen este textín hoy antes de las 20 y andan en o cerca del DF, no se pierdan la muestra Hotel Juárez, de Francis Alÿs, en la Sala de Arte Público Siqueiros. Cierra en un rato. El performer belga-mexicano –caminante empedernido y abonado a cualquier tipo de peripecia accidental– resiste y sobrevive con gestos que son, como en los buenos artistas, políticos y poéticos a la vez. En uno de los videos de la expo, Alÿs recorre las calles de una de las ciudades más violentas de México empujando una bola de fuego.

3

En este momento los casi 500 habitantes rusos de Oymyakón –capital del permafrost–celebran las tórridas mieles del verano. Durante sólo un par de meses, los arenques no se congelan medio minuto después de haber sido pescados, el agua corre libérrima y los niños chapotean a la intemperie. ¿Se imaginan yendo al colegio con 50º bajo cero, anegados en una especie de invierno perpetuo? Eso experimentan las escarchadas almas del pueblo más frío del mundo, situado al Este de Siberia, en la República de Sajá.

4

¿Estás segura de ser vos, vos misma? ¿Y vos, de ser vos mismo? Hace tiempo leí una entrevista en la que Alan Pauls decía que uno de sus anhelos era tener muchos DNI. Me quedó prendida esa idea, esa necesidad. No creo que sea muy dramático que alguno de ustedes salga a la calle con peluca, que alguna de ustedes se anude una corbata y diga muellemente, con acento alemán, que se llama Werner en vez de Noemí. El mundo no se vendrá abajo si una semana son maratonistas y a la siguiente atienden una lavandería.

5

Cumplió 79 y está fuerte como un cebú. Hablo de él porque vengo escuchando en neurasténico loop el primer álbum de su ebria discografía. Se trata de un disco homónimo editado en 1970 que tiene perlas como “Me and Bobby McGee” o “Sunday Mornin’ Comin’ Down”. Mesdames et messieurs, Kris Kristofferson anda de vuelta, su voz de corazón y hueso suena sabia por detrás de su barba y sus faros azules. Filmó con Peckinpah, Cimino y Scorsese, fue piloto de helicóptero, ávido boxeador y amigovio de Janis Joplin.

2-8-15

1

La estampa de Cafrune con barba-nido y sombrero ancho es, hoy en día, lo más hipster que pueda haber. Ojo, esto es Borges sin escalas: sin saberlo, el Turco fue un precursor de las barbas y sombreros que tutelan el mercado de la onda a rebencazo limpio. La batidora multicultural y catalizadora County of Milan –del DJ y director creativo Marcelo Burlon, patagónico arraigado en Italia– vende a rolete el ala ancha del cantor de “Zamba de mi esperanza”, pero con retuneo tehuelche y en yunta con Borsalino.

2

Lo que más me gusta son las palabras. Bueno, también me gustan las mujeres y el whisky. Ahora que lo escribo así, pensarán que soy un escritor borracho y mujeriego, o mejor, un intelectual ebrio y libertino. Pues no, pero eso es lo que son capaces de generar las palabras: que ustedes se crean, al menos por unos segundos, el significado de lo que escribo. Lo que más me gusta, insisto, son las palabras: ¡frotarlas entre sí! Algunas más afortunadas (“lucero”) que otras (“pedúnculo”), ellas lo pueden casi todo.

3

Tomamos una cerveza en una fonda de Palermo Viejo. Es de noche. Recordamos lo cambiada que luce esta esquina: en diez años parece otro barrio. De pronto, vemos a una extática flota de jóvenes encolumnarse detrás de una mujer armada con megáfono y silbato. Un amigo me explica que la escena configura una de las instancias del “pub crawl”, moda que acaba de cumplir un siglo de vida y consiste en “arrastrarse” de bar en bar, bebiendo en cada uno de ellos y levantando campamento al cabo de unos minutos de ingesta.

4

Suena el teléfono. Número oculto. Atiendo. Una voz nasal de señorita alega comunicarse de parte de un banco. Intenta venderme un seguro de desempleo. Sin conocer mi condición, asegura que puedo perder mi trabajo en el momento menos pensado. “Las empresas son inestables”, dice, levemente desesperada, “y con sólo $120 por mes usted se asegura $8.800 el día que, Dios no lo permita, lo despidan; hoy, ¿qué compra usted con $4 al día? ¡Ni un caramelo!”. Es tan absurdo lo que oigo que decido seguir escuchando.

5

En caso de emergencia, arranque esta página y haga con ella lo que se le antoje. Algunas ideas: a) fabrique un barquito y póngalo a navegar sin timón y en el delirio; b) regálesela a un vagamundo; c) envuelva un regalo que tenga dentro otro regalo; d) encienda el fuego de una salamandra; e) macháquela hasta obtener de ella un amasijo de papel y tinta; f) léala en voz alta unas diez veces y con diez voces distintas; g) atesórela; h) traduzca estas palabras al esperanto; i) dóblela en seis y conviértala en un talismán.

9-8-15

1

Admiradísimo por Borges, el inglés Gilbert Keith Chesterton publicó en 1905 una novela genial titulada El club de los negocios raros. Sólo integraban esa peculiar élite quienes habían inventado un trabajo o una industria. Se sabe que la actualidad es pródiga en ocupaciones inimaginables. Una de ellas se llama “dignity planner” y consiste en orquestar de pies a cabeza un funeral. Bajo el lema “embracing the end-of-life experience”, muchos portales ofrecen sus servicios a la hora de celebrar la muerte en vez de lamentarla.

2

En la víspera del concierto que estremeció al Gran Rex en 2009, Ornette Coleman –un iconoclasta del jazz que se apagó hace dos meses– salió a caminar sin rumbo por Buenos Aires y se perdió durante un día entero. Al enterarse de que se había esfumado, su hijo Denardo llamó al Ministro de Justicia para que iniciara una búsqueda urgente. Se rumorea que el saxofonista y trompetista estadounidense pasó la noche en una comisaría de Benavídez con policías que no lo reconocieron y con quienes compartió un guisito.

3

“Y que de mí no quede más que la alegría de quien pidió entrar y le fue concedido”. Con ese precioso verso de Pizarnik se identificaba Salvador Walter Barea, más conocido como Batato. Son esas palabras las que gobiernan la muestra que repasa su anárquica vida y obra en la galería El Mirador, del barrio de San Telmo, cuya cortina baja el 25 de agosto. Se trata de un paseo por la memorabilia icónica –vestuario, objetos, retratos, manuscritos, videos y fotos– de uno de los animadores imprescindibles de los ochenta.

4

Vincenzo, el tío de Valeria, oficiaba de sacerdote en un pueblito italiano de Apulia. Al parecer, el tipo era un seductor nato y tenía varias amantes. Los domingos, cuando celebraba misa, las mujeres más bonitas de Santeramo in Colle se tiraban el ropero encima y salían corriendo a ocupar los primeros bancos de la iglesia para comulgar antes que nadie. Llegado el momento, el religioso sostenía la hostia a la altura de la boca de sus fanáticas y decía “Cristo, qui corpo” en vez de “corpo di Cristo”.

5

La palabra “emoticono” deriva de contraer “emoción” e “ícono”. Por estrambótico que suene, la cosa surgió en 1857 cuando se documentó en código Morse el número 73 como sinónimo de “amor y besos”. En 1912, el cáustico escritor Ambrose Bierce decretó que una sonrisa equivalía a \__/ y siete décadas más tarde un científico yanqui propuso el perenne :-). También llamados “emoji”, estos símbolos cada vez más creativos pululan en las redes; tanto es así, que hace dos meses gozaron de la 13a edición de su Día Mundial.

16-8-15

1

Pelirrojos y pelirrojas: nos llegó la hora. Mientras esperamos que circulen los merecidos emojis con el color de nuestras chapas, celebremos la realización, en un mes, del Redhead Day que paralizará Londres. En contra del bullying (qué palabra más horrenda, ¿no?) y a favor de nuestra pecosa magia, el evento surgido en la ciudad holandesa de Breda acentuará, por tercer año consecutivo, los logros que tipos como Gengis Kan o tipas como Cleopatra, taheños legendarios, acometieron en la historia –bermeja– del universo.

2

Fui a comer solo. Gran deporte. Bolichito acogedor. Pocas sillas y menos platos, como debe ser. En la mesa de al lado pesqué esta tertulia –que abrevio– entre dos viejos amigos. ÉL: No sabés lo de anoche en el Colón… ELLA: Me contó Julito. ÉL: ¡Un espanto! ELLA: ¿Cómo? ÉL: Lo olfateaba. ELLA: ¿Qué era? ÉL: Una porno-ópera repleta de cochinadas. ELLA: En el Colón, nada más y nada menos. ÉL: La mitad del público se fue en el entreacto. El circunspecto señor había visto Quartett, audaz puesta de Luca Francesconi y Alex Ollé.

3

¿Escucharon cantar a Richard Hawley? Si la respuesta es no: suertudos, ¡lo que les queda por descubrir! Aunque todas sus canciones se parecen, en el fondo son completamente distintas. Algo de su timbre convulsivo, anacrónico, manso, volátil me recuerda a Roy “Pretty Woman” Orbison. Parceiro de Jarvis Cocker y nativo de Sheffield, guitarreó un tiempo en Pulp –la banda en la que todos querían tocar– y luego, como buen cormorán, levantó vuelo en solitario. El 11 de septiembre sale Hollow Meadows, su nuevo disco.

4

El rojo crujiente del semáforo de una gran avenida porteña me indica que frene, cosa que hago. Miro a las mujeres caminar desgarbadas sobre la cebra como si les pesaran los pies. Unos segundos de desfile enclenque y mi compañera de moto prorrumpe: “¡todas usan plataformas!”. ¿Será que las argentinas tienen complejo de petisas? (Complejo de poetisas no creo que tengan.) Investigo el tema: acá no da profundizar. Para mi hermana, por ejemplo, madre de dos retoñas y en movimiento perpetuo, no hay plataforma confortable.

5

¿Cuán verdadero resulta Instagram? Verosímil es; o sea, como define el diccionario, “con apariencia de verdadero”. Lo postulo así porque sé de gente que, por caso, publica fotos de viajes que hizo hace años y se hacen los sotas cuando les preguntan si andan de yira por ahí. Cien millones de imágenes se postean por día en esta red social: las hay filtradas, autorreferentes, manipuladas… Lo que importa hoy, para muchas personas, es lo que mostrás y no lo que sos (¡y lo trabajoso que significa sostener ese reflejo!).

23-8-15

1

La semana pasada conocí a un excéntrico hombre de unos 55 años que, blandiendo iPad, me hablaba de una y otra serie con notable desparpajo y en ráfagas ininteligibles. Que vea Suits, que no me pierda The Americans, que sintonice Sherlock, que degluta Arrested Development, que baje Vikings, que compre Orange Is The New Black. Anoté mentalmente los nombres y me pregunto ahora, tecleándolos, si mi consejero audiovisual habrá consumido esa lista con la misma avidez líquida con la que me la recomendó.

2

La editorial Circe suele poner en circulación excelentes biografías de mujeres: desde Dora Maar, hasta Gloria Swanson, pasando por Anna Ajmátova. Hace poco editó una dedicada a vida y obra de Assia Wevill, la guapísima mujer por la que el poeta Ted Hughes abandonó a Sylvia Plath. Ambas señoritas escritoras se suicidaron de la misma forma, abriendo el gas de la cocina a todo lo que da. Exótica, cosmopolita y culta, Wevill dejó escrito el siguiente epitafio: “Aquí yace una amante de la sinrazón y una exiliada”.

3

Llegás a las fauces de Constitución porque vas a comer al restaurant de Gonzalo Aramburu. El posta, no el Bis. Cazarás en un santiamén que la cocina es una gran puesta en escena. Se levanta el telón y corroborás, turulato, que hombres y mujeres ataviados con impolutos delantales son capaces de crear cosas bastante extraordinarias. En diversos pasos como de minué, quirúrgicos y engalanados, embucharás un crocante de salmón blanco, un puré de apionabo, un cochinillo confitado con helado de uva o un sorbet de pepino.

4

En la oficina no hay wifi. Desenchufamos y volvemos a enchufar el módem: nada. Trato de compartir internet desde el teléfono, pero del 3G y el 4G ni noticias. Parecería que sin conexión somos seres de las cavernas, impávidos ante una pantalla mortecina. Cruzo al bar de enfrente. Siete personas solas, una TV –¡ballena de seis metros… en Puerto Madero!– alta en el cielo, un muchacho jovial que despotrica en portuñol vía FaceTime y la deletérea música ambiente de Cristian Castro: están lloviendo estrellas.

5

Concibo estas aguafuertes dominicales en el atrasado goce de razonar, cuando se aquietaron las aguas, qué pasó detrás de tal o cual noticia. En el mundo hay una sola revista que abreva en lo que han dado en llamar Slow Journalism. Se trata de Delayed Gratification, una publicación inglesa que funciona como antídoto para la vertiginosa catarata mediática que nos acecha cotidianamente. Cada tres meses, Marcus Webb y Rob Orchard, los editores, revisitan lo que pasó en el globo en modo “best of”, pero con ojo reposado.

30-8-15

1

Suena una versión de “Gloria” en italiano. Mismo restaurancito de los últimos lunes. Tres viejos amigos que parecen amigas hablan de política. Que se baje de su ego, dicen de uno. Se equivocó fiero, dicen de la otra. Escucho sólo nombres propios como salidos de un mantra hindi: Lilita, Daniel, Mauricio, Aníbal. “Hay que estar donde está el poder”, cierra la conversa, categórico, el hombre trajeado citando a Lyndon Johnson, vice de Kennedy. Ahora suena “Prima Notte d’Amore”, de Al Bano y Romina Power. Es bizarro.

2

Trabajan de madrugada, de día, de tarde y de noche. La aristocrática fachada se esfuma de un plumazo. Son varios chinos macilentos levantando un supermercado chino. Pleonasmo: en la manzana de casa hay la friolera de ¡cuatro chinos! Ahora, un quinto. Los obreros revocan que da calambre. La vereda parece el samba del Italpark y el frente, patituerto, un homenaje a las curvas. La marquesina fue pintada en unas diez variedades –involuntarias, asumo– de color herrumbre y los rulos de neón brillan por su presencia.

3

Neil Gaiman está adaptando su novela American Gods para la TV. Neil Gaiman ha vuelto a enhebrar la madeja de The Sandman, el cómic que lo convirtió en leyenda y que vendió más de 30 millones de ejemplares en el mundo. Neil Gaiman sigue escribiendo historias-iceberg. Neil Gaiman se formó tomando libros prestados de una biblioteca inglesa. Neil Gaiman no sería lo que es sin su novia, la muy brechtiana cantante Amanda Palmer. Neil Gaiman tiene 54 años y defiende la piratería. Neil Gaiman es un hombre alegre.

4

Por la opuesta, sólo para joder: engorde más de 100 kilos en tan sólo 5 minutos y de manera gratuita, arrúguese como frenada de oruga, quede pelado en cuestión de segundos, contágiese los peores virus sólo por deporte, pierda la paciencia, patalee sin justificación, conviértase en un perfecto anónimo, compre los peores electrodomésticos a precios exorbitantes, tortúrese en una cama llena de alfileres, viaje de parado en un avión de la Primera Guerra, hospédese en un hotel de cuarta, póngase serio, llore.

5

Está circulando por YouTube un descomunal video –según se cuenta por ahí, uno de los más viralizados de la última época– titulado Pipe Dream. Al protagonista, Robbie Maddison, lo vemos navegar ¡con su moto! sobre las aguas tahitianas de Teahupo’o. Maddo, así lo apodan, es un piloto australiano que se desempeña como doble de riesgo e integra el olimpo del Freestyle Motocross. Trabajó durante dos años en la modificación de su enduro, agregándole esquís al chasis para, de ese modo, surfar olas ingentes.

6-9-15

1

“Los griegos se equivocaron con el sol; decididamente es mujer. Yo la conozco bien. Me visita a menudo, pero no lo suficiente. Prefiere pasearse el tiempo en playas del Mediterráneo con gente más rica. Nunca me quejo. Viene aquí lo bastante a menudo como para que yo siga teniendo esperanzas. Hasta hoy. Hoy, acaso porque es primavera, llegó de improviso y me hizo feliz”. Cosas así se leen en Historias inverosímiles, en general, el fabuloso libro de cuentos y dibujos del escocés Alasdair Gray que reeditó Interzona.

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Ceremonias de los futbolistas al festejar un gol: se besan el dedo anular, hamacan a un bebé invisible, esconden la pelota goleadora debajo de la casaca, se chupan el pulgar, se deslizan de rodillas sobre el pasto, levantan la mirada y fulminan el cielo con los índices, se levantan la camiseta y exhiben otra con un mensaje (“fuerza, abu”), patean carteles, se palmean el escudo a la altura del corazón, etcétera. Hace unos meses, un mediocampista bielorruso metió un gol y lo festejó pidiéndole casamiento a su novia.

3

Hace unos domingos escribí acá la historia de un cura italiano. El mismo día recibí el siguiente correo: “Le pido por favor que no escriba nada que tenga que ver con la religión católica; es la segunda vez que me siento ofendida y triste por escritos suyos. Tengo 81 años y a lo largo de mi vida nunca me topé con un sacerdote indigno de serlo. Hasta el dibujo es ofensivo. No sé cuáles son sus creencias, pero le exijo que respete las de los demás. Deseo de todo corazón que acepte mi pedido”. La firma: “enviado desde mi iPad”.

4

Hablo de Dieter Meier porque se me canta. Excéntrico millonario suizo de 70, hijo de banqueros, performer, cantante, restauranteur, fotógrafo, cineasta, freak, jugador de póker, bodeguero, relojero, productor de carne y de soja y así… mutatis mutandis. Presidente de la Asociación de los Maestros de la Nada, tiene banda nueva (Out of Chaos), es el socio de un porteño restaurant a puertas cerradas y sus blends son pura lujuria; prueben, si no, el Corte d’Oro 2009 de Ojo de Vino, su bodega mendocina orgánica.

5

¿Dígame usted, señor o señora que empapela la ciudad con su sonrisa impostada, que su jeta alimenta urnas, que promete y no cumple, que llena de votos su ego, que se mueve con guardaespaldas, que recibe insultos y halagos en proporciones idénticas, que se expone día y noche, que muestra sus ganancias, que duerme pocas horas, dígame usted, no cambiaría todo, absolutamente todo y cualquier cosa por un puñadito de gloria, por que su nombre y su apellido aparezcan, en el futuro, incólumes en un libro de historia?

13-9-15

1

“Me vestí de fajina, jogging y buzo. Recibí un gorro para cubrirme el pelo y una suerte de snorkel para respirar. Vi toda mi historia en mil imágenes. Sentí nervios y una gran descarga de adrenalina. Como si hubiera hecho bungee jumping. Es una experiencia loquísima. La tierra pesa y todo está muy oscuro”. Habla un amigo de mi madre al que enterraron vivo en una quinta de General Rodríguez, tipo cuento de Poe, a cambio de unos morlacos. Lo desenterraron un cuarto de hora después. Desde entonces, se toma la vida con soda.

2

¿Si aprendemos, nosotros argentinos, a hablar portugués, pero portugués carioca y en serio? Uno escucha cantar a Marisa Monte o a Cartola e incontinenti el tocadiscos repica sensual, calmoso. “Pirilampo” quiere decir luciérnaga, “borboleta” equivale a mariposa y “fofoca” significa chisme. Con palabras estupendas se forja ese idioma onírico que departen acá nomás y que Roberto Arlt, en sus coloquiales Aguafuertes cariocas, definió como “lo más delicioso que pueda concebirse: un parlamento hecho para boca de mujer”.

3

Va este remate remachado a base de titulares que leí en la versión online de este diario, el 22 de agosto: “El último adiós se acostumbró a volar alto con la necesidad de volver al triunfo: la película inspirada en las elecciones le gana a Arsenal ante la Corte bonaerense y se espera una crecida histórica… Recuerdos y andanzas de mujeres –el ojo de la época: terminado el romance, brutal golpiza– que no llevan condones en la cartera”. Todavía podemos ser muy creativos con casi nada y reír a mandíbula batiente.

4

Los mejores bares que visité en mi vida están en Madrid, todos juntos y a la vez en noche de ronda, como el bolero del Flaco de Oro: “luna que se quiebra / sobre la tiniebla / de mi soledad / ¿adónde vas?”. Bolichitos sin ínfulas en los que se platica, baila y encurda por monedas. Acá, sin embargo, la movida carece de contoneos y la música provoca migraña. Amonesto la solemnidad del porteño promedio. En un piringundín de Chueca recuerdo haber jugado Air Guitar, simulando un solo de viola en el aire. Why not?

5

Afano esta idea que me llega en un mail de mi amigo Ludwig (sé que el muy turro la escribió al pasar, como se dicen o escriben las buenas frases): “A pesar de lo que se cree, el domingo es un día secreto: debe protegerse de la expansión abscóndita del sábado, que, como dice Lezama Lima, es el día de la imaginación”. La norma ISO 8601, que estableció en 2004 que el domingo sea el último día del computo semanal, especifica la notación estándar que se usa para representar instantes e intervalos de tiempo y evitar, así, ambigüedades.

20-9-15

1

Ligué El nombre del juego es muerte, un despiadado espécimen de novela negra tirando a azabache. Su autor, Dan Marlowe, fue un massachusettense con el apellido del detective de Raymond Chandler que escribe (y describe) de puta madre. De una cara dice: “parecía “queso húmedo”; de un bigote: “parecía una ceja mal ubicada”. El libro, editado por La Bestia Equilátera, se zampa en una noche y lo mejor está al final: un estruendo de órdago que ni Game of Thrones ni los fraudes electorales ni los bailes de Tinelli. Créanme.

2

Hola, ¿qué tal? Yo, bien, gracias, alelado con ciertas costumbres. Un amigo que vivió años en China me contó que los chinos matan por reproducir el estilo de vida occidental, aun si, verbigracia, no toleran el alcohol por motivos enzimáticos. Tampoco saben nadar y odian el sol, aunque van a la playa a catar sosas caipirinhas, contemplar el mar desde la orilla y cubrirse la cara con un pasamontañas –epítome del sadismo– que les impide tostarse. ¿¡Cómo!? Sí, la moda zapatista-burka-ladrón de bancos se llama “facekini”.

3

La palabra bombón –doblemente bueno, en franchute– da nombre a un festival permanente de obras cortas que se renuevan cada dos meses. Producidas por La Casona Iluminada, las puestas de teatro y danza se presentan, colmadas, los domingos de 17 a 22, duran hasta media hora y giran en torno al estilo art nouveau de la residencia que alberga esta originalísima idea. Los espectadores editan el itinerario de bombones que desean ver (máximo, cuatro) y luego se prestan, fisgones, al ejercicio de casi rozar a los actores.

4

Banksy, el grafitero londinense que esconde su trucha (¿será hombre, mujer o un colectivo de artistas?), creó Dismaland, un remedo de Disneyland en clave bizarra, distópica y miserable en la ciudad inglesa Weston-super-Mare. En palabras del ideólogo, que exhibe obras propias y de otros creadores, se trata de “un parque temático familiar para anarquistas principiantes”. Allá fui como enviado especial de esta página y la experiencia resultó una elocuente crítica al consumismo más cabal y a las políticas migratorias.

5

Había una vez un matriarcado repleto de códigos. La abuela y la madre, ambas muy geniales, se decían “Alain Delon” cada vez que tenían atascado algún verde en la boca (un pedazo de rúcula, de lechuga, de cilantro…). Al revés, cuando les venía a la mente una película en la que actuaba el francés, no se referían a él por su nombre sino llamándolo “algún verde en la boca”. La plática se daba en los siguientes términos: a) ¿Viste la última de Antonioni?; b) No, ¿quién actúa?; a) Algún verde en la boca.

27-9-15

1

De un tiempo a esta parte, el Museo Isaac Fernández Blanco (con sede en el Palacio Noel, construido sobre un cementerio inglés cuyas lápidas fueron removidas, pero no así sus almas) viene exponiendo la obra de fotógrafos de la talla de Josef Sudek, Guido Boggiani, Robert Frank o Martín Chambi. Hasta hoy se puede visitar una muestra dedicada a Hugo Cifuentes. Curadas por Leila Makarius, las fotos exhibidas –sin título ni fecha– refieren un Ecuador tan secreto como los tímidos fantasmas de la casa colonial que las aloja.

2

Oigo bocinazos desde las siete de la mañana. Son las diez. Provienen, creo, de un auto preso en un garage. El sonido es duro, metálico, turbado: como si alguien gritara el nombre “Raúl” muchas veces. Las series carecen de lógica. Tres claxon largos y uno breve, dos larguísimos y tres brevísimos; nueve ritmados; cinco espasmódicos y ahora un silencio pedante, precario. De nuevo: pá pá papapá pá pá papapá. ¿Un bocinador crónico, un Escarabajo manifestando su encono, un camión que salió en busca de su camionero?

3

Quedo azorado al oír al padre de un amigo contarme la terapia que está haciendo. Se llama Rebirthing y fue inventada por Leonard Orr, un líder espiritual neoyorquino (juntas, las palabras “líder” y “espiritual” provocan escozor). La movida se propone sanar el supuesto trauma del nacimiento y consiste, lean bien, en una serie de ejercicios de respiración que llegan a durar tres horas y terminan con el paciente –al que llaman “renacido”, que a su vez es guiado por un “renacedor”– en estado de revoloteo emocional.

4

¿Qué se esconde detrás –o qué se exhibe delante– del inentendible apetito de ser famoso? ¿Por qué no puntúa bien la anonimidad? ¿Quién puede, en su sano juicio o incluso en su insano juicio, pensar que resulta interesante que una familia de mirones interrumpa tu almuerzo para sacarse fotos con vos, pedirte autógrafos y dorarte la píldora? ¿Cómo soportar que te llamen de un diario o de un canal de TV para pedirte una opinión de cualquier cosa? ¿De qué sirve pegarse un baño de mar si un paparazzi te espía desde un mangrullo?

5

Populosa reunión de primos. En la charla –un batiburrillo de temas– oigo la palabra “electrodos” y paro las orejas. Pregunto, por deporte. La respuesta: mi prima Rocío trae su Compex, una maquinita suiza en cuya pantalla se lee “reafirmar los muslos, reducir la cintura, modelar los glúteos, tonificar los brazos”. Para lograr esas metas, se adhieren al cuerpo unos electrodos que transmiten descargas eléctricas de distinto tenor. Soy el cobayo. Doce ventosas succionan mis pectorales y mis abdominales, picaneándolos.

4-10-15

1

Instrucciones para escribir algo fuera de serie. Primero y principal, bajo ningún aspecto salga de su casa. El mundo está a su alcance en cuatro paredes. O en tres. Un escritor, ¿el más grande del siglo 20?, lo dijo así: “Sentate en tu escritorio y escuchá. Ni siquiera escuches, sólo esperá. No esperes, estate quieto y solo”. Yo digo: compre un limón, déjelo pudrirse y mírelo durante media hora por día. En esos 1.800 segundos escriba lo que ve. Insista. Un poco más allá. Que se le entumezcan las piernas. Listo.

2

El inglés Matthew Frost había dirigido en un “fashion film” a la gua-pí-si-ma Lizzy Caplan, estrella de la serie Masters of Sex. Ahora filmó a Kirsten Dunst saliendo de una fiesta. Es de día, habla por celular. Pasan dos veinteañeras en auto y le preguntan si es Kirsten Dunst. Ella asiente. Las hipsters bajan y, iPhone en mano, se sacan varias selfies. La actriz no da crédito; ellas ni mú, trepan a su Toyota híbrido y suben la foto al Instagram, soñando tener muchos likes. El corto se llama “Aspirational”.

3

Los mira fijo, los acaricia, los besa, los tumba. No hay espuelas, látigos, frenos ni gritos en la conquista. Las poses son emocionantes. Jamás vi una cosa igual. De hecho, ni siquiera pensé que existía algo así. El hombre se llama Martín Tatta, es oriundo de San Antonio de Areco e inventó casi sin proponérselo un método muy dócil y amoroso de domar caballos. Le estira una pata a la yegua, luego la otra y, cuando apaga los ojos, la da vuelta como un panqueque y se acuesta cucharita, arrebujado junto a la panza.

4

Últimamente, a las 6 o 7 antemeridiano oigo desde la cama un enardecedor zureo de paloma estilo niños cantores de Viena, en plan dopados. Constato que es época de cópula de ese animalejo que tiene menos gracia que el choque de dos globos. En mi edificio hay detractores y partidarios; por lo que sé, ocurre lo mismo en la sociedad: gente que muere por verlas morir, gente que se desvive por darles de comer. Como escapatoria, releo La novela luminosa, de Mario Levrero, escritor charrúa que le dio nombre a una posada en Colonia.

5

La bestia de Ezra Furman suena a clásico illico. Primer tema y ¡zas!, como si lo hubieras escuchado cien veces en otra vida. Os lo digo sin atenuantes y con el apremio de contagiarles su perfume a napalm por la mañana: Perpetual Motion People es el mejor disco que se editó –y que se editará– en 2015. El chicaguense se pinta el morro de rojo lacre, se enrosca collares de perlas, chapea nombre de poeta controversial y apellido de abogado garca: un “misfit” con todas las letras que se prende fuego en vivo.

11-10-15

1

El mentado, insulso tema del “colchón” o “mix” de hojas verdes en restaurantes. Paso a aclarar de qué se tratan los verdes –lechuga crespa, espinaca, casi nunca berro o el sueño de dormir sobre una cama de yuyos– y de cómo un nuevo actor amenaza con desplazar del reparto a la ya folclórica rúcula, que pagó su derecho de piso en los 90 y ahora casi no pica. ¡El kale! Prima hermana del brócoli y originaria de Asia, esta col crocante se pronuncia “keil” y varios chefs modernos la transforman en snack disecado.

2

Regalo esta idea para un guión muy caro de convertir en película. Se rematan los aviones de una aerolínea en quiebra y el protagonista, un mafioso bastante paranoico, necesita comprarlos sin que nadie se entere. Para que la policía no descubra sus chanchullos, mete a un testaferro en el negocio. Piensa: lo busco en Canadá; después se enrosca: que el canadiense busque a un pierna en Groenlandia; y más luego: el cuate groenlandés en Sudáfrica. Así, hasta volver al punto de partida –¿Ecuador?– y dar de baja la manganeta.

3

Ya declaré acá mi fanatismo por leer diarios de escritores y rescatar del olvido hechos minúsculos consignados antaño. Toca el turno de Witold Gombrowicz. Sucede que, un lunes cualquiera de 1956, el más polaco de los novelistas argentinos está de visita en Goya, Corrientes. Una niña que anda en bici pierde un paquete y él se lo alcanza: instante liliputiense en la fábula del mundo. “Todo pasa como en el fondo del silencio”, anota el autor de Ferdydurke. Un diario es también un día río (otro día lloro).

4

La vida como una dialéctica de escalas. Estoy frente al Río de la Plata, costa oriental (siempre más agraciada). Pasa un bruto Buquebus dibujando espumas y aparece por detrás una chalana de pescador silbando bajo. Ahora mismo, en mis narices un ñandubay de 400 años y, a sus pies, crece un brote callado que tal vez germine en el estómago de un ciervo axis. Más lejos, en el Parque Anchorena, el axis que arrancó el brote se mide, inexacto, con un caserón inglés. En el cielo una nube lenticular, en la tierra yo.

5

Empinando una birra alemana, belga u holandesa en La Ronda, “el” bar montevideano, un amigo me cuenta que fundó un club mariahuanero en plan tudo bom, tudo legal, certificado por el Instituto de Regulación y Control del Cannabis. Los miembros de Rock and Flor pagan una matrícula y alrededor de 100 dólares por mes a cambio de 40 gramos de flor seca manipulada. “¿Manipulada?”, pregunto. “No, manicurada”, contesta. Es decir, les quitan a los flasheros cogollos sus excesos con tijera en un delicado trabajo de manicura.

18-10-15

1

Veo por la yeca a un pendejo vestido, a las 4 de la tarde y muy pancho, con pantalones pijama escoceses. Otro día veo por la yeca a un pendejo vestido, a las 10 de la noche y súper pancho, con pantalones pijama escoceses. Me froto los ojos: no estoy soñando. Se trata, al parecer, de una moda –la moda siempre es cuestión de pareceres– que dicta que hordas de chavalines de entre 13 y 15 años callejean luciendo chabacanos lompas de torrar. Indagando, me percato de que la inelegante directriz ha copado otros ámbitos: #Terror.

2

Aunque un viajero no tenga, al decir de Lao Tsé, “planes fijos ni la intención de llegar”, corrompan al viejo maestro chino y crucen el charco a ver a Mac DeMarco: así, con rima y en plan taoísta. El imberbe cantante y multiinstrumentista canadiense, capo del lo-fi, hacedor compulsivo de discos y cuyo nombre real es Vernor Winfield McBriare Smith IV, hará rugir Montevideo el 16 de noviembre con Another One, su nuevo álbum; ojo, por estas costas hará lo propio, pero el recital está agotado desde hace tiempo.

3

Hace rato que bogo por sacar al teatro de las salas. Esa reclusión que también padece el cine pinchó al director Mariano Llinás –hijo del surrealista Julio, hermano de la actriz Verónica– y lo hizo crear el Neo Muralismo. Es un movimiento liberador pensado para producir un nuevo tipo de imágenes cinematográficas que se puedan proyectar en la infinidad de pantallas que invaden las ciudades del planisferio y constituyen un campo fértil de exhibición. Vale como manifiesto Transiberiano, el último film del cineasta.

4

Lo inoculó el coreógrafo caleño Beto Pérez: el fenómeno amarró en lo que canta un gallo en casi 200 países de la mano de secuaces como Shakira, Jennifer López o Rihanna. Dicen por ahí, de hecho, que se parece a los noventosos aerobics. Se hace llamar “zumba”, lo que me hace pensar en la expresión cubana “le zumba la berenjena”. Acá estamos lejos de hortalizas y cerca de una fogosa rutina de baile que les hace mover el esqueleto –al ritmo de Palito Ortega o Sinatra, da igual– a unas ¡14 millones de personas por día!

5

El batacazo fue dado en Kentucky, en 1893, por las hermanas Patty y Mildred Hill, dos profesoras a las que les bastaron ocho notas y un puñado de palabras para componer “Happy Birthday”. Los derechos de la canción más popular del inglés pertenecieron desde 1988 a Warner y acaban de pasar a dominio público gracias a otro batacazo, el del juez George King, chino de nacimiento y californiano de adopción, que impidió que la discográfica siguiera facturando: en poco menos de dos décadas embolsó €50 millones.

25-10-15

1

No sé si junan a Michael Snow, un artista torontoniano de 85 años ducho en múltiples disciplinas: escultura, video, fotografía, instalación, dibujo y música (sí: Miguelito Nieve toca el piano como los dioses). En la muestra Secuencias, un “best of” de su obra que se expone en La Virreina, en Barcelona, caí en un cuarto blanco tipo sala de espera. Un cartel advertía: “saque número y espere; cuando le toque el turno, váyase”. Me tocó el 13. Musiquilla de consultorio. Esperé cinco minutos en un sillón y partí raudo.

2

Soñé que creaba una instalación: el público se metía en un cuarto para romper cosas. Me desperté pensando en llevar a cabo la idea y resulta que ya existe algo semejante: no en Okinawa, no en Antananarivo, sino en Palermo. Leí por ahí acerca de una Crash Therapy y de un lugar porteño llamado The Break Club. Llegás, te ponés guantes, casco y mameluco, elegís un bate de baseball, te metés en una habitación y desatás tu ira machacando, por ejemplo, televisores, al ritmo de la música que se te antoje, Haydn o Slayer.

3

Entre 2012 y 2014, la artista y videasta francesa Dominique Gonzalez-Foerster apareció dieciséis veces, en distintos lugares y contextos, encarnando a personajes como Poe, Scarlett O’Hara, Fitzcarraldo, Bob Dylan o Emily Brontë. Eso le permitió configurar cierta ópera fragmentada y fragmentaria que vuelve a tener eco, esta vez, en el Centro Georges Pompidou, en el marco de 1887-2058, una exposición “prospectiva y retrospectiva” que la tiene como protagonista y que cierra sus puertas el 1º de febrero.

4

Robé este –cuantimenos díscolo– parrafito de Martin Amis del libro de un amigo catalán: “Sigo alimentando la idea salvaje de que pudiésemos comprar los bebés en las tiendas o ir a visitarlos a los zoos y a los parques. ¿Y si no crecieran nunca sino que se quedaran con quince meses durante, por ejemplo, seis o siete años?; algunos de nosotros iríamos a ver los escaparates, tal vez compraríamos un par de ellos, los guardaríamos bajo la mesa de ping-pong del sótano y los sacaríamos para que los vieran nuestros amigos”.

5

Una chica con el pelo teñido del mismo azul que la actriz de La vie d’Adèle dice con acento chileno en un garito barcelonés, cigarro armado entre los dedos: “¿Por qué las gordas no podemos tener pololo?, ¿por qué no publicamos fotos en traje de baño como lo hace una ‘wueona’ de 40 kilos?, ¿por qué hay que seguir los consejos canónicos de las revistas para mujeres y eliminar la celulitis con ejercicios militares? Habla tan fuerte, que la terraza del bar se silencia y queda su vozarrón sonando en estéreo, ¿cachai?

1-11-15

1

“Veo / quiero / compro / pago / consumo”, empezaría el poema a machetazo limpio y sin un duro en el bolsillo después de haber visto, querido, comprado, pagado y consumido. Ahora estoy vacío. Era presumible. Miro en las góndolas de lácteos, que temo, y nada me motiva. En la vidriera de una óptica las Persol ya no me cantan “compraaame, compraaame”. El peluquero de siempre me anima a que me corte el pelo solo. ¿Será posible que no queden zapateros en el barrio?, ¿y librerías? La gente lee lo que escribe para sí.

2

En España se pusieron de moda los restaurantes que sirven conservas. Un ejemplo: navajas de las rías en Bodega de la Ardosa –un clásico de Malasaña– con copita de Albariño. Para llegar al apartado del boliche hay que acurrucarse y pasar por debajo de la barra. Un pizarrón registra los récords de los chupandines más impúdicos de Guinness: el ganador es un alemán que se bajó ¡14 pintas! en poco más de tres horas el 25 de septiembre de 1989. Reza un cartel, lapidario: “el récord está cerrado hasta nuevo aviso”.

3

Un linyera provisto de unas New Balance incandescentes ostenta facha de Chet Baker –en su peor época– en un vagón de la línea A, estación Loria. El hombre se sume en un soliloquio que derrama en español neutro: “¿Quieres música? Deberías tener muerte, si eso es lo que buscas. Guarra, mariquita, golfa, devota. Tú, el careta de las gafas, tú. El que lee, tú [o sea, yo], no te quiero a mi lado. Tú, con el móvil y los cascos, tampoco. ¡Apestosos! Son los peores. Perra y perra y ustedes también: fuera de mi vista”.

4

Pasado ya el fértil periodo de bloqueo, aparecen remates a diestra y siniestra; por caso, en un libro de Queneau –d’occasion– firmado por Sally Mara. Pienso: tengo que aprender gaélico para escribir una novela en ese idioma. Hice grandes progresos, pero lejos aun como para sentarme a imaginar historias. La idea quedará postergada, como las clases de piano, el paracaídas o la migración a Zanzíbar. Delicias de la procrastinación. Se me ocurre que, cuando le saque punta al lápiz, será para unir lo útil con lo agradable.

5

Una pareja de chinos –a punto de casarse o recién casados– se deja retratar por una fotógrafa en la Place Dauphine. Las 9 de la mañana en París y un musulmán cuyo turbante toca el techo de la terraza del barcito Ma Salle À Manger pide una Kronenbräu y fondo blanco. Yo: una Perrier y contraseña del wifi mientras la moza portuguesa estrangula un Gauloises y la bachera croata dibuja las “formule” del mediodía. Auriculares puestos, pero en “mute”: escucho todo. Hoy, “confit de canard” y mi vecino de mesa que dice “mmmmm”.

8-11-15

1

Vagaba lo más pancho por la Rue Bonaparte escuchando el disco de covers de Micah P. Hinson. “Suzanne”, para más precisiones. Frente a la casa en que nació Manet, un bombardeo de paparazzis. Cara Delevingne y su flamante novia, la cantante St. Vincent, trepan a una mecha negra. Dentro las esperan dos conejos tobianos y el chofer, que les da la bienvenida en un francés que, intuyo por el acento, es idéntico al que hablan en Dakar. Con razón –pienso ahora, mientras escribo– ambas mujeres llevaban zanahorias en la mano.

2

Japonesas arrastrando los pies, yanquis detrás de una señora con micrófono y banderita, alemanes en un bus turístico atestado, gabachos manejando autitos de tres ruedas, suecos a bordo de Segways, israelíes sacándose delfines (así autocorrige el Word la palabra “selfies”) con celulares enganchados a palos, gitanos con perros vestidos, rumanas que mendigan un “eurro, un eurro, un eurro parra comerr”, hipsters mexicanos con bolsas de H&M, policías en scooters eléctricos… una tarde cualquiera pateando por Paseo de Gracia.

3

“Todos estábamos convencidos de que el mundo iba a convertirse en el imperio de lo visual, un lugar lleno de imágenes, pero, si miramos a nuestro alrededor, lo único que vemos es gente que no para de escribir, leer y textear: vivimos inmersos en el lenguaje de un modo que nadie se había atrevido a soñar”, bate Kenneth Goldsmith, el mentor de UbuWeb, el babélico archivo virtual de arte vanguardista. Ésa y otras tesis disruptivas se forjan en su libro Escritura no creativa, que acaba de editar Caja Negra.

4

Voz de tenor de cucarachas, motero de pura cepa, amante del blanco y negro (“el color no te deja imaginar”, decretó), piernas quebradas varias veces, fotógrafo hijo de oftalmólogo (o sea: un poeta del ojo), hermano gemelo de Alfredo: algunas de las señas particulares de Alberto García-Alix, quien expone Sombras del viento en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León. Hay retratos, dos ruedas, autorretratos y la sensación de que la vida está todo el tiempo a punto de apagarse, pero, aun así, extáticamente prendida.

5

Secuestrá a alguien y hacelo inmensamente feliz. Inventá un casting de personajes callejeros y, cuando hayas encontrado al ideal, regalale tu mejor campera. Reíte mucho, a más no poder, en el subte o en la cola de la farmacia. Comprá libritos de $5 en la maquinola de la Biblioteca Nacional y fingí que los olvidás en bancos de plaza. De vez en cuando, ni idea, ponete una camisa al revés o caminá con las manos. Desayuná un bife, almorzá medialunas y comé un plato de frutas con mezcal. Sí, me entró un brote sesentayochista.

15-11-15

1

Hace rato que tenía ganas de hacer esto. Es hoy, algo me lo dice. He aquí una performance hasta ahora inédita en el mundo: yo, el periodista, les doy mi número de teléfono y ustedes me llaman si quieren que les cuente una historia. Como escribió Beckett en Molloy: “Lo que necesito es que me cuenten historias, he tardado mucho en saberlo”. Estoy en la misma, pero voy a empezar al revés. Por favor, llamen al 15-2331-1767 después de las 11 y terminen antes de las 19 (voy al cine). No vale otro día, ¿tá?

2

Las persianas vecinas cayendo como un piano por las escaleras me fuerzan a apagar el día. Me sugestiono: cierro los postigos. Algo similar me pasó en Salta, cuando María Livia posó sus manos sobre mis hombros descreídos y me desplomé porque a mi izquierda se habían desplomado. La música de persianas clausura un martes y el miércoles se estrena con el despertador, objeto inventado por un perverso impuntual. Llegar anticipadamente a una cita, ¿califica como impuntualidad? ¿Quién llega en punto? ¿Y a punto?

3

Nada que ver, quizás, pero Bert Jansch murió el 5 de octubre de 2011. No hay Jimmy Page, no hay Nick Drake, no hay Neil Young, no hay Fleet Foxes, no hay Devendra Banhart sin el escocés que fundó y fundió la banda Pentangle. Se fue con 67 pirulos, los mismos que calzaba Hunter S. Thompson al partir, quien dejó escrito justito antes: “No más juegos. No más bombas. No más caminar. No más diversión. No más nadar. 67. Esto son 17 años después de 50. Diecisiete más de los que necesito o deseo… Relajate, esto no dolerá”.

4

En una de las siete islas Canarias quedan algunos viejos que todavía hablan un lenguaje ancestral llamado “silbo gomero”. Para comunicarse a través de barrancos y a mucha distancia, los habitantes de La Gomera emiten peculiarísimos chiflidos con los que arman frases bastante elaboradas. Su sobrevivencia se debe a la orografía montañosa del lugar y a la necesidad de sus silbadores de practicar el pastoreo hasta hace pocos años. Por desgracia, el éxito es escaso a la hora de enseñar el instrumento lingüístico.

5

Pendeviejos con lompas arremanagados, c’est la mode. Y esos monsieurs tan beckettianos con su cashmere polera sin edad. Dos sweaters así por dinastía y listo el pollo. Perrito peludo, la última de Pascal Quignard y una novia turca, curadora. La pareja se besa apasionadamente y la pasión de los parisinos es como una ola del Caribe, sshh-sshh, onda canción de Trenet: Trenet y no Gainsbourg, según Houellebecq, que además lo canta de perlas en un libro escrito en la Patagonia por su traductor al portugués: que reste-t-il…

22-11-15

1
Aterriza sin problemas el Airbus 340 de Aerolíneas Argentinas. Después del clásico “bienvenidos al aeropuerto internacional Ministro Pistarini, la temperatura local es de…” y de los consabidos aplausos (argh), el piloto se despacha: “quiero disculparme con ustedes por las fallas en algunos de los sistemas de entretenimiento a bordo, pero éste es el último año de servicio de este avión, así que les pido que le tengan un poco de paciencia y espero que la compañía lo reemplace próximamente por un modelo más nuevo”.

2
1983. Caetano ruludo, Jagger tomando una birra de lata y un periodista de jetra que oficia de moderador en una sucesión de imágenes filmadas por Walter Salles mucho antes de ser Walter Salles. El video casi sepiado, de poco más de media hora de duración, se pesca en YouTube. En un departamento neoyorquino, los músicos destrozan el matrimonio, enarbolan la poligamia, critican a los ricos, defienden las supersticiones, opinan de África (el brasileño: Nigeria; el inglés: Kenia) y rememoran tiernamente a sus padres.

3
Poco antes de morir, hace 40 años, el boloñés Pier Paolo Pasolini le dijo al periodista Furio Colombo: “La tragedia es que ya no hay seres humanos sino máquinas extrañas que chocan entre sí”. Un film de Abel Ferrara protagonizado por Willem Dafoe viene a recordarlo, pero yo, yo recuerdo una escena de Caro diario en la que Nanni Moretti detiene su Vespa frente al descampado adonde mataron a PPP y se queda en silencio sobre The Köln Concert, de Keith Jarrett. Uno de los silencios más bellos y potentes del cine.

4
Camino de L’Opéra Garnier, caigo en la cuenta de que el oficio de cartero está de regreso (Bukowski, feliz) y de que la alcaldía de París te multa con la módica de € 68 si revoleás un pucho en la vía pública. A todo esto, voy a ver una puesta de Platée ideada por Laurent Pelly y cuyo sátiro es un amigo barítono que, según sus hermanos, canta como los dioses porque de chico dormía con la boca abierta y ellos lo alimentaban a base de distintos insectos. Pensar que su voz de bellas cañerías se formó así me hace flashear.

5
Marito Pérez Ruiz regentea L’Àvia, un garito del Raval en el que se sirven tardías paellas, deleznables empanadas y guisos de bacalao. El hombre, muy charlatán, luce idéntico al actor John Goodman. Junto a la caja registradora se venden sus libros: también escribe. Le tiro la lengua. Es infrarrealista, dice; fue amigo de Bolaño y nació en Montevideo. Gaby, su ayudante rumano, se parece a Largo, de Los locos Adams: se rumorea que trabajó como mayordomo de Ceausescu y que una bala 9mm duerme en su cabeza.

29-11-15

1

Fui a un spa. Nunca antes había ido a un spa. Palabra rara, spa. Entró en las vetustas arcas de la Real Academia Española el año pasado y confieso que decirla seguido me causa cierta perversión: #spa, ¡spa!, ¿spa? Entre baños de vapor y duchas escocesas, pasar el día en un spa es ablandarse, convertirse un poco en ameba. El origen del término es discutido: ¿viene de la ciudad belga Spa, famosa por un centro termal que frecuentaba la oligarquía, o del acrónimo latín “salus per aquam” (o sea, “salud a través del agua”)?

2

Un cuate mexicano me invita a descorchar un mezcal. “Hacerlo solo es un sacrilegio, cabrón”, dice por teléfono. Su casita porteña es un templo veracruzano. ¡Plop! y abierta de un saque la botella de La Izquierda Mexicana Del Siglo XX, aguardiente artesanal de Guerrero que exhibe, pintado a mano, el perfil del guerrillero Lucio Cabañas. Primer sorbo –bendito, ahumado, picante– y mi carnal que suelta un “¡pata de indio!” referido al olor del asunto. Me apego al refrán: “Para todo mal: mezcal; para todo bien también”.

3

En esta época florecen los jacarandás y, no sin chocarrera puntualidad, los fundamentalistas del aire acondicionado. No hablo de la banda que creó el Indio Solari en 2004 sino de los contrariados que empiezan a sufrir el calor –o a fingir que lo sufren y a hablar sin parar de él– aun cuando el calor no desembarcó del todo. ¿Qué necesidad tienen, por ejemplo, de programar en 18 grados el mastodóntico y ruidoso aparato un martes por la mañana, cuando el termómetro recién marca unos templadísimos 22º?

4

Me formé culturalmente en los 90. Pulp y 2Pac, ICQ y Tower Records, Cris Morena y Pumper Nic. Ésa fue mi década: de a ratos nefasta, de a ratos gloriosa. Ahora mismo, casi 2016, los ánimos –previsiblemente circulares– parecen volver a aquellos tiempos. Las marcas de mi generación desaparecieron de un plumazo y ahora están de vuelta. Mirás para abajo y la gente vuelve a usar, con pasmosa unanimidad, las clásicas New Balance 574; mirás para arriba y la gente vuelve a usar, con pasmosa unanimidad, gorras.

5

Roland Barthes hubiera cumplido 100 años el 12 de noviembre. Me quedo con estas líneas del francés nacido en Cherburgo: “Escribir en el placer, ¿me asegura –a mí, escritor– el placer de mi lector? De ninguna manera. A este lector es necesario que yo lo busque (que lo ‘conquiste’) sin saber dónde está. No es la ‘persona’ del otro la que me es necesaria sino el espacio: la posibilidad de una dialéctica del deseo, de una imprevisión del goce: que los juegos no sean realizados, pero que haya un juego”.

6-12-15

1

Con seguridad, la información que sigue ya se debe haber publicado en este diario. Aun así, va de nuevo, para los que no la pescaron y para que la ilustre Kalil (imagino un dibujo psicodélico). Una bandada de siete guacamayos rojos –especie extinta en el país– coloreó el cielo de los Esteros del Iberá después de ¡200 años! Según el ornitólogo Igor Berkunsky, líder del proyecto de reinserción, estas aves frugívoras “cumplen un rol ecológico clave en el Nordeste porque dispersan semillas que alimentan a otras especies”.

2

“Hay que soltar”, recuerdo que decía el grafiti, término divulgado por el arqueólogo napolitano Raffaele Garrucci cuando promediaba el siglo 19. Anoche o antenoche, alguien tachó la “o” del verbo de moda y la cambió por una “a”, de manera que ahora se lee, en las paredes de una casa abandonada de Palermo, “hay que saltar”. Aferrarse fuerte y soltar ligero, me sopla un camarada de yoga cuando termina la clase; parece que hablara del grafiti, pero se refiere al cuerpo. ¿Lo opuesto a poseer y controlar? Me copa la idea.

3

Es la tercera vez que me sirven ayahuasca (en quechua, “soga de los espíritus”), la milenaria medicina amazónica que proviene de una liana, planta que indica que todo es circular, que lo que pasa volverá a pasar. La primera vez fue en la selva ecuatoriana; la segunda, en un derpa porteño; la tercera, en el Delta tigrense. Río y lloro a la vez: un viaje sanador, de luces y sombras, al interior de mi interior. Persiste una imagen, yo soy un viejito sabio de ojos chinos, el pelo canoso que baja por la espalda.

4

Lo tildan de chinchudo y arisco al irlandés Van Morrison. Me tiene sin cuidado porque está a la altura de Dylan y Cohen. Su disco Astral Weeks, de 1968, es uno de los que más veces escuché, escucho y escucharé. Hace poco lo vi en vivo en Madrid: 88 minutos de liturgia, gafas negras y se me cayeron los pantalones cuando tocó “Moondance”, “Enlightenment”, “In the Afternoon” y “Magic Times” de un tirón, despistando incluso a sus músicos –elige las canciones a medida que avanza el show– en su trance de jazz, blues y soul.

5

En mi rol de tío de dos divinísimas criaturas mujeres, quedo patitieso cada vez que vamos a la plaza. ¿Ustedes no? Hace mucho que no iba a la plaza, de hecho, así que había borrado del disco duro la dinámica un tanto despótica que plantean los niños con su envidioso culo-veo-culo-quiero tan a flor de piel. En el arenero, los baldes pasan de dueño en dueño a través de llantos, tironeos y hastíos; mientras me empaco para que no nos roben los juguetes, mi madre –la abuela– se zarandea con las petardas en la calesita.

13-12-15

1

Tipée la palabra “molicie” en Google y elegí cinco resultados al azar. El primero de un total de 149.000: “abandono invencible al placer de los sentidos o a una grata pereza”. El segundo: un hotel en Medellín que ostenta, según 132 usuarios, un puntaje de 4,5 sobre 5. El tercero: el vínculo etimológico entre “molicie” y “molusco”. El cuarto: una bonita casa en alquiler en las sierras cordobesas. El quinto: el escritor murciano Javier Orrico ha quedado finalista del XVIII Premio Loewe de Poesía con su obra “La molicie”.

2

Hace dos minutos terminé de ver Beasts of no Nation en Netflix. El director, Cary Joji Fukunaga, también dirigió la primera temporada de True Detective. Quedé mudo con la película: desoladoramente bella, cruenta y salvaje, no ofrece ningún paliativo. El protagonista es Agu, un niño de un país africano sin nombre que de la noche a la mañana se convierte en adulto por las peores vías (in)imaginables. El argumento está muy cerca, si no pegado, a varios pasajes de Hambre, el libro más reciente de Martín Caparrós.

3

El padre de Laure, la mujer francesa de mi amigo Fran, viene de visita a menudo y cada vez lo que veo, en un almuerzo o a la hora del vermú, chupa Aperol Spritz. Saco el tema. “3-2-1”, contesta, fanatizado. Rápidamente aclara: “3 partes de Prosecco, 2 de Aperol y 1 de soda: siempre antes de comer”. El licor surgió en Padua luego de la Segunda Guerra y se hace con naranja, ruibarbo, genciana y cinchona, entre otros ingredientes. Por su parte, el Spritz se remonta a los tiempos de la dominación austro-húngara en el Véneto.

4

Lotos es un boliche de comida macrobiótica y vegetariana atendido por taiwaneses. Acaban de restaurarlo, pero no deja de parecerse a una cantina colegial. Ayer almorcé ahí solo. En la mesa contigua había un señor con pinta de sabio. Eso se veía en la forma que tomaban los dedos al usar los cubiertos, por ejemplo: sensación de mente-cuerpo-espíritu-alma integrados. Él leía a Krishnamurti y yo, a Harry Mathews. Antes de partir me dijo con tono amistoso, como de bisabuelo: “Mirá con la piel interior de tus párpados”.

5

Sala de espera del dermatólogo. Bien elegido, pienso, el nombre “sala de espera”. Una señora le dice a otra, que manipula su celular: “Acá no hay onda”. La receptora del mensaje no entiende a qué se refiere la emisora. “No hay onda”, insiste, “no anda el Movicón”. Pasa un cuarto de hora –acato, sumiso, las vueltas del reloj– y de pronto “¡Feune de Colombi!”. Entro en el consultorio y Ricardo: “50%”. Mensajes emitidos al éter con cierta rareza… “¿50% qué?”, pregunto. “50% entiendo lo que escribís cada domingo”.

20-12-15

1

Hace un mes publiqué un remate en el que los invitaba a llamarme para que les cuente un cuento. El ensayo fue genial. Recuerdo los llamados de Teo, un niño de 8 años, y de una familia varada en la Panamericana. Algunos me preguntaron si los cuentos eran ciertos y yo contesté: “¿qué cambia?, ¿acaso es verdad lo que cuenta Tom Waits cuando dice que duerme con el traje puesto?”. Invierto la oferta: llámenme hoy, entre 15 y 19, al 15-2331-1767, y escucharé las historias que me quieran contar, reales o falsas.

2

Me gusta Ezequiel Borra y me gusta su canción “Ese qué sé yo” porque es un perfecto decálogo de imperfecta porteñitud. También me gusta Sofía Viola y me gusta su canción “Vamos” porque me pone loco de felicidad. Uno canta en los discos de una y una canta en los discos de uno. Abran sus Spotify y busquen, entonces, el álbum Lo peor, de Borra, y el álbum Júbilo, de Viola: hay invocaciones de Leo Maslíah y de Violeta Parra y letras desacartonadamente cómicas para tararear lavando los platos o para bailar sin eje.

3

Recuerdo que muchísimos años atrás, haciendo el cuestionario Proust, una vieja amiga de mi madre me dijo que su sonido predilecto era el de los músicos de una gran orquesta afinando los instrumentos justo antes de empezar a tocar… “esa suerte de desorganización organizada”, precisó. Puesto a elegir, mis votos van para una profesora de latín que tuve en Ginebra cuando estudiaba Letras. Era travesti y comparaba los fonemas con el ruido que hacían las puertas de ciertos autos –un Volvo 140 del 74, por caso– al cerrarse: ¡clanch!

4

Cada mañana me exprimo, desde hace años, un jugo de naranja. Ahora bien, de un tiempo a esta parte me hablan voces –¿a quién no le hablan voces?– que no me pertenecen: “eat your fruits, juice your vegetables”, en la voz de un amiga inglesa; “¿la fruta es orgánica?”, en el vozarrón de un cocinero; “los cítricos son pésimos para el esmalte de los dientes”, en la vocecita de una arquitecta; “la vitamina C es puro verso”, en el hilito de voz –“hijito”, corrige, siempre poético, el celular– de una cantante disfónica.

5

En la esquina de Santa Fe y Callao recibo este volante: “Don de nacimiento, Sra. Mariel. Si en tu matrimonio hay traición, despecho, rechazo o alejamiento, lo atraigo por más difícil que sea. Sin hacerte preguntas te diré pasado, presente y futuro. Rompo cadenas de amargura. Quito las épocas de mala suerte. Abrecaminos. Anulo envidias y brujerías. Si no tienes pareja, te ayudaré a encontrarla. Si tú o un amigo está en uno de estos casos, dale este folleto y te lo agradecerá, o consérvalo: te dará suerte”.

27-12-15

1

Asado de fin de cosecha en la finca arandanera de un íntimo amigo. Yunga tucumana, el alarido desahuciado de un nasua nasua, decoración à la Kusturica, descubro un corte de carne (queperí: ¿junan?) y el celular que se anuncia “sin servicio”. Todavía quedan frutas colgando de las plantas. Al amanecer, elijo los arándanos más gustosos, recién regados por el rocío. “¿Por qué no cosechan estos ejemplares?”, pregunto. “Porque están muy sensibles y no llegan a destino”, contestan. ¡Tan poetas en el campo!

2

Me obcequé con una canción de Maria Bethânia que se llama “Canto de Oxum”. Fue compuesta por Vinicius y está dedicada a la diosa de las aguas dulces, una de las figuras más bellas del panteón yoruba, mitología que Brasil tomó de Nigeria y mutó en candomblé. El divino canto arranca –vine a saber mucho después– con un verso de la poeta portuguesa Sophia Mello de Breyner Andresen, que habría que leer todas las mañanas del mundo: “Quando eu morrer, voltarei para buscar os instantes que não vivi junto do mar”.

3

En Navidad Jonas Mekas cumplió 93 años. Quiero desearle un muy buen feliz cumpleaños, señor Mekas. Sé que usted dice que no es cineasta ni artista sino un granjero. Como tal, lo respeto mucho. Leí tres veces su libro Ningún lugar adonde ir: me deparó una enorme alegría (usted sabe por qué). No deje de escribir ni de filmar, por favor. Cuando se vaya de este mundo y su alma revolotee sobre su Lituania natal, ojalá yo esté cerca para sentir una vibración en el suelo, en los ojos de los búhos. Hasta pronto, señor Mekas.

4

“Muchas gracias, señor”: mi civismo en esas palabras tan usualmente respiradas como un “buenas tardes” o un “adiós” con pañuelo blanco y besos, todo muy calculado. Los faroles del relojero fulgurantemente azules: azul cordillera, azul Klein, azul de metileno. ¿Relojero? Así es. Relojero. No del verbo relojear, que venero, sino de pura cepa, oficio heredado de tres generaciones y tic tac, contando. Monóculo, pulso de francotirador. “Era la pila nomás, che, y hoy los pibes buscan la hora en la pantalla del telefonito”.

5

El mentado, ramplón, afanoso tema del WiFi: uí fí o uái fái, c’est lo mismo, en su logo onda yin-yang de ubicuidad deística creado en 1999 por la agencia Interbrand… ¡no tenerlo parece una herejía! ¿Verdad que sí? Verdad que no dicen los cubanos, que, según boquea un informante, se apiñan frente a los hoteles-cadena de La Habana a pellizcar alguna contraseña, que cosecha en bolsa. Hay cuchicheos que se cobran carísimo y redes colapsadas una vez estás dentro, como en “Ante la ley”, de Kafka… pero del otro lado.

3-1-16

1

Tan domesticado y aun así tan salvaje, el sol está a punto de ser absorbido por el horizonte. Suena Concha Buika en la batata que alquilé y que manejo muy orondo cerca del Jagüel, en Punta del Este. De pronto, al borde de la ruta, en un camino de tierra que llama la atención por un cartel rosa que dice “Motel”, una mujer barriguda vestida con calzas y havaianas le zampa desde su Econo Power un mamporro a otra mujer, vestida con calzas y tacos aguja, que tambalea: casi seguro, una pelandusca que espera un cliente.

2

Trepo tardísimo a un taxi. No ha sido un buen día. Maneja un muchacho joven, con rastas y en musculosa. Ventanas abiertas de par en par tipo diligencia que surca el Far West en película de Sergio Leone. ¿Y saben qué? Suena Isabel Pantoja a todo lo que da. ¡¡Isabel Pantoja!! Sus coplas gitanas se esfuman del Corsa y el espejo retrovisor me devuelve la cara del tachero convertida en sonrisa onda guasón y algún que otro tarareo menguado: “Se quedó tu velero perdido en los mares/ varado en la arenaaaa”.

3

Niños recogiendo castañas debajo de un castaño en el jardín de Luxemburgo. Baja un cuervo de un plátano. Unas viejecitas en jogging ejercitan con palos de escoba. Un tipo lee el Corán frente a Gibert Jeune y Wilcock en el estante de los autores italianos. Zumban varias Piaggio de tres ruedas, tipo centauro, y braman varios autitos Renault para un solo ocupante. No tiene que pasar casi nada-nada para que pase algo-algo. Y, sin embargo, París no es una fiesta. La ciudad está triste, nerviosa y paranoica, pero resiste.

4

Harto de estar dentro de mí hace 35 años, mi corazón va a dar un paso al costado, le saldrán unas peculiares patitas y caminará en busca de otro cuerpo. De manera inversa, un corazón ajeno y también harto llegará caminando a mi cama por la noche y sin que me dé cuenta –un escalofrío o dos, depende– ocupará el hueco vacío que dejó su colega. Corazón nuevo: espero que te encuentres a gusto ahí y batas manso en la caparazón desde la que escribo esto, confundido porque todavía no me acostumbro a tu compás.

5

Releyendo El libro de la almohada, de Sei Shônagon, caigo sobre una idea que define estas reflexiones de domingo (ojo, no es que me proponga rotularlas). Los textos de la escritora japonesa se enmarcan dentro de los “zuihitsu”, literalmente “el correr del pincel”. Es decir, “ensayos fugaces y digresivos, farrago libelli sobre emociones, observaciones, apuntes autobiográficos o poemas carentes de una orientación predeterminada: una dispersión del sujeto en fragmentos”, como apunta Amalia Sato en el prólogo.

10-1-16

1

Amanecí en José Ignacio, almorcé en La Boca y dormí en São Paulo. Parezco un político en campaña, pero no, nada que ver, soy un actor de gira: vine a Brasil a presentar mi obra de teatro a pie. Unas “dicas” fugaces para quienes visiten el coqueto barrio de Jardins: hamburguesa con hongos y camembert en Zdeli, helado de goiaba en Dri Dri y jugo de caña de azúcar en la feria callejera de los jueves. Los textos de hoy versarán alrededor de un reciente viaje a la ciudad que Tom Zé canta en “Augusta, Angélica e Consolação”.

2

El prefeito Fernando Haddad se enemistó con miles de los 12 millones de habitantes de la ciudad cuando restringió el acceso de los autos al centro. Si bien en cuanto a las ciclovías tuvo razón, todavía faltan los ciclistas: por allí circulan un montón de “catadores”, idénticos a nuestros cartoneros. Con respecto a convertir la avenida Paulista en peatonal los domingos, la pegó. La arteria principal de Sampa se plaga de músicos talentosísimos, evangelistas que venden sus “pare de sufrir” y mascotas con la lengua afuera.

3

Me cuentan del género de cine “porno chanchada”, invento brazuca que no merece introducción, en un ágape al que llega un hombre gay de la mano de su ex mujer, lesbiana, ¡y las mellizas de ambos! Durante la fiesta, el padre de las chicas saluda a un francés con el que tuvo una historia y que está saliendo con una prima que se suponía “zapatão” y ahora gusta de señores. Todo así por estos lares… Un amigo que trabaja en la galería Vermelho ensaya una metáfora robada al arte : “acá son figurativos a tope, cero abstractos”.

4

Visito el Museo de Arte de São Paulo, cuya arquitecta es la célebre Lina Bo Bardi. Resulta que esta mujer que murió en 1992 ideó, en la década del 50, unas bases de concreto sobre las cuales se apoyaba un vidrio del que colgaban, desnudos, los cuadros, de modo que uno veía frente, dorso y costados, todo a la vez, flotando. Después de muchos años, cambió la dirección artística del MASP y reubicaron esos bellísimos caballetes rediseñados en la pinacoteca, como si fueran los guerreros de terracota de Xian. Se ven a-lu-ci-nan-tes.

5

La Mercearia de São Pedro, en el barrio paulista de Vila Madelena, era un reducto de escritores y hoy es bar, librería y restaurant, además del lugar más divertido de la ciudad para mirar partidos de fútbol. Siempre blandiendo un chopp (pronúnciese “shopi”), los parroquianos hablan a los gritos: nadie chilla más que los brasileños. “Mais um?”, ¡claro! Y dale que va, entonces. 2.400 botellas de Original de 600ml por velada. Posters de cine indie en las paredes y entusiastas vendedores de pasteis yirando entre las mesas.

17-1-16

1

En un trecho del documental Jiro Dreams of Sushi, que está en Netflix y dirigió David Gelb, pasa lo siguiente: la cámara se queda con un proveedor de atunes rojos en el que el protagonista confía ciegamente. El tipo entra en el mercado Tsukiji, merodea alrededor de piezas inmensas de pescados dispuestas en el piso sobre tablas de madera y examina con linterna el interior de cada una, pellizcando trocitos de carne. Luego suenan unas campanas, algunos muchachos cantan a coro y empieza el furibundo remate a los gritos.

2

Alba, Mathieu, Bravo, Busquets, Alves, Sergi Roberto, Alves, Neymar, Rakitic, Iniesta, Neymar: todos los apellidos que tocaron la pelota antes de que el zapatazo de Andrés “El cerebro” Iniesta inflara la red de Keylor Navas en la clase de ballet que el Barcelona le dio al Real Madrid hace un par de meses cuando le ganó 4-0. Volví a ver el partido y, pensando en la obra maestra que relato arriba, me impresionaron los mágicos segundos en que la bola flotó en el pasto, aturdiendo a todos menos al goleador.

3

Una amiga me habla de la ingratitud de los hijos chicos. Cree que no recordarán nada de la época que oscila más o menos entre el nacimiento y los 4 años y en la que los padres dan todo de sí –y mucho más– para demostrarles cariño. Le cuento que recordé algo que una vez me dijo Cecilia Roth en relación con los rodajes: siempre que hay buena onda detrás de escena, eso termina percibiéndose en la película. Con respecto a los niños, pienso igual: aunque olviden, de algún modo registrarán el afecto. ¿Se entiende el paralelismo?

4

Viendo un sensacional mediometraje del danés Jorgen Leth, me topo con Warhol. Aviso a los obses: 66 Scenes From America se pesca en YouTube. Boludeando, aprendo que el sultán del pop no sufrió sólo un atentado en su vida –aquel célebre disparo a quemarropa que le propinó la chapita Valerie Solanas, autora del manifiesto SCUM– sino que fueron dos. El segundo, obra de una catalana que le arrancó a Drella (mezcla de Drácula y Cinderella) una de sus 500 pelucas en un vernissage. Hasta hoy, no apareció…

5

Hablando de bisoñés, caigo en un ensayo del mexicano Luigi Amara que publicó Anagrama con el título Historia descabellada de la peluca. El libro versa sobre un complemento que ha sido menospreciado y escasamente estudiado. El autor estima que el peluquín, que murió con la Revolución Francesa y revivió con las drag queens, es algo así como una segunda naturaleza que serviría de “carta de presentación cósmica” ante una hipotética invasión extraterrestre porque encarna la paradoja de una libertad portátil, carnavalesca y desechable.

24-1-16

1

Operación sencilla: convierto en texto un comiquísimo video paraguayo de YouTube. “Estábamos tomando tranquilamente en la jurisdicción de Surtidor y yo le dije ‘vamo a irno a casa a descansar, mañana es día laboral’, y este personaje me dijo ‘vamo a irno, pero como yo quiero’. Comenzó a acelerar y esa pendiente es un poco… trambólico. Hay que saber subí y bajá y quiso pasá entre un 60 y un 80 kilómetros por hora y voló y me hizo volar. Y yo volé de él por acá, por la arbolada, y él voló y se estrelló por la paré”.

2

La escena tuvo lugar un sábado a la tarde en un punto incierto de la avenida Callao. Un trapito corre, franela en mano, hacia un hombre grande y le dice: “Señor, dejó las balizas puestas”. El conductor vuelve sobre sus pasos y avisa: “Es que dejé a mi mujer adentro”. Ni lerdo ni perezoso, el trapito arremete: “Se la cuido también”. Afortunadamente, la cosa se torna literal y el hombre intenta averiguar qué precio le cobrarán por la doble vigilancia. “Le hago un 2×1, no se preocupe”, escucho, casi yéndome.

3

Iba a contarles de los jardines psamófilos –sí, esos que crecen en la arena–, pero me quedé con ganas de hablar de Jørgen Leth, el cineasta, guionista y actor danés que mencioné la vez pasada. En 1967, el abuelo del Dogma filmó El humano perfecto, un cortometraje antropológico muy vinculado con su otro hito, la excepcional película Las cinco obstrucciones, que dirigió junto a Lars von Trier y que, si no vieron, ¡deberían ver ya! Además, Leth trabaja como comentarista deportivo y su gran pasión es el ciclismo.

4

Como cada fin de año, mi amigo Marcin y su familia aterrizaron desde Polonia. Él, un eximio pianista, me contó que, con el mote de DJ Chopin, pasó música en un boliche varsoviano durante algunos fines de semana. En vez de hacer sonar temas electrónicos, sorprendió a propios y extraños con sinfonías de Wagner y sonatas de Beethoven a toda castaña. Hubo quienes se limitaron a escuchar, absortos, y hubo otros, más audaces, que se entregaron a bailes pocos ortodoxos, animados por movimientos vagos, pero firmes.

5

Fui a un casamiento en Punta Ballena, en el hotel La Solana, construido por el arquitecto catalán Antoni Bonet, el primero de los tres apellidos del sillón BKF (los otros: Kurchan y Ferrari). Formado con Le Corbusier, el hombre amaneció en estas costas luego de que estallara la Guerra Civil Española. Respetuoso tanto de un mueble como del planeamiento urbano de una ciudad, hizo del balneario de Portezuelo, en 1945, una joya de la arquitectura moderna. Prueba de eso es la Casa Berlingieri, aún de pie y visitable.

31-1-16

1

Un pescador me dice, como quien no quiere la cosa, que hay súper abundancia de sirís en la playa nudista Chihuahua. Allá voy, equipado con mediomundo y mis ropas, bien aferradas al cuerpo. Todo sea por un panzazo de cangrejos azules. Atónito quedo cuando, en la orilla, la canasta se va llenando de estas jaibas de ambientes marinos o estuarinos a la vista de hombres y mujeres que, en tarlipes, bichan muy mansos la faena que llevo a cabo y que culminará en una suerte de caldo veraniego regado con Albariño.

2

“Tomate tu tiempo. Respirá hondo. Cerrá los ojos. Dejá que los sonidos que te rodean vengan a vos. No vayas a buscarlos. Esto es como una autopista llena de ruidos: no vas a callarlos, pero los observarás desde otra perspectiva. No te preocupes si la mente se distrae”. El que habla es Andy, una voz de acento very british que oigo cada mañana desde la app Headspace, que me ayuda a meditar. Creada en 2010 por el monje budista Andy Puddicombe, la plataforma le baja los cambios a dos millones de personas por día.

3

Retomo el elástico hilo de aquel remate en que les propuse que me llamaran para contarme un cuento y elijo uno de los muchos que me regalaron. Una mujer me refirió un sueño protagonizado por ella y por un hombre llamado Javier. Al final del cautivante relato, me confesó que el hombre se llamaba Esteban –como todos los hombres de sus sueños y como el hijo varón que no tuvo– y que había elegido otro nombre, al azar, para no asustarme. La que se asustó, creo, fue ella cuando le dije cuál era mi segundo nombre.

4

Ligué el libro La cinta transportadora, del músico Ulises Conti, y algo del siguiente párrafo me hizo recordar al cineasta español José Luis Guerín: “Vivimos sometidos a un mundo visual y, sin embargo, podríamos recurrir al sonido mucho más de lo que lo hacemos habitualmente. El sonido resulta más profundo que la imagen: a veces me sorprende que los músicos casi no piensen en él. El sonido representa lo que uno es, pero también lo que uno aparenta ser. Ningún sonido puede decirse de la misma manera dos veces”.

5

Hay algo muy sensato en Francis Alÿs, de quien ya hablé acá. En el video de la performance A veces hacer algo no lleva a nada, de 1997 y disponible en su web, su figura modiglianesca aparece vestida con camisa holgada, chinos y All Stars. Lo entrevisté hace poco y lo vi exactamente igual. Entonces, recorrí la muestra del Malba con un amigo cineasta, que opinó: “Sus videos son mejores que los de la mayoría de los directores de cine actuales”. Pregunté por qué y contestó: “Son sensatos”. Pongamos de moda la sensatez.

7-2-16

1

En una comida organizada por una amigota mecenas (los remates de hoy vienen de aquella noche) conocí a una artista uruguayo-rumana. Inexorablemente antipática, pero con sentido del humor, se hace llamar Alicia Mihai Gazcué. Tiene sus años, mitigados por un vegetarianismo inflexible. En los 70 dejó su país natal por la chúcara Bucarest. Podríamos tildar su obra de “pop-lítica”: al decir de Inés Katzenstein, no oculta cierta influencia de Ana Tiscornia y Liliana Porter. A saber cuál será su próxima exposición.

2

Me presentaron a un dendrólogo griego casado con una taiwanesa. Ambos residen mitad de año en Río de Janeiro y mitad de año en Johannesburgo. La mesa parecía un petit comité de la ONU. Este señor contó, ante las mandíbulas flojas del resto de los comensales, que el ombú –nuestro bendito ombú catalogado por Linneo en 1762 y marca líder de ropa de trabajo– es una hierba implantada en estas lejanías por una emperatriz japonesa que se emperró con la proeza y que trajo, siendo lepidopterófoba, un ávido menú de lepidópteros.

3

A instancias de un ricachón gaúcho que, sólo para hinchar los cataplines, enterró un Bentley en su jardín, memoricé algunas reglas para que mi rancho sea un templo feliz: 1) No empotrarás el rollo de papel higiénico en un porta papel higiénico; lo guardarás en canastos –o algo por el estilo– y serán muchos; 2) Tendrás siempre una botella de champagne a mano; 3) Recibirás a tus convidados como si fueras millonario; 4) No colgarás relojes en las paredes; 5) Armarás un altarcito con figuras religiosas o paganas.

4

Ella no me saludó, yo no la saludé. Sin embargo, estoy seguro de que nos reconocimos. Lo sé de mi lado, lo sé del suyo: aun así, nos evitamos con esa tilinguería tan propia… del momento. ¿Si no era ella?, podría haber pensado yo; ¿si no era él?, podría haber pensado ella. Especulaciones igual de evasivas y pueriles. De habernos saludado todo habría sido, tal vez, peor. Mucho peor que fingir un par de “holas” raquíticos y un remixado “¿qué día llegaste-adónde estás parando-hasta cuándo te quedás?”.

5

Prometo no enharinar el relato para que se lea en modo “libre de gluten”, por decirlo de algún modo. El ágape terminó en conga y luego: desplegué mi fantabulosa bicicleta Brompton (el mecanismo es tan jodidamente perfecto que da gusto plegarla y desplegarla, plegarla y desplegarla, plegarla y desplegarla) y me aventuré, bajo una lluvia copiosa y por callejuelas pendencieras, hacia casa. Pedaleé alegre durante media hora al tiempo que me ensopaba íntegro como tamango de croto. Empezaba a clarear.

14-2-16

1

Un domingo hablé del Break Club, ese lugar en el que rompés todo a pedazos. A la semana me contactó el creador de la movida para saber si había ido. Dije “no” y me invitó. Fui. Llevé a mi hermanito: le digo así, pero mide casi dos metros. Nos calzamos el overol, elegimos un bate, una barreta y un cacho de caño de gas. Entramos tensos en el famoso cuarto y salimos onda nirvana. Lo mejor: descuartizar un teclado –según Guido, el dueño, “un placer para quienes trabajan escribiendo”– al ritmo de “The Look”, de Metronomy.

2

Cambié un regalo en… ¿puedo escribir el nombre de la cadena de origen coruñés? No quiero hablar al divino botón, pero, guiándome por ésa y por otras experiencias del estilo, concluyo que los vendedores de muchas tiendas de ropa usan verbos (abonar, requerir, acudir, solicitar) y sustantivos (calzado, firmita, dama, shortcito) que no usarían en sus casas. Lo hacen, sueltos de cuerpo, en locales de perfume avainillado en los que suenan canciones siempre cantadas por idéntica voz de mujer tirando a histericona.

3

Ésta es la mía, pensé al toque: soy inquieto, soy obsesivo, soy exigente, soy inseguro, soy un puteador de la pu*@!$-# madre que lo re mil parió. También soy impaciente, prejuicioso, acelerado, cruel, vulnerable y retorcido. Todo eso le disparé a bocajarro al tipo que, en la segunda entrevista laboral para un trabajo que no que quería hacer, me preguntó cuáles eran mis defectos. Después me propuso dibujar cuadrados, que resolví redondos, y líneas rectas, que plasmé como si fueran culebras morfinómanas.

4

Me entusiasma escribir sobre algo que no tiene asidero, por decirlo así, en internet. Ustedes tipean la palabra “champagnabis” en Google y es lo mismo que si tipearan, no sé, “rabismocólico”. Hasta hoy, cero resultados. Esto viene a cuento de unos mendocinos que inventaron el champgnabis. Trátase, lo probé con recato en Punta del Este, de un matrimonio de espumante con cannabis que detona un efecto de ameno subidón. La botella no tiene etiquetas: el único símbolo es una hoja de chala impresa en el bozal.

5

Clasificado en versión redux que leí en la red: “Vendo Peugeot 504 mod. 95. algo venido a menos. Inmune al granizo, para preocuparte deberían caer elefantes de upite. No anda el velocímetro, pero no supera los 100 km/h ni en bajada, con el Katrina empujando de atriki. Sentirás el placer del viento porque, para refrigerarse, hay que abrir las ventanas. Al no tener radio, cd, mp3 ni USB, viajás escuchando las chicharras. Le hice sólo lo que un hombre hace: motor, tren delantero y frenos. El resto es cosa de mamitas”.

21-2-16

1

Recorriendo la Isla de Chiloé caí en la cuenta de que el siempreverde alerce –árbol denominado científicamente “fitzroya” en tributo al inglés Robert Fitz Roy, capitán del bergantín con el que Darwin dio la vuelta al mundo entre 1831 y 1836– se usó para revestir y techar cientos de casas, graneros y capillas con tejuelas de diseños multiformes. El aspecto de las construcciones (sean o no coloridas, exhiben sin pudor ni poder su eclecticismo, cruza de Patagonia con Transilvania) se enmarca dentro de la escuela “chilota”.

2

Vuelvo un segundo atrás en mi periplo por Chiloé y descubro, gracias a la búsqueda de “bergantín” en Wikipedia –sitio que uso como si fuera un diccionario común y silvestre, pero empachado de hipervínculos–, varios términos de linaje marinero que empiezan con “b”. Paso a resumir, je: bolina (acción de navegar contra la dirección del viento), bauprés (el mástil que sale desde la proa), bricbarca (un barco de tres palos), bermudiana (cierto tipo de vela triangular), ballestrinque (nudo) y balandra (pequeña embarcación).

3

Años de ver a las mujeres de mi familia arrodilladas, las manos llenas de tierra, sombrero de paja, una tijera de podar en la guantera del auto, floreros. Entonces, aprendí sobre jardines: que se vean salvajes. Me gusta lo caótico porque estoy –¿porque soy?– tal vez muy organizado. Alguien dijo que la naturaleza es demasiado verde y está mal iluminada; un paisajista debería disimularlo. Que trepen penachos y pirinchos, que broten anomalías en sutil desequilibrio: aromos con salvias, magnolios con lirios, aguaribayes con gauras.

4

Una mujer lee Madame Bovary en el 118, camino a San Cristóbal. Después de mirarla durante un rato, me acerco a preguntarle si ella es Emma, Emma Bovary. Como no podía ser de otra manera, contesta que sí. “Oui”, dice, sin mover los labios y cerrando el libro –una edición gastada– como si fuera un aplauso. “Soy Emma Bovary y lo que pasa entre nosotros es ficción: una escena escrita por Flaubert en el siglo XIX y descrita por vos en un remate que grabarás en tu cabeza y que se publicará el domingo 21 de febrero”.

5

Si raspan, al leerla con la parte menos prejuiciosa de vuestra mente, una palabra; si la miran, la sopesan, la remiran y la posan en un espectro quizá ignoto del tupido cardumen de conocimientos que navegan allí, verán cómo algo nuevo se apodera del cuerpo. Algo único. La palabra: digamos… “samba”. Cinco letras que nos hacen ya, al decirla, mover el esqueleto. Ráspenla con el índice, casi un mimo al papel. Ráspenla y el pie derecho pum pum pum. ¿Vieron? Están bailando cuando bailar era lo menos esperado.

28-2-16

1

Va un remate medio nerd, ojo. La expresión “año bisiesto” deriva del latín “bis sextus dies ante calendas martii”, choclo que significa “sexto día antes del mes de marzo repetido”. Correspondía, por entonces, a una jornada extra, enchufada por Julio César entre el 23 y 24 de febrero. En la actualidad y matemáticamente, se trata de un año divisible por cuatro a menos que se parta por 100, pero no por 400, y existe para afinar el desfase temporal que implica el ¼ de día excedente de cada ciclo anual.

2

La conocí en Costa do Sauípe. Me cayó súper. Su recital, sin embargo, no me gustó. Ahora ligué su nuevo disco. Se llama Guelã. Lo adoré. Oído de un saque, repetido varias veces a tutiplén. Lo encontré distinto, roto, audaz, sin pedir permiso. María Gadú: ¡tremenda música! Por esas cosas que pasan volví a verla en vivo. Fue en Punta Ballena. Un toque de esos que no se olvidan así nomás. Loca lindísima, loca paulista, loca talentosa. Canta del carajo, escribe mejor. Escuchen “Trovoa”: más que un tema, un cacho de poema.

3

En un reciente viaje a La Pampa, al Sudeste del corazón de la llanura pampeana (Catriló, La Gloria, Miguel Riglos, Macachín, Doblas: posible periplo), me conmovió la identificación que súbitamente sentí, no se muy bien por qué, con la imagen tan argentina –queda pobre decirlo así, tal vez “estampa” ande mejor– que se formó cuando un gaucho de boina y bombacha bajó de su vieja F100, abrió una tranquera y detrás vi, en segundo plano, un molino marchito, un eucaliptal, dos o tres vacas heladas y nubes de acuarela.

4

Si te clavó el visto, si te mandó un mensaje de voz eterno, si no podés ver su “última conexión”, si te bloqueó y un letárgico etcétera: Whatsapp da para todo porque ya es, en sí, un medio de comunicación; en rigor, se trata de mucho más… ¿o menos? Algunos detalles todavía “analógicos” me llaman la atención. Verbigracia, los “estados”. Desde el simbolito de una guitarra (un amigo músico) hasta “estoy terminando un auto, te llamo en una hora” (Héctor, un chapista), pasando por incontables “ocupado” o “disponible”.

5

A mi viejo le dicen “Pato” (por Patricio, claro). Amanecí pensando en algunos de los patos que conozco. Van en forma de homenaje: pato vapor austral (una especie no voladora que descubrí en Chile), mata-patos (el jueguito de Nintendo), pato (el deporte), Pato Camps (un finísimo 10 que la rompió en Vélez), ¿pato o gallareta? (preguntaba mi abuela Claire, la mamá de Pato, frente a un brazo del Río Negro), Pato Donald (era daltónico), pato canción (“O Pato / Vinha cantando alegremente / Quém! Quém!”…) y magret de pato (mmmm).

6-3-16

1

Este remate llega atrasado. Es para Yolita, que cumplió 97 y dice que cada día entiende mejor lo que escribo acá. El tema de la comprensión me tiene sin cuidado, pero habla, en una mujer casi centenaria, de su inmarcesible modernidad. Como decía, cumplió 97 y los festejó en Resistencia, donde vive, rodeada de amigos y familiares. A la medianoche, un gesto de elegancia sin edad: pidió ser retratada con un cigarrillo en la mano, cerca de la boca. “Sacame fumando”, le dijo a un nieto, ella que puchea de Pascuas a Ramos.

2

Resulta impepinable que las terapias alternativas coparon la parada. No me extrañaría que… me abstengo de decirlo (y eso que soy un alternativo inveterado). Almuerzo de primos en un boliche de Avenida Caseros y sobremesa pateando por Parque Lezama. Bajo un árbol de papel un señor mayor, ¡en patas!, se dirige a un sofocado grupo de contertulios. Es el “constelador”. A mí, que constelé dos veces, no me cierra que alguien lo haga a la vista de cualquiera –por caso, de nosotros, que oímos escabrosidades en plan talk show–.

3

Delante de mí, en la cola del PagoDifícil: un matón de guayabera color pistacho, piel escorada, manos de gigante que horadan los muslos con palmetazos de batero, alpargatas antediluvianas, fajo de billetes en el bolsillo del short de Racing y una voz de mujer española, robótica, pero llena de texturas, que dice: “llamar a mamá, pagar las cuentas, ir al gimnasio” y otras órdenes mediadas por verbos en infinitivo. La sargento sale de un celular desde el bolsillo del short de Racing. Al lado, peluquería Zaratustra.

4

De acuerdo con los Guinness, Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta fue el best seller más rechazado del mundo antes de su publicación: recibió 121 portazos. Ya en las librerías, vendió 5 millones de ejemplares. Su autor, Robert Pirsig, describe, lejos del budismo, un viaje sobre dos ruedas por Estados Unidos. Recién aterrizo de un periplo similar, pero por la Cordillera mendocina. Una enseñanza: la mente razona como el corazón de una moto. Otra: prefiero los caminos secundarios. La última: cuanto más se mira, más se ve.

5

Hablo mucho acá de Marcin, mi amigo polaco. Lo sé. No sólo es mi amigo sino un fenomenal pianista. Volvió a Varsovia y me contó que lo convocaron para telonear a una etíope que no conocía. Dijo que sí y después la googleó. La mujer se llama Emahoy Tsegué-Maryam Guèbrou, tiene 93, es monja y toca el piano como… ¡la virgen santísima! Crack total, tanto como Mulatu Astatqé, un coterráneo que descubrí viendo Broken Flowers –de Jarmusch– y que se pesca en la colección de discos “Éthiopiques”, del sello francés Buda Musique.

13-3-16

1

La idea de la posteridad suena retrógrada, un artefacto del pasado. ¿Quién se cachondea hoy con el deseo de ser leído, recordado o incluso homenajeado después de muerto? Un proyecto moderno, acorde con los tiempos que corren, es encariñarse con los próximos cinco minutos, paladearlos como si en ellos nos fuera la vida, subirlos a una balsa y despedirlos. Después, hacer lo propio con los siguientes cinco minutos y así, hasta que el reloj diga basta. Disfrutar de a trechitos parece bastante… juicioso.

2

De muy chico, Oleg Karavaichuk pulsó un Blüthner frente a Stalin y salvó a sus padres de terminar en un campo de trabajos forzados. En el festival pamplonés Punto de Vista, Oleg y las raras artes, del caraqueño Andrés Duque, se llevó el Gran Premio. El documental se hamaca sobre la vida del pianista de 88 años que elige los cuartos de hotel de acuerdo con su acústica (los testea con un cantito de cisne agonizante). En YouTube se lo ve tocando el piano imperial del Hermitage con facha de abuelita anglosajona y boina color sacerdotal.

3

Ai Weiwei como hologramado y en tapa de mil periódicos. ¿Hasta dónde es paradójico que un artista chino perseguido en su país circule por Europa –hace unos meses recuperó su pasaporte confiscado y lo mostró en las redes, donde documenta su vida– denunciando el drama de los refugiados que llegan a ese continente? Catorce mil chalecos salvavidas en Berlín, dibujos en Le Bon Marché parisino, una foto en la isla de Lesbos con la que recrea la muerte del niño sirio, sus obras retiradas de Copenhague y mantas térmicas en Praga.

4

Me pregunto si es posible hacer una película que gire en torno a una formidable comilona que se extienda durante un día. El rodaje se llevaría a cabo frente al mar, en una mesa de proporciones colosales llena de gente piola –jóvenes, adultos y ochentones– compartiendo pláticas regadas por alcohol del bueno, drogas y un banquete pantagruélico. La idea se me acaba de ocurrir, pero se la regalo a cualquier director que quiera filmarla y usarme, eso sí, como guionista y/o actor (secundario o terciario: da igual).

5

Moto. Semáforo. Blanco del sol. Camina enclenque una mujer. Ajusto diafragma, no erro: tiene 76. Se acerca a la esquina. Mitad cojeando, mitad flotando. Pisa sin el talón del pie izquierdo; el derecho, normal. Cola de caballo, pelo iracundo y canoso. Vestido de algodón almidonado. Esta dama no “fue” bonita: repele la conjugación en pasado porque lo sigue siendo. Luz verde. Apago el motor. Ella espía los locales. Su cadencia se vuelve danza contemporánea. En la mano lleva el taco del botín izquierdo. Busca zapatería.

20-3-16

1

Odio al estadounidense Alexander Theroux por cómo escribe y por su memorable Colores secundarios, secuela de su memorable Colores primarios, divertidísimos, refinados e hipnóticos inventarios de anécdotas impensables, filosas observaciones, citas insólitas y datos históricos (“pueden verificarlo”, dice cada tanto) que transitan arte, música, literatura, religión, botánica, gastronomía, deporte, cine, zoología o publicidad. Azul, rojo, amarillo; púrpura, naranja, verde: desnudados –y vestidos– como nunca-nadie-jamás.

2

Dependiendo del humor y luego del viento, cosa que chequeo en WindGuru.com por indicación de camaradas surferos, a mi amigo Luis lo llamo Luis a secas o le digo Barbellion, tal vez incluso Monsieur Teste. La última vez que nos vimos (¿fue la más reciente?) afirmó, envalentonado, que hay zombis –palabreja que deriva del criollo haitiano– por doquier, reproduciéndose ahora mismo. Por caso, el abogado del Chapo Guzmán asegura que su defendido se siente como un zombi porque en la cárcel no lo dejan dormir.

3

Presencié un ensayo de Prima Donna, la ópera que Rufus Wainwright compuso en honor a Maria Callas y que presentó en Buenos Aires el mes pasado. Adoro entrar en universos que desconozco. El lunfardo del submundo de cada submundo, un idioma en sí: el ingeniero de sonido y su consola de jeroglíficos, la mezzo y su “¿una nota arriba?”, el director de la batuta sobre la peana y su mano volátil. El Colón sólo –solo– para mí: se palpita igual que colmado. Afuera, la ciudad es un concierto de rayos con guionista perdido.

4

Me entero como por arte de magia de la siguiente anécdota: Gustavo “Cuchi” Leguizamón –el apodo significa “chancho”, en quechua– no olvidó jamás que, recién llegado a Buenos Aires, aterrizó en El Olimpo, un tugurio cerca de Retiro donde se jugaba ajedrez. Ahí conoció a Witold Gombrowicz, que calzaba unos botines rotosos e inmensos. “El único que tiene patas de ese tamaño”, pronosticó, “es Ariel Ramírez”. Y la pegó, porque los zapatos del escritor polaco eran un regalo del compositor de “Misa criolla”.

5

Los diseños parecen salir de una pesadilla lisérgica sufrida por alguien que se empecinó imaginando fractales y videojuegos. Ni tanto. Todo se cuece en la cabeza de Freddy Mamani, un albañil de origen aimara que se hizo ingeniero y constructor. En La Paz erigió más de 60 “cholets” –mezcla de chalet y chola– en una década, plasmando así, sin computadoras ni rénders, un estilo arquitectónico furiosamente original que habla, en palabras de su creador, “un lenguaje andino: yuxtapone planos y trabaja la duplicación”.

27-3-16

1

La corte de apelación iraní condenó al cineasta y activista Keywan Karimi a un año de cárcel, € 600 de multa y 223 latigazos por la “propaganda antigubernamental” de Writing on City. La película cuenta, a través de decenas de grafitis, la historia de un país arrasado: desde los murales de los mártires durante la guerra contra Irak, hasta los avisos publicitarios que signan el desembarco del capitalismo, pasando por las pintadas idílicas de granjeros falseadas por el ex presidente Mahmud Ahmadineyad.

2

Viene bien agradecer en distintos idiomas: faleminderit (albanés), shukran (árabe), chnorakaloutioun (armenio), hvala (bosnio), kyay tzu tin pa te (birmano), gràcies (catalán), tak (danés), dankon (esperanto), vinaka (fiyiano), kiitos (finés), diolch (galés), aguyjé (guaraní), mahalo (hawaiano), terima kasih (indonesio), taiku (inuit), rahmet (kasaco), spas (kurdo), paldies (letón), misaotra (malgache), sulpáy (quechua), najis tuke (romaní), faafetai lava (samoano), rahmat (tártaro), yekeniele (tigriña) y ngiyabonga (zulú).

3

Gran Dabbang obliga a muchos porteños a comer tempranísimo. Los hambrientos llegan al bolichito a las 19:30, puntuales como reloj cucú, mientras otras huestes esperan su turno en la puerta. Fui dos veces en grupete de media docena, pedimos toda la carta: no hay cómo equivocarse. De los clásicos que preparan Mariano y Philippa, elijo las pakoras de acelga con chutney de zanahoria y yogurt; de los flamantes platos, mis votos van para la anchoa marinada con coriandro, ají panka, miel de caña, ensalada de tuna y huacatay.

4

A caballo entre el decir y el no decir, los puntos suspensivos son tan ambiguos y providenciales como eróticos o irritantes. Julien Rault publicó un ensayo –aún no traducido al castellano– sobre ese signo de puntuación que apareció impreso por primera vez en 1630 en una obra de Corneille y que atenúa, cierra para abrir: mera sospecha o puro estado vacilante del alma (pasatiempo en el que los franceses ganan por afano). Palabras del ensayista francés: “los tres puntitos son el instrumento de un desafío a la jerarquía sintáctica”.

5

Si bien no soy un idólatra de Star Wars, leí que murió Tony Dyson, el crack en efectos especiales (tentación de escribir “espaciales”) que fabricó el droide astromecánico R2-D2, un personaje bienquisto por los entusiastas de la saga. El bicharraco interpretado por los 72 centímetros de existencia del actor Kenny Baker influyó muchísimo en el desarrollo de la robótica. Dyson, inglés, tenía 68 años y vivía en la Isla de Gozo –un nombre sensacional para aislarse–, a la que se accede desde Malta en ferry pagando € 4,65.

3-4-16

1

Era tan chamán como filósofo, tan telúrico como magmático. Jubiló la batuta porque no le hacía falta: música que copaba las órbitas de sus ojos, pupilas en trance. Trocó el oficio de violonchelista anónimo por el de director de orquesta unánime: al morir hace nada el berlinés Nikolaus Harnoncourt se van con él –y vuelven ipso facto, ¡cosa inaudita!– las 193 cantatas de Bach, sus fragorosos silencios de espaldas, el Fidelio de Beethoven, su mediación entre el barroco y nuestros oídos, el Porgy and Bess de Gershwin.

2

Colegiales. Interior. Mediodía. Bar medio pelo. Un hombre tirando a gordo recibe un plato de chapa enlozada con torre de papas fritas. Las sazona con hielo: uno, dos, tres cubitos se inmolan desde la cima. En el ínterin, caza moscas con la mano. Los dedos se suspenden en el aire viscoso del piringundín y zás, se hacen puño con la presa dentro, que va a parar –resulta difícil de creer, pero hagan el esfuerzo– al platito de hojalata. Se acerca un mozo y bate, apoyando un pingüino: “Acá el moscato, Ñoño”.

3

No sé qué hacen acá. Son cientos de fans adoctrinados en una fila india coreográfica que pega la vuelta y se muerde la cola, ñam ñam. Sus remeras son casi todas iguales –negras, el dibujo blanco de un paraguas llorón: como el sauce– y están sin mangas a golpe de tijeretazos; sus zapatillas, Vans cascadas con cordones cambiados. ¿Adolescentes? Parece que sí, enfervorizados. Esto era Metrópolis y ahora es Groove. Salen a la vereda los metaleros de la banda Bring Me The Horizon y de pronto hhheeeeyyyyy, tsunami de clicks.

4

Doy con una lectora que dice, sin pelos en la lengua, que su momento de lectura más disfrutable tiene lugar en el baño. No faltarán geniecillos birmanos expertos en gastroenterología pediátrica que, basados en ambiguos estudios, asegurarán que tal cosa resulta nociva para la salud porque genera… ¡hemorroides! Habría que preguntarle a Henry Miller qué sintió al deglutir el Ulises sentado en el trono; como el escritor neoyorquino no contestará, pueden gritar “ocupado” a la vez que engullen Leer en el retrete, su filípica incendiaria.

5

Bob Ostertag entra caminando en el escenario pelado del Centro de Experimentación del Teatro Colón. Manipula un iPad y pasa esto: sonidos de hachazos, la angustiosa voz de un niño (“soy hijo de un combatiente que murió por una causa justa, señor”), más hachazos, un viento siniestro y luego la explicación: grabaciones de un chico mientras cava la tumba de su padre durante una estancia del activista, profesor de kayak, ensayista político y músico vanguardista yanqui en el ejército revolucionario salvadoreño, mediados de los 80.

10-4-16

1

Me refieren la historia de los Croquiseros Urbanos, una tropilla de arquitectos que visitan, un sábado por mes y en conjunto, distintos rincones de la ciudad. Sea en Agronomía o Parque Chas, dibujan a mano alzada todo lo que ven –linyeras en un banco de plaza, árboles, fachadas de edificios, monumentos, angulosas abstracciones– y luego publican los croquis en un blog que recopila las 59 excursiones que hicieron hasta ahora. Inspirado en los Urban Sketchers, el movimiento suma alrededor de 200 entusiastas en todo el país.

2

Supe de una pareja que se hizo el siguiente juramento: el primero en morir debía buscar la manera de hacerle saber al otro que había “llegado”. Un día partió el hombre, un pintor muy viejito, y a la semana su mujer, tristísima, acomodaba unos cuadros en el taller que compartían cuando, de pronto, una máquina que hace años estaba rota empezó a corcovear, emitiendo luces y sonidos. Ella supo, entonces, que su marido había llegado. ¿Adónde? Bueno, no se lo pudo preguntar, pero esa señal la ayudó a soportar la pérdida.

3

En 1971 el escritor portugués António Lobo Antunes está esperando una hija, se recibe de médico y cambia, forzado por el ejército, Lisboa por la guerra colonial en Angola. Durante los 15 meses que pasa en África curte una relación epistolar con Zé, su mujer. La honda correspondencia se publica años después e Ivo Ferreira adapta el libro al cine. Entre amputaciones amorosas y físicas, Lobo Antunes declara: “La guerra nos convierte en insectos luchando por la propia supervivencia en un frenesí de patas y antenas”.

4

Hagan cosas por primera vez, de las significativas y de las no tanto. Éstas son algunas de las que hice en los últimos meses: fui babysitter de mis dos sobrinas (dice mi hermana que aprobé la tarea), empecé a meditar (y me volví adicto), me hice una carta astral (tremenda experiencia), volé en paracaídas (aeroclub de Chascomús: un julepe de órdago), comí caracoles (en el restaurant barcelonés Can Cargol), tomé clases de breakdance (jogging, zapatillas y como un trompo por el piso) y anduve en karting (choqué).

5

Tengo la sensación de que hoy impera, entre otros imperios, el del “hágalo usted mismo”: es como si todo fuera posible… menos escribir. Me refiero al abismo entre hacerlo bien y muuuuy bien. Por lo demás, ¿tienen ganas de pintar sin pincel con un programita loco? ¡Adelante! ¿Quieren armar una banda de rockumbia dodecafónica? Nada debería impedírselos. No sé si para contrarrestar estos erráticos pensamientos, pero, por las dudas, Handke dijo: “Necesitamos a alguien que descanse un poco de la carrera del mundo”.

17-4-16

1

Fanático del Monopoly, de los rompecabezas, de los anillos, de los gatos, de George Balanchine, de Expedientes X, del sedentarismo, de las novelas victorianas, de las rutinas, de las postales decimonónicas de bebés muertos, de la cultura japonesa, de fingir sorderas. Atendía el teléfono sólo si llamabas, colgabas y volvías a llamar. Tenía cierta propensión al horror vacui y comía siempre lo mismo en el mismo lugar. Se llamaba –todavía se llama, ¿no?– Edward Gorey, prefiguró a Tim Burton y murió hace 16 años.

2

Estoy enamorado de Brittany Howard. Estoy tan enamorado de Brittany Howard que quisiera dormir abrazado a su cuerpo para siempre, tal vez incluso tener un hijo con ella (un hijo negro y pelirrojo, por qué no). La vi dos veces en vivo de un tirón –jueves y sábado– junto a sus Alabama Shakes. Nadie con más duende en la música de hoy. Esta mujer nació en el 88, pero parece salida de los 60, amasijo de Janis con Bowie con Aretha con Prince, el corazón en la mano. O mejor, en la boca, una bocota que hace bailar a los pájaros.

3

En un almuerzo organizado en la bodega Cheval des Andes conocí al chef Pablo del Río, un porteño acordillerado que preside COME, la asociación sin fines de lucro que desarrolla y promueve la gastronomía de Mendoza. Él me contó del proyecto Heladera Social. La idea consiste en que los restaurantes instalen, en la vereda de su establecimiento, una heladera con la comida que suelen tirar, porcionada, empaquetada y rotulada. La iniciativa arrancó en una tienda tucumana de frutas y verduras y ya emigró a otras provincias.

4

Mi madrina me enseñó a defumar, curar o sahumar la casa: el verbo da igual. Acá van las instrucciones. Hacerlo a la mañana o a la tarde. Cerrar todas las ventanas. Ordenar el hogar. Descalzarse. Recorrer los espacios lentamente con un plato viejo en mano que contenga mirra, romero, sándalo, ruda y canela sobre dos carboncitos ardientes. Terminado el recorrido, que el humo caliente los pies unos segundos. Abrir las ventanas. Ventilar. Finalmente, dejar por un tiempo el plato en el baño y luego vaciar el contenido en el inodoro.

5

Este año cumple 80 y es el más alternativo de los alternativos porque está tocando (en) el futuro. El bahiano Tom Zé, alias de Antônio José Santana Martins y mi preferido de los tropicalistas, creció en una familia pobre que ganó la lotería. En “Geração Y”, primera canción de su último CD, pone a los jóvenes contra las cuerdas y establece la alienación de los pos-humanos: “Oi, oi, / Me clone / Aí no seu Smartphone / Me bote online, não me largue / iPad, iPod, aí pode / Vem depressa, porque / Meu bem, meu bem”.

24-4-16

1

Árboles, montaña, nubes, luna, estrellas: dicho así, de corrido y en varios idiomas, como un mantra, para comprobar que el lenguaje es también un modo de viajar tan sofisticado, que se puede estar a un paso de la desesperación –precipicio– y salvarse. Árboles, montaña, nubes, luna y estrellas en el inmutable paisaje salteño, pero también Kilimanjaro, Tepoztlán y Honshu, por decir algo. “Armchair traveler”: inglés para, en criollo, viajeros sedentarios, fauna de fugados entre cuatro paredes à la Xavier de Maistre.

2

Una amiga me mandó una nota de voz –gimiente, marciana– por Whatsapp. Decía más o menos así: “Me acaba de pasar algo terrible. Caminaba por Cabildo cuando pasé por al lado de un grupo de niños y le acaricié instintivamente la cabeza a uno. Al toque me di cuenta de que no era un niño sino un enano. Me puteó. Le pedí perdón treinta veces. Ahora me metí en Farmacity y no paro de llorar. ¡De miedo y de risa! Una cajera me dio un vaso de agua. Cada tanto salgo a la vereda para asegurarme de que el enano se haya ido”.

3

Atiendo el teléfono y una voz como de alcantarilla me pregunta sin ambages: “Hola, sí, ¿qué salió en la matutina de la provincia?”. Contesto, la mecha corta: “Equivocado, señora”. Ella insiste: “Los números no se equivocan, joven”. Como tiene toda la razón le digo, citando par coeur al polaco Stanislaw Lem: “En la lotería de la existencia los números perdedores son invisibles”. Y remato, parodiando a Riverito: “el oooooooocho a la cabeza”. La mujer libera una carcajada sórdida, acuciante, esperpéntica.

4

Una de las convenciones más mentecatas y a la vez más geniales del universo de la música es el bis, invento que los anglosajones denominan “encore” y nosotros “¡otra, otra!”. En 1921 se prohibieron en la Scala porque, según Toscanini, el público dirigía la atención al solista y no al conjunto. A Wagner tampoco le gustaban y mucho menos a Elvis, cuyo manager decía que negarse a tocarlos dejaba manija a los fans. Vereda de enfrente: los exaltados músicos de The Cure llegaron a reincidir ¡cinco veces! en el escenario.

5

En el capítulo 6 de la primera temporada de Transparent, la hija mayor de Mort-Maura –el/la protagonista– les comunica a sus retoños, frente a su nueva novia (acaba de hacerse lesbiana, está por casarse), que su padre, o sea el abuelo, ahora se viste de mujer. Producida por Amazon, la serie “del destape” expone orgasmos, judaísmo y desnudez con el dulce pianito de Dustin O’Halloran marcando el compás, las palmeras de Los Angeles meneando al horizonte y actuaciones descollantes subiendo la vara: ¿el zeitgeist del 21?

1-5-16

1

Aprendo por mi vecina el estado del cielo cada mañana cuando gruñen sus postigos y ella le anuncia a su novia el pronóstico del día. Vecina: “Azul-azul, sin nubes”. Novia: “Me encanta”. Vecina: “A mí no mucho”. Novia: “¿Por qué?”. Vecina: “Porque lo bello es siempre triste”. Recuerdo, a la sazón, los famosos versos del soneto de Lupercio Leonardo de Argensola que Homero Expósito coló en el tango “Maquillaje”: “Ese cielo azul que todos vemos / no es cielo ni es azul. ¡Lástima grande / que no sea verdad tanta belleza!”.

2

Lo tarareó el inmarchitable Facundo Cabral –“el hombre ambiciona cada día más y pierde el camino por querer volar”– y velozmente se le opusieron. El wingsuiting nos permite ser pájaros con ínfulas de avión a chorro, mezcla de superhéroe con mantarraya volátil. En 1999, un finlandés y un croata unieron fuerzas para darle forma a uno de los caprichos más voraces de la humanidad: crearon un traje aéreo que remedaba uno de 1912. La meca de esta alucinación se ubica en Chamonix y sus espeluznantes registros, en YouTube.

3

Los buenos garitos juntan a fauna que no se juntaría fuera de ahí. En Dadá parlo con el rey del denim, un tano de barba, Borsalino y Negroni. Dijo: “Comprá un jean que te quede bien, color azul crudo. Usalo durante seis meses todo lo que puedas, así se quiebra. Después, metete en el mar un día entero. Agua, sol y milanesa. Se secó y seguís viaje. Quedó ‘papeloso’, crujiente ahí donde guardás llaves, celular… incluso donde se afirma el tobul. Marcas irreproducibles en otro pantalón: ése es tuyo, ése es único”.

4

Así habló de guita –un tema que quería tratar acá hace rato– el poeta mexicano José Emilio Pacheco: “Colaboro en varias revistas, hechas por jóvenes naturalmente, ¡pero que no conozco! Sí por teléfono y por mail, pero nunca nos hemos reunido. Antes era muy agradable: ibas al periódico, dabas tu nombre y recibías un sobrecito con $200; ahora el dinero está donde no lo veo. Lo depositan en mi cuenta y pago con la tarjeta. No sé qué efecto obrará sobre nuestra mente el dinero plástico, pero debe ser muy profundo”.

5

Leí en el muro de Facebook de un amigote que Tay, el proyecto de inteligencia artificial de Microsoft, fracasó rotundamente. Duró sólo un día: el 24 de marzo. Se trata de un personaje femenino programado con el objeto de conocer más sobre la interacción entre computadoras y seres humanos. La señorita fue entrenada para producir tuits (¿o tweets?: qué mal nos hace escribir la pos-posmo) espontáneos y se armó la marimorena cuando derrapó con comentarios homofóbicos, racistas y misóginos. La compañía borró su cuenta.

8-5-16

1

Ahora es la barra del repuesto Los Galgos, envite de Julián Díaz. Tentación de repetir el nombre, como la novela de Sara G. Es tan lindo, se me ocurre, heredar un campo como heredar –cacofonía aparte– un bar, ¿no? Despunta un imitador de Elvis. Galés. Aferrado a su pinta tirada, boca en chanfle, el tipo, puro disparate y textilmente cabal, entona como en la capilla canciones del Rey y suma coristas (yo: para “Mystery Train”). No canta bien, pero duplica de pelos el tilín-tilín “nonchalant” del célebre misisipiano.

2

“Colchones, sillas, cortinas compro”. Un hombre frena su ruinosa camioneta en una esquina del barrio, ajusta el megáfono y vuelve a la carga con rarísimas interferencias: “heladeras, microondas, lavarropas compro”. Su ayudante va sentadito en la caja, junto a alfombras y cinchas. Retoman la marcha, a dos por hora, y dale nomás: “Camas, roperos, placares compro”. Chatarreros surcan barrios chetos: chetorreros. Jua. ¿Sabían que la palabra chatarra, vals de muerte y de coñac, viene del euskera “txarra”, que significa “lo viejo”?

3

¿Qué tienen en común Walt Disney, William Somerset Maugham, Jean Cocteau, René Clair, E. E. Cummings, Julien Green, Gertrude Stein, John Dos Passos, Maurice Ravel y Ernest Hemingway? Manejaron una ambulancia durante la I Guerra Mundial. Empresarios, compositores, cineastas y escritores que comulgaban con las fuerzas aliadas, pero no querían participar en un rol de combate. Y entonces “Ernie” se enamoró, hace un siglo, de Agnes von Kurowsky, la enfermera que le salvó una pierna y luego fue la Catherine Barkley de Adiós a las armas.

4

Amigazo Renato Rita citando a Georgie, Gran Cabernet Franc mediante: “graves y eternas son las hondas trivialidades de enamorarse, caminar y morir”. Rumbo a la oficina en dos patas, carteles “pan caliente” o “la coloración del futuro” alivian el balero: ¡sacramento del lenguaje! ¿Acaso no salen perplejos del cine –perplejos bien– sin haber pescado ni jota de la vista? No entender copula con un secreto que, pobres paranoides, nos ha sido vedado, como aquel indecible distrito habanero de mulatas que bailan su morenidá, su morenitú.

5

Como amanuense que soy, tipeo en YouTube el título de un amoroso poema de Wallace Stevens que es la poesía: “Two Figures in Dense Violet Night” (traducido admirablemente por Alberto Girri al castellano). El primer video de la lista no tiene ni siquiera un “view”. La incómoda, pero mansa voz de un robot, sobre una foto pixelada de un pote de maquillaje Mac, anuncia en 12 segundos de qué va la cosa: la humorosa disparidad, etcétera, etcétera. No hay una lectura online que honre el poema, pero sí Bill Murray leyendo otros.

15-5-16

1

Aunque usted no lo crea (ah, qué ganas tenía de empezar así: señuelo ideal), Freddie Mercury –pregunta de Trivial Pursuit: ¿en qué país nació?– cantaba usando extrañas vibraciones en la garganta, que ni siquiera Pavarotti. Luego de examinar raudales de grabaciones y entrevistas, la publicación Logopedics Phoniatrics Vocology (¡!) concluyó que la textura de su voz era totalmente única: llegaba a cuatro octavas como quien le dice “buen día” al almacenero. Su magia no estaba en las cuerdas vocales sino en las ventriculares.

2

Hablando de cuerdas vocales, aprendí que no resulta fuera de lo común o mera excentricidad enmudecer a perros mediante una simple operación que abreva en la urgencia de callar tercos ladridos. Lo supe de boca de un perito que convive con una manada de poodles vocingleros y fue denunciado varias veces por sus vecinos, hasta que un bisturí. El señor me confesó que les festeja el cumpleaños a sus mascotas –son siete–, se disfraza de Papá Noel para agasajarlas y las lleva cada tres meses al dentista y al homeópata.

3

De las variadas anécdotas que recuerdo de escritores, hay una que sube a menudo a la superficie. El catalán Juan Goytisolo y el gibareño Guillermo Cabrera Infante, testigos de la escena, cuentan que una vez el Che Guevara, en la embajada cubana en Argel, revoleó por los aires un libro del cardenense Virgilio Piñera, grandísimo dramaturgo, poeta y narrador, inquiriendo con exuberante disgusto qué hacía ahí una obra de “ese maricón”. Apichonado, el embajador se avino a contestarle: “Son cosas de mi mujer”.

4

La programación neurolingüística divide a la gente en visual (quienes ven llover), auditiva (quienes oyen llover) y quinestésica (quienes tocan la lluvia o se extasían con el movimiento del agua). Creada en California en la década del 70, la PNL es una estrategia de comunicación y psicoterapia. Los muchachos Bandler & Grinder, sus creadores, sostienen que existe una conexión entre los procesos neurológicos, el lenguaje y los patrones de comportamiento y que su invento ayuda a controlar emociones y conductas.

5

Lo vengo posponiendo, pero, como Paraguay está de moda (escucho últimamente que Santiago de Chile es la nueva Miami y Asunción, una joya por descubrir), es hora de soltarlo a los cuatro vientos: entréguense a lo que provoca escuchar la radio paraguaya Mbarete Bronco, 107.5 del dial de frecuencia modulada y con estudios en Avellaneda. Sobre cortinas de metálicas polkas, locutores hablan a mil en jopará –fusión morfosintáctica, gramatical y semántica de guaraní con castellano–, relatan partidos y promueven bailes.

22-5-16

1

¿Algo más vesicante que Fantino oficiando de entrevistador? Lo pesco al azar en la tele de un hotel bogotano. El tipo arranca pésimo porque, de movida, no sabe preguntar sino que masculla peroratas en las que se autocontesta y halaga, piropea y adula al entrevistado, que se queda sin mucho que decir. Además, refrenda lo que le contestaron, mete golpes de timón cuando se está por soplar viento de cola y se la pasa buscando, de la persona que tiene enfrente, consejos dignos de un calamitoso libro de autoayuda.

2

“Oiga, usted debería estar en contra de algo”. Yo me resisto. “¡Hombre, elija para dónde dispara!”. Y bueno (titulazo para novelita: Y bueno), entonces dirijo mis invectivas contra todo lo parecido, si total escribir ya es “’escribir contra”. Contra las casas y las cosas que son idénticas, contra las comidas iguales, contra las canciones copy-paste de otras canciones, contra los modos de decir plagiados y las fachas calcadas. Todo sucede según discordia y necesidad, consignó Heráclito. Ojo, mañana cambio de opinión.

3

“Ponte tú: sin fuego no hay humo”, decía ella. Un mozo colombiano ofrecía carne mechada, los australianos no cachaban la descripción, pero chochos con su Cauquenina 2012, corte de Carignan, vino del país, Carmenere y Syrah. El restaurant Liguria, sucursal Manuel Montt –pronunciar “món”–, regalaba tanta providencia como el nombre del barrio. Un chileno viejo lobo, deudor de Allende, profesor de historia o pornógrafo en repliegue, rolaba su cigarrito y le decía a ella: “sin fuego no hay humo ni infierno, mi vida”.

4

Un director de fotografía uruguayo posteó en su Instagram una imagen de Latinoamérica convertida en una mujerona de trasero prominente, vestidito y labios de churrasco. Ato esa imagen, despóticamente, con los apodos amistosos que recibí en viajes recientes: “picante” me gritó en Córdoba un tachero; “chiquillo” me dijo una dominicana de sonrisa blanco-yogur; “perrito” me llamó dos veces el patova de un boliche santiaguino. Ni en Estocolmo ni en Ottawa ni en Ciudad del Cabo te chancean así en la yeca.

5

Pronto no es mi cumpleaños, aunque el último tampoco fue hace mucho. Da igual. Si quisieran regalarme algo, pido instrumentos –porque sí– de música que no sé tocar ni probablemente sepa. Para eso son, serán. Manipulación espontánea sin conocimiento previo y a puro prejuicio intuitivo. Verbigracia, golpeando el violín chaca-chaca en un andén de la estación Carupá (¿qué o quién cuernos es Carupá?) o rasgando un ukelele con mis tentáculos y ser de ese modo un calamar o una jibia o un pulpo o una medusa.

29-5-16

1

Hay quienes codician datos de ciudades a las que viajé cual si yo fuera una guía Baedeker. Internet zozobra, poca precisión. No soy un guía turístico ni ganas de serlo. Ahora bien, respecto de Rio de Janeiro, todo entra por los ojos: culos, cantos; culos, cocos. Então, déjense llevar y anoten: hotelito Arpoador Inn, manso ahí donde chocan Copacabana e Ipanema. En la vereda, cuatro o cinco mesas y una moqueca olímpica. Entre bocado y bocado, zambullirse en el mar y después, fondo blanco de caipira. ¡Nossa, senhora!

2

Les presento a Susana Mena, conductora de Uber. Es limeña, tiene 54 pirulos, maneja un discreto Suzuki durante sus horas muertas y obligó a marido e hijos a hacer lo mismo (“porque son perezosos”). Además, trabaja como secretaria por internet y alquila un cuarto por Airbnb. Dice que la web le cambió la vida y que le agradece mucho a quien sea que la inventó. También dice que se hizo adicta a Lima y que, cuando parte de vacaciones a lugares muy sosegados, a los dos días camina por las paredes y quiere volver.

3

El día que mis padres se divorciaron, en 1987, mi hermana y yo ligamos un gato siamés. Tito fue mi gran compañero, pero un día desapareció. Lo buscamos por todo el barrio, timbre a timbre, y pegamos los típicos afiches en postes de luz. Nada. Seis meses después, lo divisamos en el patio del vecino. La novia de Guillote Coppola –lo juro– se acercaba a Tito y le decía “Gucci, Gucci”. Mi hermana y mi madre, dos guapísimas amazonas, se le fueron al humo a Analía Franchín –lo perjuro– y recuperaron nuestra mascota de un arañazo.

4

Hermosas líneas del mail de una ex novia: “En fin, no sé; me viene a la mente la idea aquella de Javier Marías, creo, de que la vida no sólo es la suma de las experiencias que vivimos sino también de las que conjeturamos o soñamos. No me queda claro si digo esto en el sentido de que tú y yo seguramente tenemos una vida –en calidad de lo que sea, poco importa– en alguna dimensión que no vemos, si lo digo en un sentido más bien nostálgico –o sea, lo que tuvimos es también lo que tenemos– o… qué sé yo qué estoy diciendo”.

5

Aterrizo en Aeroparque. La fiebre consumista me entuba en el free shop, donde gambeteo a lo René Houseman a vendedores de perfumes que empuñan papelitos olorosos. Cautivado por unas botellas de Underberg, encaro la caja mientras la cinta escupe mi valija. Ante mi impavidez, un sesentón de corbata floja me planta un tubo de chocolates Lindt y un rollo de billetes en la mano, obligándome a efectuar su comprar, cosa que, despistado, hago. El cajero: “el tipo es uno de los jefes de la aduana”. Bienvenido a Porteñolandia.

5-6-16

1

Campaña de Wikipedia: “Te pedimos que nos ayudes. Para proteger nuestra independencia, nunca verás avisos publicitarios. Nos sostenemos gracias a donaciones de poco menos de $ 100. Somos una pequeña organización sin ánimo de lucro con los costos de un gran sitio web: servidores, personal y programas. Si Wikipedia te resulta útil, tomate un minuto para mantenerla en línea”. Doné $ 50 y me contestó Jimmy Wales, el creador, agradeciéndome. Su mail terminaba así: “Todos somos potenciales wikipedistas”.

2

Siempre quiso sentirse como Isabella Rosellini en Blue Velvet. Nació en Chichester en 1971 y a los 18 se mudó a Manhattan, donde descubrió el fútil arte de la performance. De ahí al canto como un saltamontes. Con los Johnsons publicó cuatro discazos y ahora su voz quebradiza, tan agónica y curiosamente tan vital, dejó de llamarse Antony para ser Anohni. Con ese nuevo sello, la primera mujer transgénero en haber sido nominada al Oscar acaba de editar Hopelessness, apuesta electrónica de alto impacto y dientes filosos.

3

Se fue la luz, prendí una vela. Chacoloteó la impresora, volvió la luz. Sin embargo, apagué todo y me quedé con la vela. Callada penumbra, tirantez del ruido, runrún amplificado y el espanto (Oliverio dixit) que sentirán las sombras. Adoré que la brótola de Rigoletto tuviera menos alcaparras y que mis adictivos artefactos –computadora y celular–, muertos, sin batería; el vino con otro color y el pabilo, tensión maravillosa. No por el placer de la contradicción, pero oscurecerse es, en cierto modo, volverse más claro.

4

“La monogamia es la capacidad de serle infiel a la misma persona durante toda la vida”, consignó el brasileño Millôr Fernandes, un “escritor sin estilo”, como solía bautizarse, e infelizmente nunca traducido al castellano. O mejor: “Los que matan y los que disfrutan leyendo la noticia de los asesinatos”. Abierta hasta el 21 de agosto, Olimpíadas a tope, una muestra en el bellísimo Instituto Moreira Salles –¡el mural de Burle Marx!– le rinde homenaje a su obra gráfica a través de 500 originales publicados en la prensa.

5

Un textín a lo Clarice Lispector, luego de haber entrevisto su casa carioca, el mar lacio a lo lejos, pero rugiente en su jaula: “Hoy me siento tan cerca de cada uno de ustedes… Quiero que entiendan lo que jamás entenderé. Trece líneas para registrar con ellas el dolor de las manos sobre el teclado. Si las manos son mujer, la escritura es femenina. Cualquier lector que lea ahora, a las cuatro de la mañana, está de algún modo rezando. Le pido que no se enoje si este cuento no empieza con ‘había una vez’. Si hay enojo, perdón”.

12-6-16

1

¿Y si nos besamos?, le preguntó él. Iban del brazo por un pasillo de miradas. ¿Si nos besamos como nos besábamos?, quiso saber ella en un entreacto de telarañas. Aparecieron los ex suegros con sus burbujas, ávidos por casarlos. Besarnos es intentar saber cómo nos besaríamos si nos besáramos, sugirió él frente a las luciérnagas. De los besos se sale por arriba, sentenció ella, dejando entrever en sus labios un rubor que los hizo estamparse contra una boca que había sido suya y que de pronto volvía a pertenecerle.

2

Los habitantes de Rancagua están locos de contentos porque su ciudad albergará una capilla diseñada por Gaudí, única pieza del arquitecto catalán fuera de su país. Se cuenta por ahí que Antoni leyó la propuesta en una carta de 1922 firmada por Angélico Aranda –un fraile chileno que admiraba su obra– y aceptó de una mandando los croquis (“como prueba de confraternidad entre América y España”, argumentó en su respuesta) a cambio de oraciones y una suma de dinero equivalente a lo que hoy sería un dólar.

3

Como, lisa y llanamente, no entiendo los emojis, termino por no saber usarlos o por usarlos de cualquier manera. Un ejemplo cabal: no me queda en absoluto claro si la carita con los ojos-corazones es sinónimo, perdonen la literalidad, de enamoramiento. El mono que se cubre la trompa con las manos me confunde tanto como la caripela que saca la lengua y guiña un ojo o aquella que parece sonrojarse con la timidez de un extraterrestre. ¿Qué opinan de adherir a cada imagen un breve subtítulo orientador?

4

Hay mil versiones de este bellísimo poema de Safo, aquí en prosaica traducción de Rafael Ramírez Torres: “Se ha ocultado la luna. También las Pléyadas. Es la media noche; las horas se van deslizando y yo duermo solitaria”. Dos científicos de la Universidad de Texas estudiaron desde un punto de vista astrológico los hechos que nombra la poeta. Concluyeron que la reveladora pieza fue escrita cerca del año 570 antes de Cristo en Mitilene –la capital de la isla de Lesbos–, durante la primera luna nueva de la primavera.

5

Me refiere una amiga psicóloga que la ley Basaglia inició en Italia, en 1978, el complejo proceso de desmanicomialización. Cruzo ese dato con la iniciativa de una empresa tana que creó un videojuego “narrativo” que consiste en viajar a la Toscana de los 40 y meterse, en medio de colinas idílicas, en el hospital psiquiátrico de Volterra, siniestro lugar que llegó a tener un cultivo de mosquitos con malaria. En The Town of Light el objetivo es salvar a Renée, una paciente de 16 años, de las peores torturas habidas y por haber.

19-6-16

1

Marcado en Sobrebeber, cumbre del pensamiento etílico, obra del crápula de Kingsley Amis: “Este ponche debe tomarse nada más despertar, en vez del desayuno. Es un tónico excelente y vivificador, muy adecuado cuando se tiene un día duro por delante; de gran utilidad no sólo para un viaje en avión o para enfrentarse a una entrevista sino también para esas insoportables festividades como la mañana de Navidad, la boda de una vieja amiga de tu mujer o llevarse a la familia a casa de la abuelita para la comida dominical”.

2

Mi amiga chaqueña me recibe en la cocina de su casa: ahí, desde hace 20 años, Lacan, los sofistas, San Agustín, las Cartas a Milena y su novio (el novio de mi amiga chaqueña, también chaqueño) cantando “Gurí pescador” –tarariraaaa, tarariraaaa–, guitarra en diagonal, codo sobre rodilla. Ella ablanda la masa de los chipás a dos manos, onda odalisca. Ahora crepitan en el horno, un totín de altura, ahora crepitan en la boca, después el locrazo y de postre: canoas de mamón renegrido de aquel jardín de Resistencia.

3

Ocho fotógrafas reeditaron el viaje que Inge Morath, la primera mujer que entró en la agencia Magnum, hizo bordeando el Danubio. Retrataron las orillas del río tal como lo hiciera en los 50 la fotógrafa austriaca: fueron 34 días y 6.500 kilómetros. En vez de viajar a bordo de un Fusca, alquilaron un camión que también fue galería. El periplo derivó en una muestra en la Fundación Telefónica de Madrid que incluye fotos de Morath, del octeto –diluyendo la idea de autoría– y un documental (disponible en YouTube).

4

Leo en el muro de Facebook de Remo, un amigo pintor, la siguiente propuesta: “Pinto pinturas por encargo. Usted me cuenta la imagen y conversamos detalles cómo técnicas, dimensiones, tela, papel o valor del intercambio”. Voy a hacer una especie de autobombo inspirado en Remo, alumno dilecto de Beuys: “escribo textos por encargo; usted me cuenta la motivación y conversamos detalles como técnicas, extensión, estilo o valor del intercambio”. Digo esto para decir esto otro, que se puede vivir de lo que uno desea.

5

Remate rematado a base de ofertas recibidas en la carpeta spam de mi mail: “No lo pienses más: menú energético de otoño y promociones 2×1 porque vuelven los festivales. Tu vida puede cambiar completamente: bonjour, honorable, quisiera añadirte a mi red profesional en LinkedIn y acercarte el manual completo de carpintería. Servicio de streaming, radio online y el más puro diseño italiano. Oferta válida hasta el 1º de julio o hasta agotar stock, lo que ocurra primero. Si no puede visualizar el contenido haga click aquí”.

26-6-16

1

Sé de alguien, un viejísimo músico cartagenero de origen africano, al que todos saludaban en la puerta de su casa, barrio Getsemaní, prudentemente con la mano, reverenciándolo y diciéndole siempre “maestro”, “cacique” o “jefe”, y entonces él contestaba con un gesto de indómita sumisión; sin embargo, cuando el saludo venía de parte de una mujer (y, más aun, de una mujer joven), la agarraba de los brazos, la acercaba al calor de su cuerpo –un cuerpo todavía caliente, todavía trémulo– y le decía al oído: “deme ese culo”.

2

El cine rumano la viene rompiendo desde hace una década. A directores como Mungiu, Puiu, Muntean, Porumboiu o Nemescu los apiñaron en un tris bajo el mote de “nueva ola” como si las olas –y el cine tuvo, tiene varias– no fueran siempre nuevas. Al grano: vi Aferim! online, en el sitio miradetodo.net, y quedé flipado con la película de Radu Jude. Es una clase brutal de historia, sufrimiento y humor que transcurre en 1830, en medio de anchos silencios, bucólicos paisajes blanco y negro y diálogos a caballo.

3

En Buenos Aires la angustia tiene prestigio mientras que en Brasil cotiza en baja. Eso tal vez explique la diferencia exponencial en la cantidad de psicólogos que hay por habitante en cada lugar. Unos lloran, otros bailan; unos son superficialmente profundos, otros son profundamente superficiales; unos tienen el inconsciente a flor de piel, otros lo tienen anulado; unos sexuales, otros trisexuales. A la hora de los bifes, nosotros “acabamos” y los brasileños “gozan”. La elección del verbo –que se hace carne– lo dice todo.

4

La idea es más tonta que la luna: extender una alfombra roja en mitad de una calle peatonal, ubicar un espejo e infiltrar a cuatro actores que encarnarán varios personajes; luego, dejar que los viandantes se conviertan como si tal cosa en pasmados intérpretes de una performance a cielo abierto. Eso hizo la compañía salamantina Zanguango en su obra Flux, un arriesgado montaje que ya se mostró en distintas ciudades europeas y que se termina convirtiendo en un extraño desfile de modas con aire a happening.

5

Sin dejar la calle –un espacio política y artísticamente cada vez más explotable, por decirlo así–, viaje al Cabildo de Buenos Aires, donde Red Solidaria armó su tradicional acción #FríoCero. A la comida y a la asistencia les agregó un perchero solidario curado por Martín Churba con el siguiente slogan: “¿Tenés frío? Llevate uno. ¿Querés ayudar? Poné uno”. La idea es que la ropa no se amontone en bolsas negras sino que se exhiba colgada y planchada, como en una tienda, y que los necesitados puedan elegir lo que se llevan.

3-7-16

1

Mirando My Beautiful Broken Brain, el documental que registra la traumática recuperación de una mujer que sufrió una hemorragia cerebral, aprendí: 1) Que se puede filmar una película con un iPhone y pegarla; 2) Que toda meditación es, desde el vamos, trascendental; 3) Que el canadiense Patrick Watson es un músico del carajo: su disco Adventures In Your Own Back Yard lo comprueba largamente; 4) Que David Lynch quizá sea uno de los grandes artistas del 21; 5) Que un segundo resulta decisivo; 6) Que no hay garantías.

2

Buscando departamento para alquilar –tarea innoble– uno se topa con horrores como éste: “El edificio cuenta con seguridad 24 horas, piscina climatizada cubierta con vestuario, gimnasio totalmente equipado, microcine, sala de estar para adultos, ciber room [sic], amplio SUM, sala de juegos para niños + área verde con juegos para niños, sauna seco y sauna húmedo, sala de relax, terraza jardín de 300 m² con gazebos, piscina con jacuzzi en terraza, sector parrillas, solarium con deck, laundry y cocheras cubiertas”.

3

Por recomendación médica leo el sensacional Diario de la neocelandesa Katherine Mansfield, átomo disléxico de la endogamia de Bloomsbury. El 8 de diciembre de 1916 escribió: “Reflexioné esta mañana sin llegar a gran cosa. No puedo adivinar porqué, pero mi inteligencia me hace mala compañía cuando quiero bajar a tierra. Todo anda bien mientras planeo por los aires. Incluso en mi cerebro y en mi cabeza soy capaz de pensar, de reaccionar, de escribir maravillas; cuando intento anotarlas, fracaso miserablemente”.

4

La estafa sucedió en las calles céntricas del DF y me llevó a pensar en la pareja realidad-ficción (que Susan Sontag y John Berger desvisten en una conversa de alto vuelo rastreable fácilmente en YouTube). El juego se llama “la tapadita” y es, en rigor, un delito que figura en el Código Penal. La mujer perdió un fajo de pesos frente al tipo que la engatusó con tres cubiletes y una bolita de goma. Lloraba como una magdalena mientras el estafador y sus secuaces, que fingieron apostar y ganar, se hacían humo.

5

Mercedes, lectora generosa, leyó el poema de Safo que se publicó acá hace tres domingos y me regaló este de Catulo: “Vivamos, Lesbia mía, y amémonos, / sin importarnos la crítica de los viejos. / El sol se pone cada tarde y sale al día siguiente, / pero nosotros, cuando se nos apague la vela, / dormiremos una noche sin fin. / Dame mil besos y después dame cien más / y después otros mil más y después otros cien más / y muchos miles más hasta que enredemos la suma / y ya no sepamos cuántos besos nos damos / ni los envidiosos lo sepan”.

10-7-16

1

Postales de la vida urbana. Otra vez, visión desde la moto. Esquina. ¡Plum! Golpe seco, testarudo, antipático. La canaleta de una baldosa se llena de sangre. Es un Schnauzer negruzco, tamaño mochila (arrugada). ¿Cómo cayó el perro del cielo? Indago. Si bien el portero está absorto, no suelta la escoba. Una vecina fisgonea con su salchicha: ambos parten dejando huellas coloradas. La víctima no respira, decreta un hombre de sobretodo raído. No aparece el amo, no aparece la ama. ¿Estaría ciego y cayó del balcón?

2

Sentarse a comer en un restaurante paquete, pispear la carta y pedir una “suprema ficción” (guiño a… ¿a quién, madame?; respuestas a tatucho@gmail.com, premio sorpresa). El plato es digno de un poema de Cendrars o de un cuadro de Odilon o de una canción de los Pixies o de un largo de Waters. Sí. Porque arranca lioso y termina facilongo, bemoles in between. El vino, un Château d’Yquem cosecha 1996 con sus versos trocaicos. Hubo “gargouillou” –en criollo, garguiú–, un festival de casi 40 legumbres jóvenes.

3

Un día, como quien no quiere la cosa, recuerda la invitación de un extravagante mecenas tailandés que conoció en una fiesta y parte sin más a Bangkok dejando a sus espaldas una estela de humo, 74 metros lineales de biblioteca, un pez globo y algunas confesiones inconfesables. Se pierde entre los casi 9 millones de habitantes de la gran capital del sudeste asiático. Toca timbre en la puerta de un castillo. Le abren. Es recibido como un sultán. Sin embargo, rápidamente se aburre y vuelve a su casa. Todo está igual.

4

No les den demasiada importancia a las cosas. En la próxima conversación telefónica que tengan propónganse decir “imperio austrohúngaro” o “de mil amores” o “un pez temible” y díganlo. Cuando salgan a la calle caminen media cuadra marcha atrás. Estiren los músculos sin tensarlos. Descubran algún poema de Pessoa. Denle voz a los secretos, verán cómo crecen. Las sonrisas definen a los pueblos. Salgan de su aniñado letargo. Roben besos (mucho mejor que robar plata). Vayan y cuenten lo linda que es, lo lindo que es.

5

Podría ser una escena de un happening, filmada y amplificada en pantalla gigante, ¿9 de Julio y Corrientes? El loro enjaulado canturrea su nombre, inveterada costumbre: “¡Coco, Coco, Cocoooo!”. Se hamaca sobre un tronco, abre las plumas, picotea un pomelo. En otra demostración de sus habilidades miméticas silba, silba como un afilador de cuchillos silbaría un sábado de sol, temprano a la mañana. Ahora, sin embargo, alguien desenchufó el sol y alguien se dispone a tapar la jaula con una manta y Coco: “¡Hasta mañana!”.

17-7-16

1

François Marie Charles Fourier, utopista francés enemigo de la industrialización y la monogamia y precursor de los hippies, sostenía que los seres humanos están dotados de doce pasiones básicas que requieren satisfacción: las de los cinco sentidos más la amistad, el amor, la familia y la ambición, sumadas a la pasión cabalística por la intriga, la pasión voluble por la variedad y la pasión de combinar los placeres físicos con los mentales. En circunstancias ideales, la decimotercera pasión –la armonía– unificaría las otras.

2

Los Tiny Desk Concerts son pequeñas joyas musicales que nos regala la NPR (no se trata de las siglas de la rupia nepalesa sino de la National Public Radio yanqui). Confiando en las recomendaciones que YouTube hace a la derecha de la pantalla caí en el conciertito del pianista barese Alessio Bax, que viene de publicar Lullabies for Mila, un disco dedicado a su hija, quien, en el video, lo mira tocar Bach, Brahms y Rachmaninoff mientras juega con un monstruito celeste sin pegar un ojo, aplaude y dice “bravo, papá”.

3

Canasto, guantes y tijera de podar. Junto varios kilos de escaramujo, el fruto espinoso de la rosa mosqueta, que cocino en una paila de cobre para hacer dulce. Cada tanto revuelvo y cada tanto le doy de comer unos tronquitos de quebracho al horno de leña. En mi serena custodia aprendo que durante la Segunda Guerra los niños ingleses recogían escaramujos para hacer jarabe y dárselo a los soldados. Al parecer, era un reemplazante ideal de las naranjas, que no se podían importar por el bloqueo naval de los submarinos alemanes.

4

“Ahí viene La Iguana, está quemado de la terraza”, escucho. Estoy, muy mosca, en un barcito tucumano. Desde la mesa de al lado un índice fulmina al señor de aspecto científico-loco: rulos 220 voltios, cadencia galvánica y cigarrito armado haciendo nubes mientras camina por la vereda, veloz el tranco, perdida la mirada. El tipo da la vuelta a la manzana 14 veces –las conté una por una–, el tiempo de mis empanadas de quinoa con birra artesanal. Me quedo esperando la vuelta número 15, pero La Iguana no aparece.

5

La nostalgia, palabra que viene del griego “nostos” –regreso– y “algos” –dolor–, es como el estilo: se tiene o no se tiene. Estoy parado frente a la que fue mi casa cordobesa. Parece abandonada; los yuyos, al mando. Esta construcción ya es otra, como yo, pero ahí permanece(mos). Me veo jugando con mis perros, saludando a un ovni, volviendo de joda, ensillando los caballos y no, no quiero volver atrás. Podría llorar. Sin embargo, no. Acá estuve y de algún modo acá estaré porque acá sigo estando. ¿Se entiende o deliro?

24-7-16

1

Derivaciones dominicales desprogramadas (DDD) por Wikipedia: entré a buscar lo que había acerca de “falansterio” y descubrí el intento de armar uno en Argentina. Sucedió en 1857 en una colonia entrerriana formada por 530 inmigrantes suizos, franceses y alemanes que producían grappa, cuyo artículo fui a leer. Desde ahí, la pesquisa por “orujo”, “hollejo”, “lora” (bebida de los esclavos en la antigüedad), “posca” y “Lucio Licinio Lúculo” culminó en “vacceos”, un pueblo prerromano asentado en la cuenca del Duero.

2

He aquí la historia de una mujer que me escribió pidiéndome que salvara su matrimonio. Quería que fuera a su casa y pasara tiempo con su marido. Lo hice. Llegué una mañana y me fui una noche. Vivían –viven– en Haedo. Ella me saludó, nos dejó un mate recién preparado y se fue a trabajar. Él y yo conversamos de rugby (¿?), regamos las plantas, cocinamos una tortilla, vimos TN, atendimos al cartero y fuimos al chino. Dos meses después, Gladys me contó en un mail que lo habíamos conseguido: matrimonio salvado.

3

La mayor parte de las sillas en las que acomodamos nuestros esqueletos fueron diseñadas por el alemán Michael Thonet. Nacido en 1796, el impulsor de la producción en serie de mobiliario se las arregló para curvar haya, su madera favorita, hasta darle formas recónditas. Su caballito de batalla fueron el modelo 14 (“la silla de las sillas”, que Laurel y Hardy se revoleaban en sus gags) y una sencilla, adorable mecedora. Visionarios, sus cinco hijos varones siguieron la tradición y llegaron a contratar a tipos como Mies Van der Rohe.

4

Hace años que Michel Houellebecq –todo lo que no suene a “Uelbék” está mal pronunciado– usa su cámara de bolsillo como disparador para escribir, a través de imágenes jamás mostradas, sus novelas. Pues bien, hasta el 11 de septiembre el Palais de Tokyo expone Rester vivant, una instalación de fotos muy kitsch, tirando a feúchas, que dialogan con otros dispositivos; verbigracia, una sala para fumadores en la que Carla Bruni lee poemas del autor y en la que reina un mausoleo a Clément, el perro muerto del francés.

5

Me casé para separarme, me cansé para regenerarme, me caí para levantarme, me escondí para mostrarme, me dormí para despertarme, me fui para volver, me asusté para animarme, me alquilé para venderme, me pinté para decolorarme, me alimenté para adelgazar, me embellecí para afearme, me apuré para atrasarme, me enjaulé para fugarme, me contraté para despedirme, me vestí para desnudarme, me enriquecí para empobrecerme, me filmé para desaparecer, me enfermé para curarme, me encontré para perderme, me maté para renacer.

31-7-16

1

Sin ambages, la lectora Delfina R. –mi semejante– esbozó una demanda: el peso por un lado, la concepción china del tiempo por el otro. ¿Gordura oriental?, ¿la dieta del yin y el yang? Consideraré tu rapto de curioso egoísmo, pero no aseguro resultados à la hauteur en distancias cortas. Abro el paraguas. Quizá Roberto Carlos mezclado con Gardel (“acaríciame un sueño” con tonada de luna llena), una camisa cuello mao vistiendo a un asesino, el Baruch puliendo sus cristales o un trazo pleno y un trazo quebrado.

2

Comentario leído en un portal de noticias, en los pies de un artículo relacionado con Lionel Messi –déjenlo en paz, che–, y firmado nada más y nada menos que por Lucila La Cortesana: “Hola mis caballeros, soy escort independiente, tengo mi departamento en Microcentro y por 800 pesos la hora completa hago bucal sin globito, 69, doy besos de lengua, te entrego mi coliXX y muchas cosas más. Vení a visitarme de 11 a 21. Soy una mujer de negocios y me gustan los hombres serios que saben lo que buscan”.

3

Qué pena que no haya en el arte pintores de un solo cuadro, de una obra única, artistas poseídos por… bueno, basta. ¿Y el polaco-francés Roman Opalka? Evoco ahora, de chiripa, su inacabable propuesta de pintar-dibujar-escribir números como un autómata, al alba y al atardecer. En 1965 rayó su primer número y 46 años después plasmó el quijotesco, pertinaz, empacado 5.607.249. Figúrense: 223 lienzos de 196 por 135 centímetros plagados de cifras, un tipo de melena nieve que abotona y desabotona ad infinitum la misma camisa.

4

Sin que ustedes se percaten, convertiré estas 99 palabras en el acto más impúdico posible. Ahora me voy a desnudar o voy, por lo menos, a intentarlo. Confieso que no sé cómo se hace y eso que lo hago, mínimo, una vez por día. Zapatos, medias, remera, pantalón… Ya lo sabrán. Acá es distinto, tinta sobre papel para vuestros ojos y yo sin armas, tambor vacío, ¿sensualidad en ciernes? Lo dijo Wilde: “Soñador es aquel que sólo encuentra su camino a la luz de la luna y cuyo castigo es ver el alba antes que el resto del mundo”.

5

Todavía no hay espejos donde me acabo de mudar. Caí en la cuenta de eso este mediodía cuando, en el baño de un barcito, mi doble me devolvió una imagen un tanto… adulterada. Placer de saberme el mismo, pero diferente; es decir, con menos consciencia de mi imagen. El pelo a como dé lugar, la mirada virgen. Ya lo escribió quien escribió todo sin haber escrito nada: “Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres”. Atinar la idea de que uno es una coincidencia, una repetición original.

7-8-16

1

En 1980, el periodista yanqui Gay Talese recibió una carta en la que un señor de Denver le contaba que tenía un hotel, que espiaba a sus huéspedes desde un falso techo y que llevaba un diario de sus fisgoneos. Talese lo visitó, leyó los apuntes (referían mil costumbres sexuales, pero también un crimen de terror) y basado en ellos escribió El motel del voyeur. Días antes de su publicación, el 12 de julio, el afilado cronista desestimó a su fuente y esparció alrededor del libro un misterio que lo hace aun más apetecible.

2

Murió Bonnefoy, ese apellido que ya era, en sí, poesía sin artículo: po-e-sí-a. Léanlo a dos manos, a cuatro latidos, a seis ojos, a ocho pestañeos, a diez pasos. ¡Encimaaaa! Piérdanse con él, más allá de él, sobre él. Ríe muerto en su ritmo, Bonnefoy, en aquel “país de atrás” donde palabras clarean y atardecen con fiera docilidad aunque a veces no agarren las cosas. Se fue buena fe, también ensayista, crítico de arte y traductor de Shakespeare, cuyas obras debían interpretarse, según arengaba, en la oscuridad.

3

Hace años, cuando estudiaba teatro con Agustín Alezzo, una cosa me impresionó mucho (tanto, que me sigue impresionando): a un actor que interpretaba, supónganse, a Calibán, él lo veía abrir la puerta y al toque sabía si la manera de hacerlo era creíble o no. Chinchudo, el alumno llegaba a abrir una docena de veces la puerta sin transmitir verosimilitud. “Calibán no abre la puerta así”, decía el maestro. “¿Y cómo la abre?”, preguntaba el alumno. “No tengo la menor idea, eso debe saberlo usted”, concluía el maestro.

4

“Gastado, pero zafa” es el título de un sillón que se vende en MercadoLibre. La foto: un dos cuerpos con un perro encima. La descripción: “Súper cómodo. Al medio tiene una madera partida, pero le puse una piedra para estabilizarlo. Si querés reciclarlo, te llevás un buen sillón; si sos estudiante y necesitás uno, te salva las papas”. Los comentarios no tienen desperdicio. Muchos compradores quieren a la mascota y el dueño contesta: “¡Ah, qué mamerto, ¿cómo la voy a vender?”. Digno de MercadoFreak, la desopilante página de FB.

5

Pregunta engañosa (je je): ¿cómo serle fiel a este diálogo? El flaco de Fibertel, educado: “¿No te enojás si te pregunto algo?”. Yo: “Ni ahí”. Se manda: “¿Sos músico?”. Le digo que no, que me dedico a escribir. “Con razón”, bate, y muy campante decreta: “tenés pinta de bohemio”. Conversamos otro rato hasta que de pronto: “Me tranqué en el libro más leído de la historia y ahora quiero volver a engancharme”. Entonces, yo: “¿Con la Biblia?”. Y él: “Sí, no pude pasar de los proverbios… ¿qué me recomendás?”.

14-8-16

1

Canchero Hockney con su mirada azul detrás de las gafitas redondas, su boina, el ancho pantalón, los bolsillos en las manos. El tipo ha vuelto a encomiar el retrato para cortar con la idiotez selfie. 82 Portraits and 1 Still Life copan la Royal Academy of Arts. Misma silla, mismo fondo bicolor, mismo formato: ex parejas, Frank Gehry y familiares en intensísimas ceremonias que el británico describió como “veinte horas de exposición”, toreando a la fotografía. Y una silla vacía –naturaleza muerta– de alguien que nunca llegó.

2

Un texto medio mersa que surgió de una entraña que no sé si es mía o de un carnicero fanático. Ahí va, sin tope ni tupé cual indio tupí. Viví la intensidad de este momento: esperá un rato, no des vuelta la página. Quedate acá, imantad@. Mirá cómo me duermo en la hipnosis que proponen tus pupilas, mirá cómo me palma tu prisma con sus mamporros. Consumá el heroico acto de separar la basura orgánica de la basura inorgánica –arte contemporáneo– y escapá con ansioso desacato de la ortodoxia del mundo.

3

Idea descabellada (consideren, por favor, que escribo este texto en el teléfono mientras veo a una mujer empujar un carro de supermercado con un perro diminuto dentro): si las señoras y los señores se pasean con mascotas cada vez más pequeñas, ¿habrá manera científica-tecnológica de crear un sustituto del animal en dimensión… manzana? De ese modo, el bicho sería un robot que no haría sus necesidades por acá y por allá, que no ladraría y que se mostraría cariñoso cuando la carente ama o el carente amo lo solicitasen.

4

Se me ocurre ahora, al voleo, que la cotorra conversa igual que hace mil años, que el gallo no ha variado ni un ápice en su estribillo madrugador, que la música del agua ha permanecido inalterada. ¿Cuánto cambió el eléctrico nado de un congrio, la hoja de un fresno, el fin de la tarde, la erupción de un volcán, una madrugada? ¿En qué se diferencia mi estornudo del de Miguel de Cervantes?, ¿el perfume de una rosa milenaria del perfume de una rosa de hoy?, ¿los gritos de aquel niño de los gritos de este niño?

5

Le robo a Vila-Matas, que escribió un artículo robándole al periodista Ludwig Börne, pluma alemana del siglo XIX: “Durante tres días escribid, sin falsedad ni hipocresía, todo lo que se os pase por la cabeza. Escribid lo que pensáis de vosotros, de vuestras mujeres, de la guerra con los turcos, del Juicio Final, de vuestros superiores; una vez transcurrido ese tiempo, os quedaréis pasmados ante la cantidad de ocurrencias inauditas que habéis tenido. En eso consiste el arte de convertirse en tres días en un escritor original”.

21-8-16

1

Batuque musical en 500 caracteres con espacios. Es hora de que descubran el piano del costarricense Manuel Obregón: oigan sus álbumes Paz y Simbiosis. No pasen por alto las últimas canciones de Gabo Ferro (sobre todo, “Aunque hayas roto la copa”: ¡ay!). Un changüí para los nueve sonetos de Shakespeare adaptados operísticamente por Rufus W. y recitados por Helena Bonham Carter y Florence Welch, entre otras. El discazo Convoque Seu Buda, del paulista Kleber Cavalcante Gomes –a.k.a Criolo–, merece varias escuchas.

2

Estamos a 21 de agosto –sí, cómo pasa el tiempo, como si pasar fuera un modo de fagocitarse–, pero tenía pensado un poema de Jacques Prévert para el 15 de este mes (mes que se llama así en honor al emperador Octavio) y se me pasó. No importa que llegue con un poco de retraso, ¿no? Se titula “La bella estación”. Es breve. Dice así: “En ayunas perdida helada / Completamente sola sin un centavo / Una muchacha de dieciséis años / inmóvil de pie / Plaza de la Concordia / Quince de agosto al mediodía”.

3

Ando hechizado con Fungiar, un proyecto argentino que ha puesto el ojo en el particularísimo reino de los hongos, esos organismos eucariotas productores –al menos, para mí y para el compositor John Cage, aficionado a las setas– de felicidad. Amantes de la micocultura, Sandy y Claudio contagian su frenesí con clases, libros, semillas y unos kits hogareños de cultivo que consisten en una sencilla caja de madera con sustrato que en pocos días produce gírgolas de cuatro variedades: pardas, grises, doradas o rosadas.

4

Se sabe que los japoneses son de lo más perversos. Si bien todavía no viajé a Japón ni me acosté con una japonesa, sé que algunos locales se desviven, a la sazón, por comprar ropa interior (¡usada!) de colegialas o visitar los famosos bares “sin bombachas”. El último grito en materia de “fuzoku” (o sea, industria del sexo) es el porno geriátrico: como imaginarán, se trata de películas XXX protagonizadas por ancianos. La rutilante estrella del género es Shigeo Tokuda, un ex agente de viajes de 82 pirulos.

5

La amigovia de un íntimo amigo se llama Amanda y vive en Gamboa, un pueblito del nordeste brasileño que está a media hora de lancha del Morro de São Paulo. El otro día nos contó esto: “Me dormí temprano y soñé con una serpiente de dos cabezas. Me desperté, salí a trabajar y, cuando volví a casa, había una serpiente enorme debajo de mi cama. La dejé caminar [atenti: usó ese verbo] un rato hasta que se fue. Creo que vino a sacarme la mala energía y la tristeza que siento por la muerte de mi perro”.

28-8-16

1

Platicaría del atracón que algunos se pegan mirando series (so called “binge watching”), pero hace rato que no miro series. Aprovechando que hoy cumplimos ¡un siglo de remates!, lean Centuria, de Giorgio Manganelli. Con el subtítulo “cien breves novelas-río”, el libro más “legible” del milanés viene a ser una pertinaz maquinaria de lenguaje, un artefacto hilarante, alucinatorio, elíptico, fragmentario y nihilista que se muerde la cola –uróboros– conforme avanza. ¿Hacia dónde? Como la mejor literatura, hacia la nada.

2

Me consiento otro capricho, dedicarle un poema a mi viejo: “Camino el barrio de mi papá / con sus zapatos, pero sin él / visito los lugares / de aquel día a día / les digo a vendedores que no está más / que se fue de golpe / a otros les explico muy naturalmente / que se apagó / hay quienes se agarran / la cabeza y me abrazan / quizá porque ven en mí / dicen, al hombre / que les compraba un queso, dos vinos / al hombre que les daba / las buenas tardes”. Chau papo, que tengas un buen viaje y hasta pronto.

3

Cinco hombres de 60, pelados todos, hablan de plata. Qué torre. Dónde están, no puedo decirlo. En sus iPad’s las cinco mujeres. Oigo voces alternadas –“dedicate a vivir de rentas”– que en bramidos mutan: “hipoteca, cheques, populismo, la Torá, intereses, blanqueo… Un hotel valía 60 ayer y vale 120 hoy. Me como la blanca, la negra se reproduce. Cuenta en Suiza y cuenta en Estados Unidos: de un lugar sacás el cash y del otro, olvidate. Con mil palos la mafia me busca acá o en Tonga. Parecemos Lázaro. Nos vemos en Ibiza”.

4

Por una cuestión generacional o meramente fortuita, recuerdo más y mejor al Jerry Lewis –alias de Joseph Levitch– de Arizona Dream que al de las correrías rocambolescas con Dean Martin –alias de Dino Paul Crocetti–. El tipo tiene 90 años y ha vuelto a actuar. De hecho, está por conocer la luz comercial Max Rose, una película de Daniel Noah que se estrenó en Cannes en 2013 y no es muy buena, pero cuenta con la musicaza de Michel Legrand y los inconcebibles mohines del actor de El profesor chiflado.

5

Mucho reggae y mucho ska (¿un poco demasiado, tal vez?) en los variopintos refugios del Cerro Catedral, snowboarders narcisos peinando la montaña mientras se filman con una GoPro que pende de un “selfie stick” que pende de la mano, veinteañeros en la séxtuple se prometen esta noche conquistar el mundo con dos monedas, algún fanático o alguna fanática –en la nieve y desde lejos no hay género– haciendo eso que está aparentemente muy de moda y se llama “esquí de travesía”, el cordero a la chimenea en el Pire Hue.

4-9-16

1

Nunca fue tan difusa la noción de imagen. Opa, qué pedazo de reflexión. Voy a esto: jamás fuimos como ahora tan permeables respecto del uso y circulación de nuestros fieles –o infieles– reflejos. Ni hablar si el retratado carece de representante virtual en las redes sociales porque aun así aparecerá escarchado (escrachado, quise decir). Fotos de actrices antes de operarse la nariz y fotos de actrices después de operarse la nariz. Vos de fondo, etiquetado en un restaurant ni idea, o yo “tagueado” en una feria de vinos orgánicos.

2

Dejar de “laburar” un rato para sacarse de encima todas esas tareas pendientes que se acumulan en listas, listitas, listazas: almorzar de una buena vez con tante Ginette (se lo merece); perderse por las calles de un barrio periférico (Villa Pueyrredón); llevar los zapatos al zapatero (la suela); cambiar la cerradura (paranoia); visitar el Bellas Artes en día de semana (¡la muestra de Gaby Messina!); adoptar un gato (mmmm)… y ahí radica, precisa e imprecisamente, la vida, en ese calendario de postergaciones.

3

Qué poético suena bajar algo de una nube, tanto como, inversamente, una persona en bata y pantuflas. Bajar, de una densa nube, oscura y temblona, un documental de la cantante, violinista, escritora, coreógrafa, dibujante y performer Laurie Anderson. La viuda de Lou Reed filmó en Heart of a Dog su relación con Lolabelle, la rat terrier que le cambió la vida y con la que tocó el piano y pintó. “Quiero contarles una historia sobre una historia”, dice Laurie con su voz de cenicienta mojada. Pues eso: bájenla de una nube.

4

Once bizarras fobias (palabra que viene de Fobos, hijo de Ares y Afrodita) que estuve investigando muy al azar: ailurofobia (miedo a los gatos), cinofobia (miedo a los perros), crometofobia (miedo al dinero), dipsofobia (miedo a la embriaguez), efebifobia (miedo a los adolescentes) hafefobia (miedo a ser tocado), helmintofobia (miedo a los gusanos), medortofobia (miedo a las erecciones), omatofobia (miedo a los ojos), sofofobia (miedo a adquirir nuevos conocimientos) y xantofobia (miedo al amarillo).

5

“Es muy ordinario este café, yo le llamo ‘plástico’”, dice Beatriz Chomnalez mientras tomamos un pocillo de cuarta en medio de una exquisita conversa, cosa que me da pie para contarles que en febrero murió Renato Bialetti, hijo del inventor de la cafetera Volturno (don Alfonso, que la patentó en 1933, fue un precursor del “made in Italy”) y de talante, un calco de Einstein. Cuestión: que sus cenizas descansan en el modelo más grande de la legendaria máquina moka, fabricado en aluminio y con asa de baquelita.

11-9-16

1

Un libro del cordobés Vicente Luy –poeta de ejemplos y no de metáforas, como decía de sí– en el que apareció esto: “¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara. / Y si se puede, venderle también otras cosas. / Y venderle a Dios lo que el diablo no compre”. Hablando de comprar, compré Poesía popular argentina por MercadoLibre y el vendedor me dijo que era el décimo ejemplar que reventaba en un mes. Es muchísimo para un poemario con dardos así: “qué piel Gabriela y te vas / la puerta sale del edificio para seguirte”.

2

En el aeropuerto, acostada frente a mí en una hilera de sillas que sólo podría encontrarse en un aeropuerto, una niñita catalana peina una muñeca que tiene el mismo color de pelo que yo. Por momentos, la peinadora me mira pensando que tengo algún tipo de parentesco con su muñeca –¿el hermano, el padre?–, hasta que cae en la cuenta de que no es así, de que por supuesto que no es así, de que cómo va a ser así, y entonces llora. Llora como si llorar como llorase fuera todo, lo único, el himno nacional de un país bombardeado.

3

Me deprimen fuerte los Carrefour Express; mucho más, incluso, que los supermercados chinos, los locales de farmacias-cadena o los drugstore 24 horas. Toda esa mampostería naranja que parece de cotillón –si no lo es– y que en cualquier momento, chataplum, se desprende como un tsunami de yeso. Dislates que nos convierten en ratas de ciudad, alérgicos elementos de supervivencia mayúscula enjaulados entre cables, policías y ladrillos. Cantaban los Ratones: “Es verdad que soy una rata de ciudad / no tengo religión, tengo ansiedad”.

4

Maravillas fútiles del sitio Internet Movie Database (o IMDB): Colin Farrell engordó 40 libras para protagonizar The Lobster, Crónica de un niño solo está dedicada a Torre Nilsson, Anna Karina mide 1,72, en Ugetsu el soldado decapita al general y la espada no tiene sangre (raro), Gritos y susurros costó U$ 400.000, Bajo el peso de la ley se filmó con cámaras Arriflex, El ángel exterminador se llamaba originalmente Los náufragos de la calle Providencia, para rodar Terra em Transe se usaron 3.050 metros de celuloide.

5

Encontré el folleto en la puerta de casa. “Ud. también puede recibir la vida eterna y entrar el cielo”, dice, en amarillo. Sigo leyendo, intrigado: “Así como el huevo tiene tres partes –cáscara, clara y yema–, el hombre tiene cuerpo, alma y espíritu”. Luego aclaran que no descendemos del mono sino de Dios, quien “nos hizo del polvo”, y que el camino de la salvación empieza por arrepentirse, creer y confesar “con la boca”. Al final, un sello (“Iglesia Evangélica Metodista Kum-Ran”) y el teléfono del ministro Nazareno.

18-9-16

1

Acodado en la barra del Plaza, por debutar como actor publicitario. Un gentío moviéndose a pura candela, extras que fingen una conversación y yo que tomo falso champagne (es agua saborizada: puaj). Despliegue de proporciones homéricas para sólo medio minuto de aire. Gritan “silencio”, “acción”, “reset”, “playback”, “corte”. De nuevo. Otra vez. Una más. Son las 5 de la mañana de un lunes raro. “Muevo el iris”, dice el camarógrafo. ¿Detrás de esto? Un flamante auto que hará las delicias de la clase media.

2

A la medianoche y cuarto, el papá de su mamá –caballero sirio de apostura elegante, timbero de ley, mostacho grueso, rey de bulevares– se cortaba un pelo de la barba y lo guardaba en un cacharro de marfil. Tenía la esperanza de que cada pelo se uniría a la punta de otro y así sucesivamente hasta desandar el camino que lo llevaría de vuelta a ———- [completar con el nombre de la ciudad elegida] para encontrarse con la mamá de su mamá. Quisiera referirse a la calma volcánica, pero resulta imposible.

3

Fundo y fundo, de fundar y de fundir, de instituir y de derretir, en este solemne acto, el tremendismo, una corriente de pensamiento que se adivina desde el vamos con música del venezolano Simón Díaz –preferencia por “El loco Juan Carabina”–: la paranoia de quienes maman, por ósmosis, caos y catástrofe a diestra & siniestra (cómo no hay más accidentes de tránsito, cómo no se desploman más ascensores). Ya lo escribió Carlitos Gustavo Jung, ¿verdad?: “En todo caos hay un cosmos; en todo desorden, un orden secreto”.

4

De los Pensamientos de Pascal, fragmento 64: “Cuando considero la corta duración de mi vida, absorbida en la eternidad precedente y siguiente, el pequeño espacio que ocupo e incluso que veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquí y no allí porque no existe ninguna razón de estar aquí y no allí, ahora y no en otro tiempo. ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden y voluntad de quién este lugar y este tiempo han sido destinados a mí?”.

5

Debía andar en sus 80. El uniforme: lompas, chaqueta azul de barrendero, zapatillas ortopédicas y bicicleta. Parecía un fotógrafo de guerra, pero era un fotógrafo callejero. Como una comadreja, surcaba al trote las veredas de Nueva York, ciudad cuyas cinco últimas décadas de moda desfilaron antes sus ojos –o viceversa–. Coolhunter avant la lettre, vivía en un derpa sin armarios, cocina ni baño. Todo eso ¡y más! se pesca en Bill Cunningham New York, documental filmado en 2010 por Richard Press. Murió hace tres meses en sus 87.

25-9-16

1

De un glosario de terminología musical afanado por ahí rescato estas expresiones de origen tano: “a bene placito” (a voluntad del ejecutante), “dolcissimo” (muy dulcemente), “falsetto” (voz masculina por encima del registro habitual del bajo o el tenor), “gaudioso” (con alegría), “ma non troppo” (pero no mucho), “mancando” (desvaneciéndose), “nobile” (en un estilo noble), “ostinato” (persistente), “pizzicato” (técnica de interpretación que consiste en pellizcar las cuerdas con los dedos) y “tenuto” (mantenido).

2

Entro en casa, abro la factura de la luz –buenas noticias, claro– y, mientras la examino, empiezo a escuchar de fondo un goteo que suena a todo menos a común y a silvestre. Viene del living. Cae del cielorraso. Glú glú, horrible onomatopeya. Las piernas de la humedad caminan por el techo. Súbitamente trapos de piso y un balde verde (¿sabían que a los deuteranómalos se les complica distinguir ese color?): qué desubicado un balde fuera de su ámbito. Un desagüe tapado, diagnostican. Por delante, un fin de semana de lluvias.

3

En virtud de mis capacidades municipales, vulgares y errantes, declaro que invento en este solemne acto y porque sí un apellido de origen francés: Dutillard. Es el de alguien masculino-femenino –oui, Godard, pourquoi pas?– de testarudez supina que tejerá sus redes en este aire seco que huele a tinta. Dirá cosas, emitirá juicios (“Paolo Sorrentino, puro humo” o “Ginamaría Hidalgo, la más talentosa”, por ejemplo). Por si acaso no l@ huelen –si la escritura oliera…–, ahora está envuelt@ en una nube de café, rabios@.

4

Ushuaia en agosto es un poco como enero en Vladivostok (donde Mandelstam recitaba a Petrarca, “y ardo y soy hielo”). Salgo del aeropuerto y un alazán pastando bajo la nieve, postal estalinista en la estepa junto a carteles de free shop. Pruebo erizo, centolla, merluza negra, cojinova y finiquito la panzada con licor de Calafate –nombre de la ciudad, también de un berry–: otro país. El último día, antes de volver, me topo, seis bajo cero, con una multicolorida procesión boliviana en honor a la virgen de Urkupiña.

5

Vinilos por doquier en modo vindicativo, hasta una serie –Vinyl– que producen ¡Martin Scorsese y Mick Jagger! Eran escoria de las bateas y ahora son oro en polvo; paradójico, los discos de pasta vuelven a girar, así como los “turntables” vintage marca Crosley. Después de 22 años, dos empresas argentinas los fabrican de nuevo. Otros mercados que resisten: el checo, el canadiense y el brasilero. Eso sí, melómanos, hipsters y audiófilos garpan fortunas por copias que hace un suspiro costaban cincuenta centavos.

2-10-16

1

Mi amiga Candi –de quien ya hablé acá, creo: está casada con Marcin, mi amigo polaco del que también hablé acá– posteó en su Facebook una canción de Lucio Battisti. Me volví loco. Con la canción “Amarsi un po” y con Battisti, al que admiraban sin concesiones Bowie y McCartney. Escribo en pasado porque el italiano murió en 1998. Surfeó por mil géneros, anticipó el grunge y el house. Sus fraseos son tremendos. Un asteroide, el 9115, lleva su apellido, y sus letras (muchas compuestas por Mogol, otro crack) la rompen.

2

Clarice Lispector en Aprendizaje o el libro de los placeres: “Hemos organizado asociaciones y clubs sonrientes donde se sirve con o sin soda. Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes. No hemos usado la palabra amor para no tener que reconocer su contextura de odio, amor, celos y tantos otros opuestos. Hemos mantenido en secreto nuestra muerte para hacer posible nuestra vida. Muchos de nosotros hacen arte por no saber cómo es la otra cosa”. ¿Cómo será la otra cosa?

3

Previo paso por Areguá y Caacupé llego a Piribebuy –“escalofrío dulce” en guaraní, idioma práctico y poético al mismo tiempo–, la tercera capital de Paraguay en tiempos de la Guerra Grande. Caña en mano me refieren la historia del cuidador de un campo que veía, a la hora de la siesta, niñas vestidas de blanco como señal de que allí había dinero enterrado. Un día, la dueña de la tierra entró en el rancho de su peón y vio un buraco en la mitad: el hombre había estado cavando debajo de su cama en busca de plata.

4

Otro remate urdido en el calor del país de Roa Bastos y Chilavert. Chipá es, en rigor, palabra femenina y grave: se dice “la chipa” y quienes la hacen son chiperas (manos de mujer que te miran fijo-fijo, grasa de chancho y perfume anisado). En el Lido Bar del centro de Asunción pruebo mbeyú, el tradicional pirá caldo de surubí y sopa paraguaya –única sopa sólida del mundo– mientras veo a asuncenos armar ¡un sándwich de empanada! y departir con palabras como “vakapipopo”; en criollo “piel de vaca que salta”, o sea ¡pelota!

5

A veces pienso que el pensamiento está muy cerca del sentir; podría decirlo al revés: a veces siento que el sentimiento está muy cerca del pensar. Es una línea finita, seguramente imaginaria porque las fronteras no existen. De eso te das cuenta cuando levantás vuelo (en un avión, por ejemplo). Desde el aire hay bloques verdes, serpientes de ríos, un atestado maratón de luces y lucecitas. Y ya. Desde arriba no ves a un tipo sellándote el pasaporte con gesto agrio, a una tipa dándote la bienvenida. ¿Adónde, si ya estamos dentro?

9-10-16

1

Me invitan a comer tres amigas de ochentaylargos. Son un trío fabuloso. Una de ellas toma Coca-Cola, otra champagne bien frappé y la última, al tiempo que saca de la carterita los audífonos y se los pone como si fueran aros, empina su tintito. Es ella, culo inquieto como yo, quien me cuenta que en una iglesia diminuta de Portugal el cura desenterró a los muertos del pequeño cementerio contiguo y con los fémures –¡con los fémures!– escribió en la pared: “A veces, cuando me detengo, es cuando más adelanto”.

2

Pactamos encontrarnos en la estación de Montparnasse. Los locos –uno, sommelier; el otro, cocinero– llegaron con una bolsa rebosante de baguettes, quesos, vinos y postres. Para maniobrar, un cuchillo Opinel y un destapador. El trayecto: París-Bordeaux. El tren flota por la campiña mientras nosotros Rocamadour, Saint Félicien y Papillon sobre pan crocante y sorbos felices de Beaujolais, después éclairs de otro mundo. El broche: chupitos de whisky japonés Yamazaki, el mismo que publicitaba Bill Murray en Perdidos en Tokio.

3

Un posible despertar. La alarma suena a las 8, mi inconsciente la pospone hasta que vuelve a sonar. Ahora sí. Desperezarse. Ah. Manoteo el teléfono. Miro el tiempo. Lluvia. Trece mails, borro nueve. El Instagram, el newsletter de Austin Kleon. Hoy, diarios no. Abro las persianas. Meo, me cepillo los dientes, me ducho: inefable trío. Perdón, antes la música. Fleetwood Mac al taco. Un vaso de agua. La bocina del 132, que aprendí a querer. Ropa rápida, frutas rápidas, café rápido, tostadas rápidas. Hoy, velocidad sí. Un despertar posible.

4

Laburando cosas del guión con Charly en casa. Salgo a tomar aire al balcón y vuelvo a entrar de un saque. Mi amigo quiere saber qué pasa. Le digo que acabo de ver, en la ochava de enfrente, a una mujer y un hombre en bolas teniendo sexo. Es loco: la obscenidad del acto nos genera vergüenza, nos desplaza. Asomados cada uno a una ventana, nos convertimos en fisgones. Mis excitados vecinos se hospedan en el hotel de la esquina, cuarto piso a la calle. En un momento, suspenden el coito en una pose y se sacan una selfie.

5

No sé si les pasará, pero a veces, cuando uso anteojos negros y el sol me pega de lleno en la trucha, veo mis ojos reflejados en la parte interna de la lente. Me produce cierto vértigo la visión tan ensimismada de mí en las pupilas, esa cosa lubricada que se mueve como por instinto asesino tal vez porque ahí dentro siempre es verdaderamente tenebroso. También veo, magnificadas, cientos de arrugas y arruguitas que me devuelven el paso del tiempo, algunas cejas quebradas, el engañoso esfuerzo de los párpados.

16-10-16

1

En el tren de Mónaco a Ventimiglia, gemelas muy #DianeArbus viajando juntas. Peinado ídem: un broche endereza el flequillo hacia la izquierda. El pelo cae tipo escoba hasta la nuca, afeitándola. Son rechonchas. Comparten valija. Huelen como a algo… tostado. Semillas o pan o madera. Piel con pigmento a poco, ojos rajados en un azul fronterizo con el celeste. Las manos entrelazadas, de monja, sobre el esternón. Monjas. Jamones macizos y dos piecitos que flotan sin tocar el piso, bailarinas clásicas en imposible formato.

2

En el tren de Ventimiglia a Génova recuerdo lo que comí en Mirazur, el restaurant de Mauro Colagreco, y de lo que sentí cuando almorcé ahí, microclima de la Costa Azul (a los pies el Mediterráneo, a las espaldas los Alpes) casi pechando la frontera italiana. Piel de gallina –así podría llamarse un plato, pero no– con los tortellini de cebolla & caldo, la ostra & pera, los langostinos & frambuesas, los fideos de calamar & bagna cauda, la paloma & el risottito. De postre, ojos cerrados: “naranjo en flor”. El viaje recién empieza.

3

En el tren de Génova a Milán leo de un tirón las 90 páginas –un largo párrafo de adictivas confesiones à la Perec– de Autoportrait, el libro del fotógrafo Édouard Levé del que traduzco este fragmento al voleo: “Puedo entender ‘es el fin’, ‘es el comienzo del fin’, ‘es el comienzo del fin del comienzo’, ‘es el comienzo del fin del comienzo del fin’, pero a partir de ‘es el comienzo del fin del comienzo del fin del comienzo’, no escucho más que el ruido de las palabras’”. O esta oración: “Me pregunto cómo dos obesos hacen el amor”.

4

En el tren de Milán a Padua charlo con Volker, un alemán de 78 que viaja como mochilero por el mundo desde que tiene 17. Está encorvado por el peso de su mochila, más vieja que él. Usa tiradores marca Kawasaki, me cuenta que fue alpinista y yo le miro los ojos, verdes detrás de unas gafas remachadas con clips. Prefiere viajar solo porque detesta aburrirse acompañado. La conversación avanza en francés, que habla perfecto con tiernas anacronías, hasta que se hace humo cuando se acerca la temible controladora.

5

En el tren de Padua a Venecia me gusta mirarle la panza al gordo de al lado porque tiembla cuando tiembla el vagón. Mi vecina de enfrente tiene mucho pelo, menos de 5 pirulos y sueño: se llama Atena y bosteza sin parar hasta que se duerme sobre el regazo de su madre. Su madre, que se hizo amiga de tres mujeres que viajan solas y con las que habla de su “marito” (como Mario, en diminutivo, je). Que el “marito” esto. Que el “marito” aquello. De pronto, claro, llega el “marito” y todo parece estar… muy bien.

23-10-16

1

En tren de ponerme a hablar de cualquier cosa, está esa linda anécdota de Messner, Reinhold Messner. El célebre alpinista austriaco conquistó en solitario y sin ayuda de oxígeno la cima del Everest el 20 de agosto 1980 y ahí arriba –8.848 metros, charlan aviones– se plantó feliz durante tres cuartos de hora. ¿Qué habrá mirado, cómo habrá mirado lo que miraba, quién lo miró a él? Al bajar, lo esperaba una periodista que moría por saber sus sensaciones. “¿Sensaciones?”, preguntó él, “estoy tremendamente agotado”.

2

En un papelito rugoso, desmigajado por el lavarropas, descubro algunas ideas para remates que me da fiaca escribir y que, por lo tanto, apelmazo ahora. Hablar de: 1) los bocinazos en los peajes; 2) los fósforos que misteriosamente vuelven, quemados, a la caja; 3) viajar con mi almohada; 4) la ciudad sueca en la que los locales comerciales abren de 22 a 4; 5) la palabra “Maelstrom”; 6) las contraseñas y sus paranoicas combinaciones; 7) la historia del zapallo coreanito; 8) la serie de Louis CK (pero no veo más series).

3

El “doodle” (inglés para garabato, gran palabra) de Google –esto, que parece un poema de Lewis Carroll, es lo que hace el tanque de internet con su logo– me propone la imagen de una mujer con una suerte de poncho que le cae por los hombros. Es atractiva y tiene las manos en alto. Pocas veces me interesa el doodle. Se trata de Yma Sumac, pseudónimo de Zoila Emperatriz Chávarri del Castillo, única peruana en tener su nombre estampillado en el Paseo de la Fama de Hollywood. Era una bizarra mezzo que cantaba como las aves.

4

Una viuda rica se hace llevar por su chofer hasta la intersección de dos rutas provinciales. Baja en medio del runrún y les hace dedo a los camiones para que la levanten. Algunos camioneros le parecen demasiado prolijos; otros, demasiado desprolijos. Estos últimos son los que prefiere, sucios y barbudos como si la terquedad del tiempo se hubiera empecinado con ellos. La mujer se entrega a la pasión hasta que dice basta en el cruce de otras rutas, donde la espera su chofer, el hombre más leal de su vida.

5

Tengo la sensación de que vivimos sobre mucho olvido, olvido viejo que nos trajo hasta acá con pretensiones demasiado europeizantes y allá quedó nuestra conciencia expandida: vientre materno y primates. Anduve todo el día escuchando chamamé, música que venero. Cuando la escucho, algo atávico me liga a ella, algo del año del pedo que me remueve –la música tiene eso de inexplicable– raíces de antaño. Conviértanse en vuestra propia isla y escuchen “La calandria”, de Isaco. Sus notas “son de panal”, dice el Chango Spasiuk.

30-10-16

1

Venecia es, llegando al aeropuerto en lancha, el Delta. Aviones como surubíes colosales junto al agua, recién pescados. Luego, pasando por el cadalso de la seguridad, somos vacas a uno por hora. Me saco cinturón, campera y zapatos. Vacío los bolsillos, casi el alma, pero mi cuerpo hace píííín. Un policía me vigila de muy cerca con una suerte de curita que luego incrusta en un escáner. Quedo en manos de una señorona que revisa mi equipaje y no encuentra nada comprometedor. Viajando así, ¿quién querrá seguir viajando?

2

Canción que surgió velozmente de la nada, como esas cosas que a uno lo acechan recién despierto y no pesca si son posta-posta: “no sabés / cuánto te quiero / ni cómo / quizá te des cuenta / ahora que te toco / ahora que nos mueve la ola / y me vuelvo loco / si te parece / que falta sentirlo / todavía un poco / el arte, la locura / son los temas / que nos vuelan el coco / ya te lo dije / pero va de nuevo / cuando no estás / pierdo el foco / por eso a veces / te pido perdón / me pego a vos / onda moco”. Falta la música, eh.

3

Llamo a un celular, atiende el contestador y una voz campanuda me ruega que no deje mensajes de voz, sólo mensajes de texto. A mí, francamente, la súplica me pone manija. Tanto, que entran deseos de grabar una perorata densa y tupida, llena de adjetivos horripilantes y malos augurios. Los mensajes en el contestador, ¿han muerto o los hemos matado? Con sobredosis de notas de voz –qué desquiciados parecemos grabando audios por whatsapp mientras caminamos, los ojos dados vuelta–, reivindiquemos el contestador, che.

4

Arranca la temporada “polera” –abiertos, hándicaps, goles, mujeres con sombreros y toda la cantinela– y cada año hay más jugadores galopando sobre caballos clonados. ¿Se percataron de eso? Es muy ciencia ficción. Alguien que juna el tema me contó que, de acá a clonar humanos… un paso. Me contó también que en China ya está sucediendo, pero se hacen los sotas, y también me contó que los pingos clonados del mismo padrillo se mueven en el campo “misteriosamente juntos”. Entonces, ¿un buen caballo nace o se hace?

5

Puerta de embarque: siete mujeres con una credencial al cuello (“se casa Lu y nos vamos a Rio”), muchedumbre en jogging y zapatillas, nadie lee, ansiosos haciendo una cola infernal antes de que haga falta hacer una cola infernal (los argentinos y las colas, ¿qué diría Freud?), una chiquita hace el puente, una señora muy genial se lima las uñas y veo el polvo acumularse en el piso; pasa todo esto mientras leo a Drummond: “el poeta municipal / discute con el poeta provincial / cuál de ellos es capaz de vencer al poeta federal”.

6-11-16

1

En un sitio de datos curiosos leo que se fabrican 33 millones de botellas de vino por día (o sea, unas 12 mil millones por año). Claro, no siempre fue así. En otros tiempos, el envase se consideraba un objeto de artesanía de altísimo valor. Recién en 1821 el vidrio se empezó a usar como receptáculo de la sangre de Cristo: antes, barro o cerámica. Aprendo también que el tubo de 1.5 litros se llama Magnum, el de 3 litros se denomina Jeroboam, el de 6 litros se bautiza Matusalem y el de 15 litros se designa Nabucodonosor. Santé.

2

En el modesto aeropuerto de Asunción un arpista toca, muy manso, “Recuerdos de Ypacarai” –visité el lago que evoca la guarania de Zulema de Mirkin y Demetrio Ortiz y que revitalizó Caetano: no, no es azul, ¿pero qué más da?–, y la vendedora de artesanías (compro seis gallinitas de la suerte que regalé a consciencia: hay que amar o amar los amuletos paganos) se llama Leona. ¡Leona! Pues bien, Leona y su suave canto tratan de que compre una camisa ao poi, pero no lo consigue porque sobra por todos lados.

3

Llegan pocos mails interesantes. Respaldo el decreto con una estadística: el 97% de todos los emilios que se mandan por día son spam. Una epístola virtual de Erre Erre me deja pensando: “En Manantiales, recuerdo a Drummond: ‘Extranjero aquí como en todas partes’. El mar sin cuerpo, la noche sin bar, el día absoluto. Me imito y no acampo en ningún lado, todo me excede. El tiempo: una reserva inabarcable; el espacio, una bóveda ultramontana; en fin, el ser y la nada. Un beso en la oscuridad. Abrazo oriental”.

4

“A enemigo que huye, puente de plata”, dice el caballero de boina, barba candado y rompevientos a sus amigos en Naná (el del Paseo de la Infanta: qué bien se come ahí). Me quedo pensando en la frase. La googleo, descubro que es autoría del político y militar castellano Gonzalo Fernández de Córdoba –alias Gran Capitán y conquistador de Nápoles, nacido en 1453, muerto en 1515– y que se lee en Don Quijote. La expresión se usaba en los campos de batalla como mandato para facilitar la huida del competidor vencido.

5

Indico firmemente y sin ambages que lean a Harry Mathews, la pata yanqui de Oulipo. Léanlo: “Sabés que no te perdiste en ningún momento: no hubo ningún mecanismo de consuelo, ningún descanso o revitalización. Estuviste presente todo el tiempo y tomaste consciencia, nuevamente, de que no hay adonde ir salvo el lugar en el que estás, y ese lugar, que cambia segundo a segundo, no es más pequeño que el universo. ¿Te parece demasiado grande? Inventá uno nuevo. En cualquiera de los casos, será todo tuyo”.

13-11-16

1

Pintó hablar de onomatopeyas. Pesquisando al respecto caigo en la cuenta de que un gato en celo hace “marramao” y de que su ronroneo tiene verbo: marramizar. Bueno, el grillo hace crí-crí, el pollito pío-pío y el gallo, quiquiriquí. El clarín logra un tintirintín y el tambor, un tantarantán. Los estornudos son extrañamente achís y el roce de la seda provoca un aun más extraño frufrú. El tren concibe su triquitraque, que de pronto se vuelve crac cuando en un tris, ¡zas!, un pasajero se desploma en sonoro pumba.

2

Escribir como Charles Lamb, silbar como el viento, escapar como Houdini, nadar como un delfín, señalar como Wittgenstein, volar como un halcón, boxear como Nicolino, reír como un niño, cantar como Simón Díaz, dormir como un tronco, viajar como Marco Polo, mentir como una bruja, interpretar como Freud, sanar como un chamán, cocinar como Alain Passard, trinar como un benteveo, dibujar como Aubrey Beardsley, corcovear como un potrillo, esculpir como Rembrandt Bugatti, callar como un sabio, manejar como Senna.

3

No sé si el cuento tiene “calado”, por decirlo mal y pronto. A mí me parece que sí. Ahí va. Un amigo francés presentó una película yanqui en el Festival de Venecia. Él, que produjo el film, compartió el estreno con el director y la protagonista. A la hora de los festejos, la actriz tomó varios whiscola, pero pedía el whisky y la Coca por separado: embuchaba un sorbo de cada bebida y las mezclaba en la boca. Ella interpretaba a una linyera y resulta que, en la vida real, había sido linyera y estaba acostumbrada a beber su trago así.

4

Pelotudeando por Instagram –¿qué más se puede hacer en Instagram?– descubrí la cuenta de Venus, un gato de dos colores. Que no haya confusiones: su trompa es mitad naranja con ojo azul y mitad negra con ojo verde. Parece joda, pero no. Tiene más de un millón de seguidores (pesadísima esta nueva obsesión: ¿qué siguen, qué seguimos?). La descripción de @venustwofacecat dice “irremplazable, 0% photoshop, 100% nacido así”. En prácticamente todas las fotos vemos a la mascota con expresión normal, descansando en un rincón de su casa.

5

Hay una historia muy linda, es la historia de la poeta estadounidense Elizabeth Bishop. Había sido adoptada por sus abuelos maternos, que la terminaron entregando a sus abuelos paternos. Era muy joven cuando conoció al poeta Robert Lowell y él le recomendó que visitara al poeta Ezra Pound en un loquero. En el puerto brasileño de Santos se intoxicó con una castaña de cajú y casi se muere. La persona que le ofreció esa castaña y que no se despegó nunca más de ella fue Lota Macedo Soares, una niña bien, hija de políticos cariocas.

20-11-16

1

Mesdames et messieurs, el gran teatro del siglo XX –y del XXI, me temo– es la burocracia. Sellos, firmas, lápices, carpetas, hombres pelados y mujeres teñidas, teléfonos, computadoras, colas, timbres, escritorios, dependencias, señores de barba candado y señoras de perfume agrio, ficheros, títulos, copias, certificaciones, documentos, pagos, biromes, fotocopias, duplicados, triplicados, caballeros de garbo cansino y damas de trote nervioso, nepotismo, turnos, rúbricas, actas, plastificados, anillados, gestiones.

2

Llamo a Beatriz Chomnalez para decirle que estoy cocinando unas gírgolas con sal de Guérande y que la sal de Guérande me recuerda a ella. Me cuenta que hace unas semanas, cuando la nombraron Personalidad Destacada de la Ciudad, leyó un poema de Jean d’Ormesson que el público ovacionó. Sin conocerlo, ella le escribió una carta al escritor francés de 91 años diciéndole que los aplausos le correspondían a él y el autor de Historia del judío errante le contestó, emocionado, con unas sucintas palabras de puño y letra.

3

Busco online un libro que me recomendó Elisabeth Checa. Se llama, según recuerdo, Por qué a los italianos les gusta hablar de comida. Mientras tipeo el título, el ansioso Don Google se anticipa así: “porque los italianos son morenos”, “porque los italianos emigraron a Argentina”, “porque los italianos son narizones”, “porque los italianos son tan guapos”. Intrigado por la cuestión de la nariz, hacia allá voy, pero las respuestas son un pelmazo. Vuelvo, entonces, al libro de Checa, y lo curioso es que fue escrito por una ucraniana.

4

Recién vuelvo del concierto de Tom Zé en la Usina del Arte. El bahiano es el más chiflado, rebelde y audaz de los músicos brasileños. En vivo, una cosa de locos: con 80 años recién estrenados, salta, grita, baila, ruge y seduce como un pendejo. Se pone una bombacha roja para unir masculino y femenino, olvida con la misma gracia de quien recuerda, canta en los bordes del ruido. Pensar que en 1989, cuando se volvía, cabizbajo, a su pueblo para trabajar en una estación de servicio, fue redescubierto por David Byrne en San Pablo.

5

Quisiera hablar del alcaucil, esa flor que en temporada degluto a razón de una por día. Pertenece al género Cynara Scolymus, descrito por Carlos Linneo en 1753, y toma su nombre de la gurrumina que enamoró a Zeus y que por despecho él convirtió en “alcachofa”, palabra de origen árabe que prefiero y significa “lengüetas de la tierra”. Verdes y pinchudas escamas por fuera, corazón tiernísimo y amarguidulce por dentro, se consumía en el siglo IV antes de Cristo, es originaria del norte de África y hoy Italia lidera su producción mundial.

27-11-16

1

Creo haberla escuchado por primera vez en la voz de Bessie Smith sonando por la radio y yo con la testarudez de grabarla en cassette. Después apareció en un poema de Robert Lowell, el último de Life Studies. Y más tarde, versiones de Fats Domino, Hugh “Dr. House” Laurie, Madeleine Peyroux, Ray Charles, hasta que anoche, viendo Little Girl Blue, el documental dedicado a Janis Joplin que narra Cat Power, descubrí su heroinómana exégesis y ella diciendo que simplemente copiaba a Odette. ¿La canción? “Careless Love”.

2

En un mal garito de hamburguesas, tan de moda (cosa simple: muy buen pan, muy buena carne y muy buen queso; lo demás es el 7% de la cuestión), me aburro y escribo: “no espera que llegue la sonrisa del mendigo que habla en francés de Canadá y se ata los cordones con una mano sobre el colchón de flores; no espera que llegue la llegada de lo que no llegará… sobre el colchón de flores opacas un mendigo que habla en francés de Canadá (¿Montreal?) se ata los cordones con una mano rápida, ríspida”. Un Raymond Roussel cualquiera.

3

Hablé ya de una canción magna y honrosa; toca ahora, mero resarcimiento, su antípoda: por obra y gracia de la construcción de un edificio aledaño al mío (UOCRA y la cumbia, alianza plausible de tesis sociológica) se me pegotearon las estrofas de un tema horripilante que dice algo así como “y tú te pones loquita mamita”. En YouTube, el videoclip oficial –peor que la balada– tiene 90 millones de visitas. ¿La banda? Se llama Márama y sus integrantes, uruguayos, deberían escuchar a Eduardo Mateo. Es sólo un consejo.

4

Un suponer: usted es un fanático de la lectura y, se sobreentiende, de los libros. En una fecha cúlmine –cumpleaños o navidades– su tía más munífica le regala, cuestión facilitadora, una novela recién editada que no saldrá de su envoltorio. Plomiza tarde de sábado, usted se decide a cambiarla. Franquea la entrada de la librería y el segurata: “¿qué lleva en la bolsa?”. El tipo la examina, la sella y, luego de hojear el ejemplar y aprobarlo con gesto adusto, le da un trozo de papel donde escribe “un libro”. Ah, la cultura.

5

Cerca de casa abrió un lugar de comida taiwanesa. Ante el reservado furor que vive el bao, ese esponjoso bollo que se cuece al vapor, fui en busca de alguna delicia exótica. A la espera del pedido, la dueña me entregó un folleto que habla de una disciplina milenaria que “cultiva y refina cuerpo, mente y espíritu”. En la contratapa de la inquietante pieza leí: “millones de practicantes de Falun Dafa en China están siendo asesinados por sus órganos”. Se paga U$ 150.000 por un pulmón y U$ 30.000 por una córnea.

4-12-16

1

En 1974 Georges Perec se instaló durante tres días seguidos en la plaza Saint-Sulpice y catalogó meticulosamente “lo que no se anota ni se nota, lo que no tiene importancia, lo que pasa cuando no pasa nada salvo tiempo, gente, autos y nubes”. La vigilancia detectivesca se publicó con el título Tentativa de agotar un lugar parisino. Inspirado en esa joyita oulipiana del oulipiano Perec, hago lo propio en una esquina bien porteña –Reconquista y Paraguay– y les regalo los restantes remates (re re re).

2

Atención, no confundir el pin pin del garage con el veo veo del benteveo. El estoico pitangus sulphuratus trina que trina en detrimento de una sirena. Camioneta famélica fagocita a doce turistas asiáticos (¿taiwaneses, chinos?, perdonen la vaguedad). Pasa una nube que llega tarde al dentista. “¡Habibi!” grita el puntero del barrio, que es árabe –perdonen, un altra volta, la vaguedad– y se llama Habibi: su nombre como contraseña de oferta o proveeduría. Las dos prostitutas dominicanas taconean, anhelantes.

3

Un hombre descarga un cajón de naranjas de Entre Ríos. Sensación térmica en la TV del kiosco: 29,7º. En las ventanas espejadas de un edificio de oficinas se reflejan las curvas rococó de la casa de la esquina. Pasan tres flamantes 132 vacíos, a las chapas. Un muchacho pega papelitos en un contenedor de basura. El dos por uno de cervezas explota en el bar de mesas plásticas. Faltan dos minutos para las siete de la tarde. “Gracias, Mapocho, te quiero”, en la voz de una señora gorda, alegre, vestida de fucsia.

4

Una moto sin patente estaciona sobre la vereda. La mujer policía bicha de reojo. El chaleco antibalas le realza el pecho. Del hotel sale un botones corriendo: algún pasajero olvidó su pasaporte. Dos hombres de traje hablan por teléfono (uno tiene los zapatos roídos). Cuento 32 chicles aplastados como moscas en la misma baldosa. En la pizarra del kiosco se lee “$59 dos panchos y una gaseosa”. En el balcón del tercero un uniforme rosa riega las plantas. Caen algunas gotas. Un grupo de jóvenes mira hacia arriba.

5

Un taxi Fiat patente HRZ486. Tres motos Honda. ¿Arnaldo André? Dos ciclistas. Un perro de la calle. El linyera vestido a la moda hurga en un tacho de basura y saca una botella de jugo. Flores amarillas en un árbol. “Mamá, estoy bien, no hice nada”, justifica al teléfono un hombre pelado en sus 60. El chico de la pizzería con dos cajas de pizza en la mano. El flaco de la Solidaria a uno por hora. Una bandada de pájaros acelera sus sombras en el asfalto. Arreglan el cráter de Paraguay, al fin. Bocinas: un concierto.

11-12-16

1

Por hablar de un deseo hablo de las ganas que tengo, desde hace siglos, de ir a Helsinki y jugar al snooker (que no sé jugar) en Corona, el bar de los hermanos Kaurismaki, y después conocer, quizá la misma noche, Mockba, el otro bar de los hermanos Kaurismaki. Al parecer, el boliche de inspiración soviética tenía como objetivo que nadie quiera ir. La oferta de bebidas es ínfima –sobresale el Jaloviina, la mezcla de coñac y vodka que adoran los cineastas– y el servicio, a cara de perro, pero pasó al revés: el lugar explota.

2

El disco Space Echo: The Mystery Behind the Cosmic Sound of Cabo Verde Finally Revealed es espectacular. Así, sin rodeos y con ese título exuberante. Un carguero dejó Baltimore en 1968 con sus bodegas repletas de sintetizadores. Iba rumbo a Brasil, pero un día desapareció de los radares y encalló cerca de la isla caboverdiana de São Nicolau. Su carga se repartió en las casas que tenían electricidad y marcó para siempre, liderada por el arreglador Paulino Vieira, la música del estado soberano insular africano.

3

Sólo Herzog es capaz de infusionar loquísimas imágenes de Corea del Norte con imágenes de su mediometraje La soufrière con imágenes de un volcán indonesio en plena erupción con imágenes de sí mismo en la Antártida con imágenes de un arqueólogo chiflado en Etiopía con imágenes de una pareja de volcanólogos franceses. ¡Y salir ileso! Mejor dicho: salir herido y hacer de esa herida, narrada en su voz de alienígena ronco, un documental tan peregrino y potente y propio como el que produjo Netflix y se llama Hacia el infierno.

4

Leído en Caminar, de Thoreau: “Pienso que podríamos elevarnos un poco más. Podríamos trepar un árbol, por lo menos. Una vez encontré mi propio valor subiéndome a uno. Era un pino alto y blanco, en la cima de una colina; aunque me llené de resina, valió la pena pues descubrí nuevas montañas en el horizonte que no había visto antes, y descubrí en las puntas de las ramas más altas algunos diminutos y delicados brotes en forma de cono. Podría haber caminado al pie del árbol durante setenta años y con certeza nunca los habría visto”.

5

Lo siento, pero me deprime sobremanera (la palabra “sobremanera” también me deprime: sí, hoy estoy depresivo sin por ello estar deprimido) ese frasquito nefasto de alcohol en gel que pende de algunas carteras. Lo he visto sin parar y le dedico estas líneas porque lo sigo viendo. Tiene colores fosforescentes y viene a ser parte del temeroso o temerario –depende para quién– microcosmos de los gérmenes. El envase es mañosamente pequeño y cuando se está vaciando y su dueño lo aprieta hace “pffrrrllll” o algo así.

18-12-16

1

La mañana entera quedémonos contra la ventana, desnudándole al día lo poco que le va quedando: últimos trigos, últimas batallas. Vistámonos de noche cuando todo se haya apagado menos nosotros, las estrellas en el suelo. Caigámonos de la nube en la que andábamos, mejor aventura, de improviso en improviso y con meditadas formas. Para una muestra que no existe todavía es como reducir la belleza al esplendor de lo que su luz irradia; aquel “m’illumino d’immenso” de Ungaretti pronto cumple un siglo –26 de enero– ¡y qué pendejo!

2

Oda contra el plástico, porque también se puede cantar a la fealdad y la innobleza: “Del petróleo y hacia él, un destino / que pronto es desatino / botellas de un segundo / y a la basura, hartas / bolsas encogidas para sofocar / la vida en otros planetas / o para inundar / el nuevo Dios se esconde / por todos lados / y tarda siglos en degradarse / se posa, se roza / en vasitos y chau-chau / para la comodidad de lo futil / platos, cubiertos, potes, macetas / en el fondo del mar / metáfora de nuevos arrecifes”.

3

Estacionar una hora cuesta lo mismo que dos rollos de cinta adhesiva tipo Scotch, que poco más que seis boletos de subte, que un paquete de fusilli multicereal de 250 gramos, que un atado de cigarrillos, que cinco minutos de masajes relajantes, que poco menos que dos litros de nafta premium en Casilda, que una edición barata de El manifiesto comunista, que una entrada al cine Bama los días miércoles, que tres euros. Todo depende del parámetro que tomemos para medir la cuestión. El mío fue de cuarentaiocho pesos.

4

Entre tanto libro de cocina y cocineros, entre tanto foodie y food porn, quedé loco con Eating With The Chefs, del fotógrafo sueco Per-Anders Jörgensen (creador, junto a su mujer Lotta, de la revista Fool). En el libro publicado por Phaidon se registran las comidas de personal de 18 restaurantes famosérrimos, entre los que figuran Noma, Osteria Franciscana y Mugaritz. Una de las genialidades del mamotreto radica en las recetas de los platos captados que se ofrecen en modo malón: es decir, para 50 –o más– comensales.

5

Un amigo me refiere la siguiente historia: “tuve que conseguir el CUIT de mi hermana ginecóloga, que vive en Barcelona, y al googlear su nombre me topé con un foro médico bastante sospechoso en el que algunas personas le agradecían en arameo, mientras otras las despellejaban sin descaro”. Esta pequeña anécdota es trasladable a otras áreas en las que la gente se descarga así nomás contra un servicio, una comida, un autor, una posada. Da un poco de miedo el resentimiento con que brotan esos comentarios, ¿no?

25-12-16

1

Poema de Leminski hecho canción por Caetano y traducido por mí: “De repente me acuerdo del verde, / el color verde es el más verde que existe. / El color más alegre, el color más triste, / el verde que viste, el verde que vestiste… / El día en que te vi, el día en que me viste. / De repente vendí mis hijos, / a una familia americana. / Ellos tienen auto, ellos tienen plata, / ellos tienen casa y la onda es muy copada. / Sólo así ellos pueden volver, / y broncearse un rato en Copacabana. / Broncearse un rato en Copacabanaaaa”.

2

Después de tanta alharaca, ¿habrá compartido Rodríguez Saá la Nochebuena con Milagro Sala? Especulaciones aparte, nosotros los argentinos plagamos las mesas de vitel toné, mientras que en Venezuela hacen lo propio con hallacas, un fabuloso y colorido tamal, al tiempo que los mexicanos se entregan –dramáticos como son; es decir, profundos y leves en el mismo suspiro– a las pastorelas, un género musical que tuvo su origen en los auto sacramentales que llegaron a este continente de la mano de los misioneros franciscanos.

3

Parece una performance. Desde el balcón de casa veo, por tercera o cuarta vez, a un grupo de señores ganzúa en mano, ataviados de mameluco, faja lumbar y casco. Clausuran la cuadra y rodean, precavidos y pecaminosos, una suerte de chapón que cubre un enorme hueco sobre el asfalto. Manipulan a duras penas el chapón, lo mueven, analizan el buraco y descansan (algunos fuman, otros beben). Veo manar unos chorros de un líquido espeso y a la carga otra vez, ¡ruuuum! Desde acá arriba oigo retumbar la piedra de Sísifo.

4

En una fiesta saludo a una amiga a la que encuentro súbitamente rara, como encendida. No pasa mucho hasta que capto el intríngulis: sus paletas están separadas y esa grieta le cambia la cara. Parece que los dientes frontales se le abrieron –diastema, se dice– al dar a luz. En los Cuentos de Canterbury, esa peculiaridad en las mujeres es sinónimo de lujuria. A veces resulta hereditario (Marco, mi íntimo amigo, puede dar fe), otras puro marketing (Vanessa Paradis, ¿la recuerdan?) y las menos, vergüenza (¡Mascherano se cerró el hueco!).

5

Suponga usted que el taxista viaja con su pitbull en el asiento del acompañante. Usted, que detesta esas informalidades, se lo hace saber, pero él no se inmuta. La mascota es como un GPS que avisa de curvas, de trancones, de radares. Al mirar por la ventana, Buenos Aires es Dakar y los peatones, cocodrilos. De los parlantes sale una bonita música de huelga hecha por huelguistas. Los edificios se hunden en las veredas, los árboles florecidos crecen al revés. Usted suponga: de tanto suponer, llegará la realidad.

1-1-17

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Anteojos redondos como dos vieiras, bigote en “v” invertida sobre la boquita, moño abatido, andarín de ley. De apellido Pessoa –es decir, ¡persona!–, andaba peligrosamente solo, divertidamente custodiado por sus poéticos heterónimos: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Bernardo Soares, Álvaro de Campos… Si alguien lo vio, por favor devuélvalo al bar A Brasileira, en Lisboa. Una muestra en el Círculo de Bellas Artes madrileño rescata algunas de sus intimidades, pasibles de ser vistas como desde una minúscula sala de cine.

2

Vuelvo a la carga con el cineasta más interesante del momento: Werner Herzog, viejo lobo del celuloide. Vi otro documental reciente de él, Lo and Behold, que bucea en las “ensoñaciones del mundo conectado”, según el subtítulo. Guerra cibernética, un hacker fanático de Houdini, adictos a los videojuegos, alérgicos a las antenas de celulares… peculiarísima turma de rechiflados que sólo el alemán apelotona con la gracia de una gacela en fuga e interroga con refinado sentido común. ¿Qué sería de nosotros sin internet? ¿Eh?

3

Quedo in albis con la curiosísima etimología de la palabra “gol” (pasando por alto la curiosísima etimología de la palabra “curiosidad”, que tiene su raíz en la palabra latina “cura”, sinónimo de esmero y de cuidado… en fin): gol viene del inglés “goal” y éste del inglés arcaico “gaelan”, algo así como “impedir”, y éste del prefijo “gal”, que originó palabras como galería o “gal” (“gal”, dice un diccionario machista, “equivale a mujer, la ‘meta’ del hombre”). Es todo muy loco en el alocado mundo de las palabras locas.

4

El disco se llama On My New Piano, lo edita Deutsche Grammophon y Daniel Barenboim lo tituló así porque lo grabó con el instrumento que él mismo diseñó junto al fabricante Chris Maene y la casa neoyorquina Steinway & Sons, que aportó los componentes. ¿Cómo hacerse de uno? Usted entra, silbando bajito, en la tienda de pianos de su barrio y profiere en tono cheronca: “¿Me da un Barenboim? Envuélvalo para regalo”. Hay un detalle no menor en este asunto: las 25 unidades firmadas por el pianista argentino están agotadas.

5

Se sabe de las profecías que viven dentro de los 605 episodios de Los Simpson; la más resonante fue la victoria de Trump en las elecciones yanquis. Pues bien, aquí una lista de predicciones simpsonianas para el año que empieza: en Estados Unidos habrá un referéndum sobre la deportación de los inmigrantes, existirá un desastre medioambiental, Angelina Jolie y Brad Pitt engordarán tras su divorcio, el actor Benedict Cumberbatch protagonizará a Cameron en un drama sobre el Brexit y Stephen Hawking aprenderá a volar.